Míchel Andrade

(Im)paciencia sin límites

Al empezar estas líneas estoy mirando el video de un concierto de Little Hurricane de 2012, con los brazos tatuados de CC Spina derrochando energía y un bottleneck recorriendo las cuerdas de una guitarra y creando ese sonido que mezcla suspenso y nostalgia.

La particular situación de escasez de dosis para adolescentes provocó una carrera frenética por encontrar vacunas en las últimas semanas, que en mi caso me llevó hace un par de días a la fila de un centro de vacunación ubicado en el andén de una estación de camionetas que, camino a la costa sur de Guatemala (la banda sonora era una sinfonía de escapes y de humo que nunca han pasado por un control ambiental), pasan debajo de un puente que vibra cada vez que circula el Transmetro y al lado de un mercado mayorista con al menos otras 600 personas.

La presencia de la multitud ahuyentó a los habitantes del andén, que incluía a un par de borrachos y a una familia de migrantes haitianos que susurraban en creole y prefirieron perderse al ver la muchedumbre.

Seis horas después, nuestra particular cacería de la segunda dosis había llegado a su fin. En la fila, casi todos se habían enterado de que el centro de vacunación tenía dosis para adolescentes gracias a una fuente certera: un grupo de Facebook que actualiza en tiempo real la situación de los centros de vacunación gracias a la gente que está en la fila. Un buen ejemplo de colaboración entre usuarios de una red social que suple a la información oficial.

Esa información oficial que en este caso fue de escasa utilidad, al igual que al buscar la primera dosis, lo cual implicó peregrinar entre el puesto de vacunación ubicado en el parqueo del centro comercial en el que la página web decía que sí, pero no, y el centro comercial en el que la página web decía que no, pero sí.

No es de extrañarse que el resultado sea una crisis de credibilidad o de confianza que abona materia de discusión a esa pregunta de por qué triunfan las «fake news» en la era de la información.

Los mensajes que circulan en este grupo de Facebook dejan ver a las claras que la información sobre la pandemia sigue siendo escasa o no llega de forma adecuada. Las preguntas que circulan no son solo sobre lugares comunes como el dónde y el cómo llegar (incluyendo dónde parquear o bajarse del autobús). Después de todo este tiempo y de campañas de diverso tipo, las dudas comunes son, por ejemplo, cuánto tiempo debe pasar entre dosis, cuáles son los requisitos (léase la papelería a llevar) y si se pueden combinar vacunas de diverso tipo.

Si la información pública es confusa, si no llega en la forma adecuada o por los canales que son accesibles a diversos grupos, no es de extrañarse que el resultado sea una crisis de credibilidad o de confianza que abona materia de discusión a esa pregunta de por qué triunfan las fake news en la era de la información. Una respuesta, entre muchas posibles, es que el miedo es material inflamable, siempre fácil de encender. Algo así como atribuir los sonidos de una casa vieja —esa puerta o ventana que se cierra de pronto— a la manifestación de los espíritus de los antiguos habitantes de la casa que a un ventarrón.

Termino estas líneas pensando que, la última vez que mencioné vacunas en este espacio, una milicia de comentarios me invadió con el spam de los mensajes de quienes ven inmoral la vacuna, de quienes esperan que los chips implantados los conviertan en bots de gobiernos autoritarios… No espero menos en esta ocasión.


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