Míchel Andrade

Ficción y «punk»

Mientras escribo estas líneas, escucho I Wanna Be Your Dog (1969), de los Stooges, que saltó a mis oídos desde la banda sonora de una película que vi la semana pasada, cuando llevé a mis hijas al cine por primera vez desde que empezó la pandemia.

Recordé entonces la cara de un buen amigo exclamando «¡ese bajo!» mientras escuchaba dicha canción allá por 2015.

Ese bajo tiene un nombre: Dave Alexander, que no siempre recibe el reconocimiento que debería. Y esa voz, Iggy Pop, no debería requerir de una presentación.

Sin embargo, los Stooges no fueron bien recibidos en un momento en que la escena del rock se entregaba de lleno a la psicodelia. La crónica de Rolling Stone sobre el primer álbum de la banda, publicada en octubre de 1969, dice que canciones como We Will Fall eran un ejercicio de aburrimiento de diez minutos de duración que arruinaba el disco y que el resto del álbum era «ruidoso, aburrido, de mal gusto, sin imaginación, infantil y desagradable».

Y es que, además de su sonido poco convencional para entonces, el estilo de los Stooges, su actitud, su estética y el abuso de la heroína por parte de Iggy no dejaban indiferente a nadie.

La banda rodaría algunos años más en la escena del rock, a la sombra del apoyo de David Bowie, creando discos que estaban lejanos de ser éxitos comerciales. En 1973 lanzarían el disco Raw Power, que se considera hoy como su mejor trabajo, pero que la crítica consideró entonces «una olla de arenas movedizas al final de arcoíris».

Hoy se considera a los Stooges como precursores del punk. Ese reconocimiento tardío se tradujo en que la banda se reuniera y saliera de gira casi 30 años después de su disolución, ahora sí con mejores récords comerciales que en los años 70.

[La actitud irreverente de los Stooges] ahora mismo tendría escasas posibilidades de ajustarse a los estándares de poca tolerancia y de fragilidad de los que se consideran a sí mismos los tolerantes.

El álbum Skull Ring, de 2003, fue el testigo de este reencuentro. En ese lapso, el punk había nacido y crecido en todas sus manifestaciones y tendencias, incluso dejando espacio para el post-punk. En el camino, el estilo lo habían marcado Patti Smith, The Clash, los Dead Kennedys y, por supuesto, los Ramones.

El documental Gimme Danger, de 2016, viene a ser un reconocimiento tardío a la trayectoria de los Stooges y una celebración de su actitud de profunda irreverencia, que ahora mismo tendría escasas posibilidades de ajustarse a los estándares de poca tolerancia y de fragilidad de los que se consideran a sí mismos los tolerantes.

Sin embargo, que una canción de los Stooges haya sido escogida para formar parte de una película de Disney dice mucho también de las posibilidades de asimilar cualquier cosa para fines comerciales.

Repaso esa historia mientras leo el mensaje de alguien que celebra el anuncio de un conversatorio sobre periodismo musical. Los espacios para la actividad cultural se han visto afectados por la pandemia, así que hay que celebrar que se mantengan discusiones como esta, por secundarias que puedan parecer en un contexto que pocas veces invita a sonreír.

Cierro estas líneas escuchando Sex & Money con un Iggy Pop derrochando energía y con una voz muy alejada del prodigio, igual que en los años 60 y 70, pero siempre cerca de la épica y de la irreverencia.


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