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Fotografías de Daniel Chauche: Tú y yo hacemos un nosotros

En un mundo donde el color invade la vista y la imagen digital domina la producción visual, la fotografía análoga en gran formato se erige como una rareza, como un testimonio de laboriosidad, habilidad y paciencia, propios del oficio de fotógrafo.
Chauche se mantuvo leal a la pureza de la imagen que nace de capturar la luz y develarla en la intimidad del cuarto oscuro.
Tipo de Nota: 
Ensayo
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Fotografías de Daniel Chauche: Tú y yo hacemos un nosotros

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«Cuando fotografías a las personas en color, fotografías su ropa. Cuando Fotografías en blanco y negro, fotografías su alma. (Ted Grant).

 Permanecer años en un lugar genera vínculos que, a un alma sensible, le hacen trascender. Daniel Chauche cumple cincuenta años de estar entre una gran variedad de guatemaltecos; ha tenido la oportunidad de verlos de una manera profunda en diferentes ambientes, de la posmoderna ciudad de Guatemala, a los caseríos de Nebaj, en El Quiché, o los parcelamientos de la Costa Sur. Cada una de sus imágenes son una llamada de atención para reflexionar, para repensar las formas de aceptación de unos y otros en este país. Arribó recién graduado de la universidad a una tierra convulsa, en una de sus etapas más dolorosas, y ha visto cómo todo cambió… para seguir igual.

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Después de vivir en San Juan Sacatepéquez, se radicó en La Antigua Guatemala, y coincidió con la efervescencia cultural que vivía esa ciudad. Fue a mediados de la década de los ochenta cuando en el mundo se empezaron a desdibujar los límites entre géneros fotográficos, bajo la influencia del arte contemporáneo. Fiel a su formación fotográfica, no se dejó seducir por los conceptos pictóricos sobre la imagen, algo en boga en esa época. Chauche se mantuvo leal a la pureza de la imagen que nace de capturar la luz y develarla en la intimidad del cuarto oscuro. Sumó a sus aprendizajes largas noches de estudio de obras como las de Bill Owens y otros destacados fotógrafos estadounidenses. Chauche, en su infinito talento, se enfrenta a la realidad de su alrededor con el afán de experimentar como observador-participante: mirar lo que está pasando en la cotidianidad y reconocer las señas visuales de la cultura.


Chauche expuso por primera vez en el Instituto Guatemalteco Americano (IGA). Ahí causó impacto demoledor a los capitalinos que solo oían hablar de poblados modelos allá en Quiché, o que existía un gran basurero en la zona 3 en la capital, pero no se imaginaban cómo eran sus gentes. Las fotos de Cauche mostraron su esencia. Luego, vendría una serie de exposiciones en espacios como la galería Sol del Río, donde ha tenido muestras individuales y colectivas en diferentes años. Ha mostrado su trabajo en el Centro de Formación de la Cooperación Española (feb, 2007) en el antiguo Convento de la Compañía de Jesús en Antigua Guatemala; en el Museo Nacional de Antropología, en San Salvador, El Salvador (Sept–Nov 2009); en el Arte Centro Paiz Graciela Andrade de Paiz, en Ciudad de Guatemala (Sept-Oct 2010); en el Sheldon Museum of Art, Lincoln Nebraska (aug-nov 2014); y en en The Straz Center, Tampa, Florida (abril-oct 2016); en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) en San Salvador (sept-oct 2016), y en la galería La Erre, (oct. 2019). Todos estos espacios han legitimado su obra. Ha sido pionero en Guatemala en la elaboración de  portafolios fotográficos como obras de arte, los cuales se encuentran en lugares como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Muchos han seguido sus pasos al presentar la fotografía de esta forma.

 

Más allá de la nostalgia que pueda evocar la fotografía análoga, esta demuestra su valor tangible de lo irrepetible. Todos saben que la fotografía es una obra seriada, al igual que otro tipo de obra gráfica; cada negativo es único, y, en cada impresión, la imagen emerge acunada dentro las ondas acuosas del revelador. Cada vez que se elabora una fotografía, la imagen nace de nuevo; es decir que cada pieza es irreproducible en su materialidad. Chauche es pionero y maestro en el revelado en gran formato en blanco y negro, antes que muchos otros fotógrafos nacionales. En un mundo donde el color invade la vista y la imagen digital domina la producción visual, la fotografía análoga en gran formato se erige como una rareza, como un testimonio de laboriosidad, habilidad y paciencia, propios del oficio de fotógrafo. Su obra no es solo un ejercicio estético, sino una invitación a primero contemplar la profundidad de cada encuadre, la textura de la luz y luego absorber lo contundente de la historia contenida que proyecta cada imagen.

La fotografía en blanco y negro es síntesis, y por ser así, permite meditar sobre lo que se ve. El ojo del observador hace este recorrido en milésimas de segundo y un mensaje codificado llega a quien lo mira. Para Roland Barthes, en la visura de una foto hay dos aspectos que deben tomarse en cuenta. Primero, lo que llama inmediatamente la atención del observador es un pequeñísimo detalle que lo atraviesa, que lo interpela: el denominado «punctum».[1] Luego, emerge lo que el filósofo Barthes llama «studium», es decir, el contexto más amplio de la imagen, la dimensión cultural, histórica. Quien observa en forma detenida se involucra con la imagen por su aura; en otras palabras, por su singularidad y presencia en el espacio y el tiempo, su aquí y ahora, en palabras de Walter Benjamin [2].

Cada fotografía de Chauche puede ser catalogada de modernista, pero él ve su conexión con el arte contemporáneo porque cada captura «…es un performance en un espacio determinado[3]», y ahí descubre su conexión con el arte hoy. La(s) persona(s) y el fotógrafo convienen la toma; se establece un pacto luego de un proceso de diálogo; el registro final es la fotografía que se observa y el pacto hace evidente la imagen, un silencio gráfico. No son imágenes captadas de lejos y al azar, al contrario, las personas que contemplan una de estas fotografías ven como se alzan ante sí sujetos vitales, que interpelan. Al observador acucioso le es posible mirar más allá de lo obvio, es cuando, además de su estética, surgen historias de vida recortadas sobre un fondo blanco o en paisajes poco ortodoxos.

La fotografía es hija de la modernidad, y quedó anclada al sistema del arte, Chauche lo sabe y es a través de sus estrategias que logra adentrarnos en una aisthesis[4], a una nueva forma de percibir la realidad de las manifestaciones simbólicas. Hoy en día se pide al observador percibir, ser sensible ante lo que ve. En estas fotografías se oye el eco de la decolonialidad. La obra de Chauche establece un vínculo entre el yo (observador) y el tú [sujeto(s) fotografiado(s)]. Se propicia un encuentro prístino, entre dos entes que se desconocen. El fotógrafo hace un relevo al observador con mirada profunda, al que se le devela la esencia de un otro, ¡otro guatemalteco! Este encuentro es inesperado.

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Según José Antonio García Monge, lo que estas fotos hacen es provocar un acercamiento a un «tú» (o varios), no se está ante un «el (o ellos)», y surge lentamente, un «nosotros». Estas imágenes permiten la cercanía a ese desconocido y lejano. El fotógrafo lleva de la mano al observador a un instante donde no existe el miedo a que el otro me aniquile, me utilice, que me someta o que me exija cambiar. En estas fotografías las personas fotografiadas comparten con quien mira, en algunas ocasiones, sus espacios íntimos, y en otras, la riqueza de la naturaleza que habitan; en todas, una forma de vida o trabajo modesto. Desde sus primeras fotografías en San Juan Sacatepéquez Cauche logró desarticular los mecanismos de la desconfianza de las personas ante la cámara y ante un foráneo con características disímiles a las suyas. Cada toma en sí se transforma en un acto de confianza entre quien fotografía y quien es fotografiado.

Chauche ve su técnica como fruto del esfuerzo constante. En su época de universitario le inculcaron lo importante de las ideas y las emociones, más que lo puramente técnico, que no era un fin en sí mismo, y expresa: «para mí la calidad técnica está al servicio de la imagen, su única función es la de hacer una presentación completa, que haga sentir el contenido contundente»[5]. Desde que llegó a Guatemala, las personas siempre han elogiado su técnica, y expresa «cuando se habla de la calidad de la imagen como eje principal de la crítica, me hace sentir que las personas no aprecian la profundidad de mi trabajo, o más bien, no saben cómo hablar de lo que tratan mis imágenes, que es el plato fuerte de mi arte, y que lo hace único»[6].

Es de lamentar que de las fotografías de esta muestra Chauche solo haya realizado dos impresiones. Ha utilizado sus dos últimos rollos de papel fotográfico. No hay más. Es decir que no habrá más fotos análogas en ese formato en el futuro. Quienes adquieran fotografías de esta muestra tendrán copias únicas, elaboradas a mano.

Definitivamente, estas fotografías, por la contundencia de su imagen, quedan grabadas en la mente quien las observa.


 

Referencias

[1] Barthes, R. (1999). La cámara lúcida. Notas sobre fotografía. Editorial Paidós Benjamin, W. (2007). La obra del arte en la época de la reproductibilidad técnica. Alianza Editorial. García-Monge, J.A. (1997). Treinta palabras para la madurez. Desclée De Brouwer

[2] Walter Benjamin, «La obra del arte en la época de la reproductibilidad técnica»

[3] Entrevista personal el 27 de marzo de 2025

[4] Aisthesis, palabra griega de la que proviene la palabra estética, hace referencia a la facultad de percibir y de sentir. Ahora bien, cuando se construyó la estética en cuanto a teoría de lo bello y de lo sensible, se hizo universal una forma de percibir la belleza negando cualquier otra forma.

[5] Entrevista personal el 27 de marzo de 2025

[6] Ibídem

 

 

 

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