Para ese proceso electoral, no hubo una sola encuesta que le diera la ventaja a Humala. Lo mismo sucedió en la segunda vuelta, las cinco diferentes empresas encuestadoras fallaron en sus resultados.
Aquí en Guatemala todas las encuestas daban a Otto Pérez una clara ventaja sobre su competidor más cercano. Es más, las encuestas ubicaban al candidato del Partido Patriota (PP) por arriba del 40%, y con fuerte posibilidad de alcanzar el triunfo en primera vuelta. El domingo la realidad se ...
Para ese proceso electoral, no hubo una sola encuesta que le diera la ventaja a Humala. Lo mismo sucedió en la segunda vuelta, las cinco diferentes empresas encuestadoras fallaron en sus resultados.
Aquí en Guatemala todas las encuestas daban a Otto Pérez una clara ventaja sobre su competidor más cercano. Es más, las encuestas ubicaban al candidato del Partido Patriota (PP) por arriba del 40%, y con fuerte posibilidad de alcanzar el triunfo en primera vuelta. El domingo la realidad se impuso: el general solo obtuvo un 36%. Las encuestas tampoco fueron muy asertivas en los resultados para la alcaldía de Guatemala. Adjudicaron un segundo lugar al candidato del PP, cuando en realidad este solo se colocó en un tercer lugar.
Uno puede ser paranoico y pensar que las encuestas en ambos países fueron amañadas, y que quizás las empresas fueron sobornadas. Posiblemente acierte un poco. Pero también puede suceder que los métodos e instrumentos utilizados para la recolección de información estén fallando. Hay que percatarse de que ambos países tienen una alta población indígena, que recientemente asume el derecho de elegir a sus gobernantes.
Y digo esto porque, efectivamente, es posible pensar que las encuestas estén planteadas para una población ladina, alfabeta, con una visión de mundo y del poder muy diferente. Por ejemplo, en algunas comunidades indígenas de los departamentos, los pobladores discuten y definen colectivamente por quién votar. Votan como colectivo, no como individuo. De modo que en una encuesta individual ellos pueden expresar su pensar individual que no necesariamente coincidirá con lo que expresen finalmente en la papeleta.
En este contexto es válido preguntarse, ¿cómo se hace la pregunta? ¿Es individual o colectiva? En el caso de las mujeres, ¿la encuesta la hacen en presencia de su esposo o cuando están solas?. La respuesta de ellas puede variar. ¿Quién hace la encuesta? ¿Es alguien de confianza de los encuestados y de la comunidad? ¿Habla en su idioma? ¿Se explica que es un simulacro que no tiene consecuencias para ellos? ¿Por qué sería importante este ejercicio? ¿Qué beneficio tiene para esa comunidad?
También cabe preguntarse acerca del proceso de selección de la muestra. ¿Es representativa de las diferentes etnias? ¿Representa una buena distribución geográfica?
Lo real es que el comportamiento electoral en este país está cambiando. Cada elección incorpora actores ausentes y marginados. Este año fueron las mujeres indígenas. Por tanto, las encuestas deben ajustar estos cambios en sus instrumentos, para así poder reflejar de forma más precisa la manera de decidir de estos nuevos actores. De lo contrario, irán perdiendo credibilidad y seguirán confundiendo a la ciudadanía, con las implicaciones que esto conlleva. Necesitamos instrumentos científicos, no bolas de cristal.
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