Unos días más tarde, revisaba las fotos de esa caminata —incluyendo ascensos entre pasadizos estrechos para acceder a las cúpulas de iglesias coloniales— usando como música de fondo a The Linda Lindas. Canciones como No obligation (2024), pueden ser consideradas una fuente de energía e inspiración, que viene de una banda de punk conformada por mujeres —adolescentes en su mayoría— con raíces en el Chinatown de Los Ángeles.
Un poco más cerca en el tiempo, bandas como Dead Sara con «Unamerican» (2017) , dejarían clara su opinión sobre el inicio de la administración del entonces 45 presidente de los Estados Unidos de América.
En el siglo pasado, la bocanada de frescura y rebeldía del punk, se tradujo —entre otros aspectos—, en una estética inconfundible, y una reacción contestataria frente a una Margaret Thatcher a la que —en palabras de Reed Johnson, en un artículo publicado hace once años en el Sydney Morning Herald—, era la política a la cual los músicos «amaban odiar». Líricas y riffs caracterizados por una gran crudeza, expresaban sin lugar a dudas la inconformidad y crítica social y política en el contexto de la Gran Bretaña de los años 70 y 80.
Algo semejante se puede decir de las críticas en las canciones de Charly García y compañía durante los años 70 en la Argentina, de las cuales Los Dinosaurios (1983) es evidencia sólida de cómo hacer criptografía con una canción.
Había mucho menos disfraz en el American Idiot (2004) de Green Day, ópera punk con un sabor de crítica social a la segunda invasión de Irak. Un poco más cerca en el tiempo, bandas como Dead Sara con Unamerican (2017) , dejarían clara su opinión sobre el inicio de la administración del entonces 45 presidente de los Estados Unidos de América.
El supuesto efecto de las legiones de swifties, que en teoría iban a cambiar el panorama electoral de los Estados Unidos, nunca sucedió. En la particular visión progre (que tanto daño le ha hecho al progresismo), los apoyos de los famosos, tenían un potencial transformador en la tendencia de los votos, que nunca se concretó.
En momentos de una restauración conservadora, que llegó para quedarse durante un rato largo, las condiciones para que el arte se convierta en un mecanismo de protesta y resistencia están ahí, pese a que la industria del entretenimiento está por subirse al tren de la reivindicación anti woke. Seguramente debemos esperar que la banda sonora de la disidencia suene un poco al discurso de la obispa Mariann Edgar Budde, pidiendo misericordia para lo que tienen miedo, y llamando por su nombre a quienes están siendo proscritos. Seguramente es cuestión de paciencia, y esperar…
Mientras tanto, me quedo escuchando a los Blue Stones con Come Apart (2025).









