El optimista: «A los corruptos se les acabó el tiempo. La función terminó y ellos perdieron la batalla. A partir de la convocatoria a elecciones, su estrategia va a comenzar a desmoronarse».
El pesimista: «Ja, ja, ja, ja. Eso crees. El plan del pacto de corruptos marcha a buen paso. Ya frenaron a la Cicig, desarticularon la PNC y tienen intimidados a la CC y al MP en un estado de inercia permanente».
—Ya vas a ver —apunta el optimista— cuando arranque la campaña electoral. Los candidatos con posibilidades de ganar no querrán irse contra la Cicig. Y ya sea que las elecciones las gane Sandra Torres o Thelma Aldana, ambas apoyarán la continuidad de la comisión.
—A Thelma se le bloqueará por todas las vías, siendo la CSJ la preferida —le responde el pesimista—. Las dos candidaturas admitidas por el pacto de corruptos son las de Zury y Sandra —agrega.
—Thelma se va a inscribir y Sandra Torres no acuerpa el pacto de corruptos —dice con vehemencia el optimista—. La democracia va a comenzar a enderezar el país. Y para eso sí hay correlación de fuerzas. Ya no es la Cicig la que determina la coyuntura —agrega con optimismo.
Pero el pesimista no está convencido y replica: «El pacto de corruptos le apuesta a que en una segunda vuelta entre Sandra Torres y Zury Ríos gane esta última». Y ya en plan de dar rienda suelta a sus malos augurios concluye: «La correlación está obviamente a favor del pacto de corruptos. No hay que hacerse bolas, muchá».
A esto el optimista responde con sarcasmo: «Estás viendo para atrás, no para adelante. Perdoná que arruine la fiesta del pesimismo».
—Ojalá la arruinaras —le contesta el otro—. En cambio, yo veo que lo tuyo es wishful thinking.
El optimista, con evidente ironía, lo increpa diciéndole: «No sé por qué el hermano Pedro no se lanza de candidato». Y agrega desafiante: «Los que están haciendo política (electoral) saben que el pacto de corruptos tocó fondo, pero los que están fuera de la política todavía se asustan con el petate del muerto».
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Sin prestarse a la provocación, el pesimista reclama: «Me pregunto si Thelma y su equipo serán lo suficientemente ágiles para impedir que les cierren el paso por la vía legal. Además, las encuestas ya no la ponen con ventaja frente a otros contendientes».
—Mi optimismo radica en la ciudadanía —contesta el optimista—. La gente está harta de Jimmy y del pacto de corruptos. Cualquier candidatura que se perciba como enemiga de la corrupción gana, como sucedió en el 2015, solo que en ese entonces Jimmy salió podrido.
—¿Qué te hace pensar que la gente está harta de Jimmy y del pacto de corruptos si no ha habido la menor expresión de rechazo de sus acciones de parte de la sociedad civil? Y, muy por el contrario, más bien ha habido una tolerante indiferencia —apuntala don pesimista.
—Seguís creyendo que la expresión ciudadana es la calle. Esta vez los ciudadanos se van a expresar en las urnas. En el 2015 se ganó la calle y se perdieron las elecciones. Ahora la gente aprendió dónde es importante expresar su opinión. El voto ciudadano será la plaza del 2019 —concluye el optimista.
—Entiendo tu deseo y lo comparto, pero no hay ninguna evidencia de que tal cosa será así —le contesta el pesimista—. Cada vez me queda más claro que el 2015 fue un espejismo —dice después, fiel a su pesimismo—. Si Thelma no es inscrita, ¿quién nos queda como opción? —pregunta con escepticismo después de un momento.
—El Chapulín Colorado ;) —le contesta el otro.
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