La primera idea que quisiera rescatar de la experiencia de la JMJ es que el catolicismo, en tanto religión y en tanto identidad para muchos, debe reconocer sus pilares fundadores y no perder el horizonte. Los fundamentos de nuestra religión –que no son exclusivos de los católicos y que muchas veces olvidamos practicar- es lo que me enseñó un jesuita hace unos años. Nuestros puntos cardinales deben ser el reconocimiento en todo momento de la dignidad humana (o saber que Dios vive en cada uno de nosotros), el trabajar por la justicia (o el Reino de Dios), vivir la tolerancia (al ejemplo de la tolerancia de Cristo) y la solidaridad (que es plasmar el amor de Dios a todos, pero sobre todo la opción por los oprimidos). Si tenemos, los católicos, claro que nuestra vida se puede guiar por estas direcciones, tendremos una opción ética que se traducirá en mi segunda y tercera idea.
Como seres humanos, las relaciones sociales es lo que nos define en muchos sentidos. Estos cuatro fundamentos católicos deben ser entonces los parámetros por los cuales nos deberíamos relacionar los católicos. Yo me pregunto si en Guatemala esto se hace vida, si los jóvenes católicos que venimos a España estos días, realmente tenemos claro que Dios se vive y que no sólo se habla o se siente. Los jóvenes católicos deberíamos comenzar a intensificar nuestras relaciones sociales desde lo que decimos creer. En la medida en que se vive, también se lograra hablar de Él y sentirlo más cerca de lo que se cree. Debemos aprender, como lo hicimos estos días, a que lo que creemos no sólo se exterioriza en jornadas mundiales (donde es muy fácil hacerlo), sino que se vive en lo diario. Espero ver a más jóvenes católicos guatemaltecos hablar con gente extraña, ceder el lugar en el transporte público, ayudar en tareas domésticas… Sobre todo a los hombres.
Mi última idea, es el nivel trascendental en el cual se debe ser categórico, porque ponemos en juego a todo un conjunto social. Cuando he hablado de católicos, he tratado de mostrar no sólo a los laicos o a las personas consagradas. Sin embargo, son los primeros los que tienen una responsabilidad directa en el devenir político y económico de nuestros países. En otras palabras: fe no sólo en las iglesias.
En estos encuentros siempre se nos dice que somos el continente de la esperanza, pero cómo decir que sí cuando es la vida misma la que está amenazada en nuestros países. Yo conozco muchos católicos que son también empresarios grandísimos y espero que ellos también encuentren la dignidad en sus trabajadores. He visto políticos católicos en misa de domingo y espero que construyan la justicia y no la cuenta bancaria personal. He escuchado curas que no hablan de política, o se olvidan de su opción por los pobres, que bien harían en reconocer que se debe solidarizar la política. Tenemos que ser honestos: ser católicos en la empresa, en la prensa, en el Congreso, en la Cortes de Justicia. O no ser católicos. No una fe de domingos, una fe de siempre.
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