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Cosechador de caña durante la zafra en Escuintla, en 2012. Simone Dalmasso

El culto al tamaño del PIB es un problema

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El culto al tamaño del PIB es un problema

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Guatemala mantiene un crecimiento constante de su PIB (entre 2% y 4%) desde hace más de una década. De hecho, pese a la pandemia, su desempeño en 2020 fue uno de los mejores de América Latina. Pero el crecimiento del PIB proviene del aumento de los recursos necesarios para producir: hay más capital y personas empleadas. ¿Esto implica menos pobreza o mejoras en la productividad? ¿El PIB nos muestra la realidad o es una visión mágica para alabar a una élite improductiva y poco competitiva?

Redes-lateral

En el siglo XIX, Hegel, el influyente filósofo alemán, realizó lo que constituye una de las apologías de la supremacía blanca más infames y reprochables de la historia intelectual moderna de occidente. En sus disertaciones, argumentó cómo la forma de entender el mundo de los africanos (la inexistencia de nociones de universalidad como Dios y la ley, por ejemplo) y sus supersticiones les otorgaban un carácter salvaje e indómito sin «nada armonioso con la humanidad» (sic).

Hegel ve a los africanos desde su religiosidad y su creencia de que existe algo superior al «hombre». Según el filósofo, a pesar de que ellos pensaban que estaban sometidos a las fuerzas de la naturaleza, esto no implicaba el reconocimiento de la existencia de una «voluntad superior» que les proporcionaba una fe moral y un conocimiento de lo «derecho». Para ellos, el hombre era la voluntad más alta al poseer un control supremo sobre la naturaleza a través de la magia. Esta era la primera característica que, para Hegel, implicaba cierto grado de barbarie de los africanos.

Una segunda era la proyección «arbitraria» de estos poderes sobrenaturales a imágenes u objetos como un árbol, una piedra o una figura de madera, etc.; un fetiche. El filósofo alemán afirmaba que el fetichismo es un síntoma de incivilidad.

Con lo repudiable que pueden ser los juicios de valor que Hegel hace de la cultura africana frente a la europea, me interpelaron los rasgos estructurales que él resaltaba del pensar mágico, en su abominable intento de hacer antropología. 

Son interesantes estos rasgos porque describen cómo los lobistas e integrantes de la élite económica tradicional abordan el historial de la economía guatemalteca de los últimos años y sus perspectivas. Especialmente en el contexto de la pandemia, donde se proyecta un rendimiento sobresaliente respecto a América Latina. Mágico porque compararse con una región con estancamiento crónico desde hace años, que atraviesa otra década perdida como sucedió entre 1980 y 1990 o entre 2010 y 2020, es equivalente a conferirle responsabilidad a nuestro fetiche de darnos un día menos de sequía que a la tribu vecina.

También porque no se llega a descubrir las causas del crecimiento positivo y constante a lo largo de los últimos años -que no son los rituales de danza fetichistas y falsamente optimistas que a menudo se leen en columnas de opinión-, y por qué esto seguirá sin ser suficiente para que el país se transforme. Y esto, conceptos de economía neoclásica se prestan para un análisis preliminar del crecimiento económico de Guatemala. 

Tradicionalmente se reconocen dos factores primarios, capital y trabajo, en el origen de la producción de todos los bienes y servicios de un país que, a su vez, se mide por el producto interno bruto (PIB). El capital son todos los bienes durables (no de consumo) para la producción de otros bienes o servicios. Trabajo es la mano de obra necesaria para la producción.

Imaginemos una economía compuesta por dos trabajadores y una máquina subutilizada que logra producir 10 alfileres en un año determinado. Ese es su PIB. Por su labor, los trabajadores son remunerados con 5 alfileres cada uno (y todos los trabajadores consumen lo que se produce) e imaginemos que en ese país quien tiene menos de 7 o menos alfileres vive en pobreza. Por eso los dos trabajadores son pobres. Otro trabajador llega a ese país y se aumenta el uso de la máquina logrando producir en el siguiente año 15 alfileres. El PIB se incrementó en 50%.

¿Los tres trabajadores superaron el umbral de pobreza? En la historia los grandes episodios de erradicación de esta condición ocurren con incrementos significativos de la productividad. Cuando los tres mejoran su educación, averiguan cómo producir 40 alfileres con la misma máquina, por ejemplo. 

¿Qué hay detrás del crecimiento económico estable (entre 2 y 4%) al año que hay en Guatemala? ¿Será producto de que la población crece más que en cualquier otro país de América Latina? ¿Es resultado de actividades que no mejoran la productividad, como la construcción de centros comerciales? ¿O es por trabajadores más productivos o usos más eficientes del capital? ¿Está justificado el fetiche en el crecimiento económico estable de Guatemala? ¿Y eso bastará para dejar de ser pobres?

Observemos cómo a partir de 2013 -el último año de referencia del Banco de Guatemala- progresó el capital y el número de trabajadores. La cantidad de capital de un país se contabiliza en términos monetarios, como quetzales o dólares, y va incrementando con la cantidad de inversión que el gobierno y el sector privado realizan en un año determinado. Como en una empresa, el capital de un país también se desgasta y para reflejar esto típicamente se emplean tasas de depreciación. Por otra parte, para medir cuánta inversión se ha realizado en un año determinado, los economistas tradicionalmente utilizan una medida conocida como formación bruta de capital, que incluye la inversión del sector público y privado.

 

Para la población empleada u ocupada se tomó la información de las Encuestas Nacionales de Empleo e Ingresos (ENEI) del INE, que se realizan dos o tres veces por año salvo en 2020, cuando la pandemia impactó la recolección de los datos.

Retomando el ejemplo de los alfileres: se tenía una maquina subutilizada, dos trabajadores, y un PIB de 10 alfileres. Viene otro trabajador y ahora se producen 15. Es decir, cada trabajador adicional sigue produciendo 5 alfileres cada uno. Pero, ¿qué pasa cuando llega un cuarto y ya no se producen 20, como se esperaría si todos tuvieran la misma productividad, sino 22? Hay 2 alfileres que se producen de más y que no se pueden explicar por el número adicional de trabajadores o máquinas.

Estos 2 alfileres representan una mejora de productividad de los recursos: el cuarto trabajador venía con mejor educación y encontró una forma de producir dos alfileres más en la misma cantidad de tiempo. En economía, esto se conoce como productividad multifactorial o productividad de total de los factores. Las diferencias que no se expliquen por aumento de cantidad de capital y trabajo, entonces, representan verdaderas ganancias de productividad.

¿Qué ha pasado en Guatemala en los últimos años? Como lo reflejan los datos, la cantidad de capital y personas empleadas han aumentado. ¿Pero este uso de los recursos nos está sacando de la pobreza? ¿Ha habido mejoras de productividad?

Título: Contribuciones del capital y del trabajo al crecimiento real del PIB de Guatemala

No. En promedio, entre 2014 y 2019, los cambios de productividad no han contribuido ni un punto porcentual al crecimiento real -es decir, que no toma en cuenta la inflación- del PIB. En otras palabras, proviene del incremento de personas empleadas y la construcción de bienes de capital que no alteran cómo se produce. Agregar más empleos de baja calidad, contar con más centros comerciales, que el Gobierno construya carreteras en municipios fantasmas (como la que llevaba al spa de la exdiputada Delia Bac) suma al crecimiento del PIB, pero no cambiará el nivel de vida de la población.

El potencial se degrada con bonitas mentiras que no permiten afrontar los desafíos que, superados, tendrían la capacidad de superar la pobreza y evitar la desgarradora tragedia de la migración. Esto empieza reconociendo cómo el Estado de Guatemala y el gran sector privado organizado hacen inversiones de bajo potencial transformativo, aunque intenten convencer al público de lo contrario. Además, es necesario entender lo urgente de retomar la agenda anticorrupción e inversión en educación, salud e infraestructura. 

Y todo empieza con la destrucción de fetiches económicos que generan discursos que alaban a una elite económica y política que es materialmente improductiva y poco competitiva. El texto de Hegel es execrable por concentrarse en un color de piel y en un continente víctima de la colonización. Tal vez sería menos reprensible si describiera el pensamiento de ciertos habitantes de las montañas residenciales de la capital de Guatemala.

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