Muchos bromean con que «el año no cuenta» porque entre cuarentenas se ha perdido tiempo productivo. Lo cierto es que desde el inicio de la pandemia se tiene una ola de desinformación. La situación actual sacó a relucir la era de las fake news y el alcance de la información sin respaldo científico.
La falta de pensamiento crítico acecha a nuestra sociedad desde hace rato, pero sale realmente a la luz cada vez que hay una discusión acalorada —de ideologías o política, por ejemplo— o cuando el amigo en redes sociales defiende hasta el cansancio el video acerca de la teoría de que los chinos inventaron el virus causante de la covid-19 para crear una guerra mundial. ¡Cómo no creerlo! El video de YouTube se ha compartido miles de millones de veces y parece factible: el bicho es altamente contagioso, por lo que es mejor compartirlo y que los demás se enteren, ¿no?
Los humanos estamos condicionados a creer y afirmar lo que nuestra mente nos dicta como cierto. Somos esclavos de nuestros pensamientos. Creemos lo que creemos porque nuestra cabeza nos encierra y nos juega la vuelta creando sesgos cognitivos sin darnos cuenta. ¿Cómo podríamos? Vivimos dentro de ella.
Como explican los psicólogos Elder y Paul: «Cada vez que los humanos razonan, no tienen más remedio que usar ciertas estructuras predecibles de pensamiento: ese pensamiento es inevitablemente impulsado por preguntas por las cuales investigamos respuestas, y en aras de obtener las respuestas buscamos información que después interpretamos haciendo referencias. Dichas referencias se basan en suposiciones, lo cual resulta en ideas que contienen siempre algún punto de vista».
Existe salvación dentro de la arena movediza del pensamiento. Liberarse de las propias ideas requiere práctica y compromiso. La mente necesita salir de sus confines conocidos. La respuesta: humildad intelectual y pensamiento crítico.
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La crítica en el pensamiento no intenta controlar a los demás con sus ideas. Las comparte sin interés de sesgar a los demás, con el objetivo humilde de compartir información verídica. Es consciente de cómo funciona la manipulación social. Es ética a tal punto que no podría utilizar la información que posee para hacer lo mismo que los manipuladores o los pensadores poco críticos. Tener pensamiento crítico no es fácil. Probablemente sea la utopía del razonamiento humano.
Sin embargo, compartir el video de YouTube plagado de desinformación o pseudociencia es peligroso. Lejos de los alcances que podamos tener en redes sociales o no, nuestro círculo cercano se ve afectado. Se promueve la desinformación sobre la evidencia. Se ningunea la información verídica.
Es más difícil que nunca ser un pensador crítico, y aún más difícil es ser humilde con el conocimiento que poseemos. El Internet no ayuda: estudios demuestran que los algoritmos de Internet terminan por convencernos de que sabemos más de lo que creemos saber y matan así cualquier intento de humildad intelectual. Muestra contenidos que nos interesan y son parte de nuestras enraizadas creencias para engancharnos aún más a nuestros sesgos. Por si fuera poco, el algoritmo nos conoce, pero también conoce nuestro círculo cercano, quienes comparten nuestras opiniones y secundan esas ideas, todo lo cual convierte nuestro tiempo en la Red en una habitación con espejos en las cuatro paredes, en una caja del propio ego.
Varios políticos actuales llegaron al poder debido al poco pensamiento crítico y se mantienen en él gracias a los fanáticos del fascismo, de la religión, de la pseudociencia, etc. Estos son los líderes que aprueban políticas públicas que rigen a millones, que restringen derechos, que crean conspiraciones.
Se debe liberar la mente de cómo piensa para dar cabida a nuevas posibilidades de crecimiento y conocimiento. Ser humilde es la llave a la liberación. La humildad intelectual implica reconocer la imperfección de nuestras ideas: pueden ser debatidas. Contempla el error y, de ser el caso, el cambio de idea.
La desinformación es una pandemia que afecta el sentido común. En Guatemala, donde la educación y la escolaridad son de baja calidad, el pensamiento crítico es un reto. Lo positivo es que cuestionar nuestros sesgos cognitivos está al alcance: haga la prueba la próxima vez que quiera compartir el video de YouTube que tiene miles de millones de vistas.
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