Bien decía Simone de Beauvoir que a la mujer se le vedaba la posibilidad de transcendencia. Es decir, la posibilidad de construir un futuro con sus propias coordenadas y que estaba destinada a la simple repetición de tareas domésticas, de “deberes” sociales y funciones reproductoras. Para Beauvoir, negar la trascendencia era condenar a la mujer a la esclavitud. En otras palabras, la libertad radica en la trascendencia.
Sin embargo, las mujeres han encontrado mecanismos para crear lo qu...
Bien decía Simone de Beauvoir que a la mujer se le vedaba la posibilidad de transcendencia. Es decir, la posibilidad de construir un futuro con sus propias coordenadas y que estaba destinada a la simple repetición de tareas domésticas, de “deberes” sociales y funciones reproductoras. Para Beauvoir, negar la trascendencia era condenar a la mujer a la esclavitud. En otras palabras, la libertad radica en la trascendencia.
Sin embargo, las mujeres han encontrado mecanismos para crear lo que esta feminista francesa llama “contrauniversos”, formas de ver el mundo muy diferente a lo que la sociedad hecha por hombres nos ha acostumbrado. Estos contrauniversos nacen a partir del diálogo cómplice entre mujeres. “La amistad entre las mujeres viene de que se identifican unas con otras, pero por esta razón, también se cuestionan mutuamente”, una identificación y un cuestionarse que se da durante los momentos que encuentran las mujeres para abrirse sin tapujos y sin “penas”, para encontrarse en su esencia.
“Celebrando el cromosoma XX” fue la actividad realizada por Brújula —periódico landivariano que reta a los estudiantes a problematizarse—, para conocer diferentes contrauniversos en celebración del día de la mujer. Alrededor de cuarenta estudiantes universitarios de diferentes carreras se sentaron y se dieron el tiempo de conocer, preguntar y reflexionar junto a las ocho mujeres invitadas. Patricia Orantes, Claudia Navas, Denise Phé-Phunchal, Cecilia Zurita, Alma Irene Chávez, Francisca Gómez, Ana López y Flor González, en una buena práctica femenina, se abrieron al diálogo de “voz a vos”.
Eventos como estos, más que actividades masivas donde sólo se espera que se escuche y que no se hable, recuperan precisamente el valor y el sentido del diálogo como construcción de humanidad. Digo de humanidad, porque el diálogo permite las diferentes posiciones políticas, las diversas identidades, la multiplicidad de opiniones, para motivar nuevos contrauniversos. Ni Facebook ni Twitter, ni bbchat. Sólo algo tan básico como el diálogo de viva voz.
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