Santiago es un niño neurodivergente. Ha aprendido a convivir con su diagnóstico de Desorden del Procesamiento Sensorial. Hemos tenido que batallar con el centro educativo para que le hagan adecuaciones curriculares, como lo establece la Ley de Educación Especial para las Personas con Capacidades Especiales (Decreto 58-2007). Porque es la escuela la que debe adaptarse a los niños, y no los niños a la escuela
En Guatemala, los pasos hacia la inclusión educativa han sido pequeños, pero existen. Cada vez se escuchan más historias de niñas y niños a quienes sus maestros les abren procesos de adecuaciones curriculares en escuelas e institutos. Esto les permite avanzar hacia los grados superiores e incluso graduarse de carreras medias y hasta de la universidad.
El uniforme impecable, el cabello bien peinado y el saludo obligatorio no son simples normas de presentación: son el retrato de un sistema que no busca educar ciudadanos críticos, sino soldados obedientes.
Desde hace más de 20 años, ya existen fuertes intentos por transformar un modelo educativo tradicional, militarizado y rígido por uno más constructivista y moderno. La diferencia es clara: mientras la educación constructivista forma criterio, la educación militarizada produce obediencia. Forma masas que solo memorizan y luego repiten, ya en la adultez, los discursos conservadores que escuchan en púlpitos religiosos o en la boca de políticos que utilizan los «mercados de la fe» para confundir y sacar provecho.
Esta mañana desperté con la noticia de que la nueva ministra de Educación en El Salvador, la capitana Karla Trigueros —que visita las escuelas vestida de uniforme militar, como si estuviera en un cuartel— impuso nuevas disposiciones: los directores deben vigilar que los estudiantes lleguen con «uniforme limpio y ordenado», «corte de cabello adecuado» e ingresen «en orden con saludo respetuoso».
El memorándum advierte: «La omisión de estas disposiciones por parte de los directores será considerada una falta grave de responsabilidad administrativa».
¿De qué sirven estas normas? ¿Quién las supervisará ? ¿Militares en las aulas?
El uniforme impecable, el cabello bien peinado y el saludo obligatorio no son simples normas de presentación: son el retrato de un sistema que no busca educar ciudadanos críticos, sino soldados obedientes.
A ningún dictador en la historia le gusta que lo debatan o lo cuestionen. Nayib Bukele lo sabe. Sabe que solo convirtiendo el sistema educativo en un cuartel podrá seguir controlando a El Salvador.
En El Salvador hoy no hay espacio para pandilleros. Pero muy pronto tampoco habrá espacio para niñas y niños neurodivergentes ni para nadie que se salga de la norma. Nadie que no sea del agrado del dictador.
Escribo esto por dos razones: porque estoy convencida de que los verdaderos cambios en América Latina no nacen en los despachos de abogados, periodistas o políticos, sino en las aulas. Y porque me aterra tener a El Salvador tan cerca, más aún cuando en Guatemala hay voces ignorantes que claman por un Bukele que venga a someternos.
Es disonante que se den pasos atrás en educación. Volver a una educación rígida, mientras los países que avanzan hablan de educación inclusiva, como una educación en democracia, en valores y, sobre todo, con respeto a la diversidad.
Así que, sí, espero que los cabellos de mi hijo sigan sin doblegarse ante ningún peine ni ante ningún dictador.
Porque cuando un país enseña a obedecer en lugar de pensar, lo que pierde no son solo sus escuelas, pierde su futuro.









