Testimonios revelan las dificultades de la lactancia materna para las madres guatemaltecas
Testimonios revelan las dificultades de la lactancia materna para las madres guatemaltecas
Decenas de mujeres, madres y trabajadoras guatemaltecas compartieron a Plaza Pública testimonios que evidencian las grandes dificultades que las mujeres deben enfrentar para ser madres y al mismo tiempo trabajar fuera de sus hogares. La mayoría de empresas y lugares de trabajo no están dispuestos a facilitar a sus trabajadoras un tiempo y lugar en condiciones salubres para gestionar su proceso de lactancia.
«No soy responsable de si tiene que sacarse la leche o no» o «sacarse la leche es asqueroso» eran comentarios que Ginette Rojas recibía cuando solicitaba a su jefe un espacio para poder extraer y administrar su leche en una reconocida empresa de electrodomésticos. La falta de apoyo y la ausencia de condiciones para vivir su período de lactancia de una forma digna, la obligaron a dejar el trabajo.
«Me sentí muy mal, tenía tres meses de postparto y necesitaba el dinero, pero preferí renunciar. Al final minimizaron mi situación y gracias a mi familia pude seguir con mi maternidad fuera de esa empresa», relató Rojas.
En Guatemala, las mujeres que son madres y además trabajan fuera de su hogar enfrentan dificultades, humillaciones, maltratos e incluso afecciones a su salud durante el período de lactancia materna. La razón principal es que en el país no existen normativas que garanticen un espacio y tiempo dignos para las mujeres que necesitan extraer y almacenar su leche en condiciones adecuadas. En la mayoría de espacios de trabajo en el sector público y privado, esta necesidad no es atendida.
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Actualmente, el Código de Trabajo en Guatemala establece que toda madre trabajadora tiene ciertos beneficios para poder alimentar a sus hijos. Según el artículo 153 del código, las trabajadoras tienen derecho a tener dos descansos de media hora durante su jornada laboral para poder alimentar a sus hijos o extraerse la leche materna. El tiempo no puede descontarse de su salario. La misma normativa indica que el período de lactancia inicia a partir del día en que la madre retorna a sus labores y continúa hasta diez meses después, salvo que por prescripción médica se deba prolongar.
Esta normativa es limitada, en comparación con el marco vigente en otros países de la región. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 130 países tienen leyes que buscan proteger la lactancia y que garantizan que existan descansos remunerados para la lactancia o extracción de leche y que las mujeres gocen de espacios seguros para hacerlo dentro su área laboral.
En Guatemala, esos espacios no están garantizados.
«El trabajo o el bebé»
«No tenía dónde hacerlo. Era en una agencia bancaria, tampoco tenía hora de lactancia porque empecé a trabajar cuando mi bebé tenía 40 días. Antes de firmar mi contrato me dijeron que una de las condiciones para empezar era que mi bebé y sus necesidades, o si se enfermaba, no fueran a ser excusa para faltar, que igual por enfermedad o cualquier otra situación no tenían ninguna obligación durante los 2 meses de prueba. Eso fue hace 12 años, no creo que haya cambiado demasiado, pero me dio tanto asco someterme a eso y más, sacrificando una de las etapas más importantes del desarrollo de mi hijo», dice otro de los testimonios de una mujer afectada.
En efecto, las dificultades para extraer la leche u ofrecer lactancia a un bebé tiene repercusiones graves en la salud de la madre y especialmente de los lactantes.
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«La mamá porque puede desarrollar un problema en las mamas por estar acumulando su leche tanto tiempo sin extraerse, y también puede afectar a la producción de leche porque si pasa mucho tiempo sin hacerlo, al no tener la estimulación al pecho va hacer que la producción de leche disminuya y esto, a su vez, afecta a su hijo», explica Ángela María Duarte, especialista en asesoramiento de lactancia materna y alimentación complementaria.
Muchas mujeres, relata la especialista, experimentan bastante dolor durante su jornada de trabajo y no tienen un espacio o tiempo para realizar la extracción. Otras tienen un tiempo para hacerlo, pero debido a que no cuentan con las condiciones adecuadas para realizarlo, estos minutos solamente sirven para aliviar el dolor. Es decir, no aprovechan la leche, no hacen una extracción en un tiempo prudente ni de forma higiénica. «La mayoría de mujeres van al baño y tiran su leche porque no la pueden usar», lamenta.
Varios de los testimonios confirman este extremo: sin las condiciones correctas el alimento materno termina en la basura.
«Yo tuve la suerte de poder hacerlo casi todos los días en una oficina que por suerte no compartía. Cuando tuve que salir al campo (mi hijo tendría menos de 6 meses) aprovechaba las paradas técnicas de todos y de cargar gasolina para ir a los baños (algunos en muy deplorables condiciones) para rápidamente extraer para tirar… sentía horrible tener que tirarla, me contenía el llanto. Es horrible tener que tirar algo tan preciado», fue otro de los relatos que recibió Plaza Pública.
Duarte, quien acompaña a mujeres en su proceso de lactancia y las asesora para que su experiencia sea lo más efectiva posible, explica que para extraer leche o alimentar a sus hijos, una madre necesita un espacio limpio, cómodo y tranquilo. Además, debe contar con infraestructura para poder lavar el extractor y con una refrigeradora para almacenar la leche a temperatura fría.
«No tuve hora de lactancia por estar trabajando "por contrato", así que me tocaba ir al baño y desechar mi leche en el inodoro... No tenía medios para almacenar adecuadamente mi leche y llevarla a casa después de una jornada de 12 horas», se lee en otro testimonio.
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La leche que produce la madre debe tener un tratamiento adecuado para que no se eche a perder y pueda ser consumida por las y los lactantes.
«Como asesoras incluso recomendamos que vean fotos o vídeos del bebé para tener más producción y eso no puede hacer en un baño o un escritorio, bajo estrés o incomodidad. Eso afecta la producción y la higiene», asegura la experta.
Las condiciones laborales actuales obligan a muchas madres a optar por formas alternativas de alimentar a sus hijos, cuando lo ideal, explica Duarte, es que un bebé se alimente de leche materna durante al menos 6 meses y, preferiblemente, durante dos años.
Sin embargo, «hay mamás que me dicen que van a recurrir a la fórmula (para alimentar a sus hijos) porque cuando trabajen no van a poder seguir con la lactancia, es decir, ya tienen la mentalidad de que el hecho de trabajar se los va a impedir», comenta.
«En el sector privado es lamentable que se salten estos beneficios y algunas aceptan por no quedarse sin trabajo. Seamos claro, vivimos en un país que solo vela por el más fuerte», relató una madre. Su testimonio confirma el dilema extremo al que se enfrentan.
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La sugerencia de los especialistas siempre es priorizar la lactancia materna debido a la variedad de beneficios que representa para la salud de madres e hijos. «Muchas veces las lactancias se ven frustradas por la falta de apoyo, de conocimiento, porque saben que no les van a dar permiso, hay lugares que incluso ofrecen pagarles para no darles la hora de lactancia», agrega.
«Tenía una hora para hacer la extracción pero muchas veces había jefes y supervisores que no la daban, decían que era acumulable el tiempo y al final no lo pagaban. Los protectores de lactancia materna que usaba tenía que cambiarlos constantemente. A veces usaba toallas (sanitarias) de noche (las de mayor tamaño)», narra otra madre.
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Intento fallido en el Congreso
El 24 de febrero, en el Congreso se intentó aprobar la iniciativa de Ley de Lactancia Materna (6337). Sin embargo, 33 diputados votaron en contra. La propuesta establecía que «todas las oficinas del Estado deberán instalar salas de lactancia materna», según parámetros establecidos en un reglamento que debía ser creado al ser aprobada la ley. Inicialmente, la propuesta parecía contar con el respaldo de la mayoría necesaria; sin embargo, al incluir una enmienda que extendía esta obligación al sector privado, perdió el apoyo de los congresistas y no fue aprobada.
«La ley buscaba promover que en todos los espacios del sector público y privado haya un lugar adecuado, higiénico y que reúna las condiciones para que las mujeres que salen a trabajar todos los días tengan derecho a un espacio para poder extraerse la leche que va a nutrir a sus hijos», explica la diputada Evelyn Morataya, una de las ponentes de la propuesta.
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La funcionaria cuestiona la postura de las y los diputados que votaron en contra de la propuesta: «Le negaron el derecho a muchas mujeres que salen y dejan a sus niños porque no los pueden llevar a su lugar de trabajo. Les negaron el derecho de extraerse la leche para luego llegar a sus casas a nutrir a sus hijos», aseguró.
De la misma forma, la diputada Sonia Gutiérrez, quien también fue ponente de la iniciativa, criticó a los diputados que «le dieron la espalda» a una propuesta que calificó como noble y necesaria tanto para el bienestar de las mujeres, como de la niñez. A su criterio, esta negativa responde a intereses del sector privado.
«Queremos que haya espacios dignos para que las mujeres puedan alimentar a sus hijos. Es una iniciativa noble, que no debería pelear con ningún sector, pero lamentablemente hay sectores económicos que siempre van a privilegiar sus intereses económicos y dejan en segundo plano la integralidad de las personas», aseguró.
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En respuesta a lo ocurrido, el 26 de febrero fue presentada una nueva propuesta. «La lactancia materna no es ideología, no es una imposición, es un tema de salud pública, derechos humanos para la madre y para los niños, es justicia social», señaló la diputada Carolina Orellana, presidenta de la Comisión de la Mujer.
Según Duarte, especialista en alimentación complementaria, hasta la fecha se ha normalizado la falta de espacios adecuados para las mujeres que brindan lactancia a sus hijos. «Nos acostumbramos a lo mínimo y lo normalizamos. También hay mucho desconocimiento sobre los derechos que tenemos», sostiene.
«Somos un país donde hay alto índice de desnutrición. Sumado a eso, hay madres que no cuentan con muchos recursos y debido a las condiciones en las que trabajan se les seca la leche, compran fórmula y la suministran de forma diluida a sus hijos para que rinda más, ya que la fórmula es bastante costosa. Esto le causa problemas al bebé y hay niños que tienen daños severos por la mala preparación de la fórmula, porque sus mamás están tratando de que les dure más», relata Duarte.
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Es por eso que garantizar una lactancia también es una forma de proteger la salud de los niños, de la madre y además de apoyar la economía de muchas familias, añade.
No obstante, aprobar una ley que obligue a los empleadores del sector público y privado a contar con espacios dignos para las madres en etapa de lactancia, parece un reto que despierta preocupaciones en mujeres.
Este testimonio cuestiona la viabilidad de estas propuestas: «En el sector público, que yo sepa, en algunas entidades sí dan la hora de lactancia y demás beneficios pero en el sector privado es lamentable que se los salten y obvio por razones de no quedarse sin trabajo, se aceptan. La situación es que esta ley va a beneficiar a algunas, pero no a todas. Aunque le pongan, la mayoría (de lugares de trabajo) preferirán a una mujer sin compromiso o el requisito será que los hijos de la empleada sean de ciertas edades. Seamos claros: estamos en un país que solo vela el más fuerte por sus propios intereses».
Otras violaciones a los derechos de las mujeres
La deuda para las mujeres guatemaltecas va más allá de la aprobación de esta normativa.
Según un estudio realizado por el Instituto de Investigación y Proyección sobre Economía y Sociedad Plural (Idies) de la Universidad Rafael Landívar, en Guatemala «la violación de los derechos humanos laborales de las mujeres va desde salarios por debajo del mínimo establecido legalmente, largas jornadas de horas extras sin pago, semanas laborales de más de 48 horas, salarios que para las mujeres representan la cobertura de menos del 60 % del costo de la canasta básica vital».
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Además, dentro del mercado laboral, las mujeres se enfrentan a condiciones de acoso sexual, salarios diferentes, jornadas y condiciones laborales diferentes y en desventaja, entre otras acciones que reproducen y perpetúan un sistema de discriminación y subordinación de más de la mitad de la población.
«La discriminación en el trabajo por motivos de género está relacionada con la asignación social de roles y normas. Por ello, todavía se observa un número elevado de mujeres en ocupaciones consideradas femeninas, generalmente precarias, vulnerables y peor remuneradas que las de los hombres. En consecuencia, las mujeres, más que los hombres, sufren el déficit de trabajo decente y por lo tanto sobrellevan la pobreza», señala el documento.
Stephanie Rodríguez, abogada de derechos humanos, asegura que Guatemala es uno de los países más limitados en materia de derechos laborales en América Latina. Otros países como México y Chile ya han discutido estos temas, no es algo nuevo, comenta.
«El sector empresarial se ha opuesto a todo lo que tenga que ver con progresividad de derechos. Las cámaras empresariales, en distintos momentos, se han opuesto de forma sistemática a todo el avance progresivo de derechos laborales. Los derechos deben ser siempre progresivos; sin embargo, en Guatemala esto no pasa», cuestiona.
Los derechos de las mujeres campesinas, que trabajan en el sector de maquila o las trabajadoras del hogar han quedado rezagados, añade.
«Más mujeres en espacios de toma de decisiones»
De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), Guatemala ocupa el puesto 26 respecto a los 33 países que componen América Latina y el Caribe en cuanto a la subrepresentación femenina a nivel parlamentario. A pesar del auge de revisiones de marcos normativos en la región, a favor de la igualdad de género, la paridad y acciones en contra del acoso y la violencia política en razón de género, el Estado guatemalteco se ha visto rezagado en reformas que garanticen la participación plural de las mujeres, señala dicho organismo.
Para Zaira Lainez Carrasco, especialista en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, el rechazo a la aprobación de la ley de lactancia está relacionado con el hecho de que son mayoritariamente hombres quienes están a cargo de la discusión y aprobación de leyes y políticas. «Si son hombres, no pueden tener el punto de vista de las mujeres. Necesitamos más mujeres en puestos de representación política para que el punto de vista de las mujeres y sus experiencias estén representadas en el lugar donde se toman las decisiones», sostiene.
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Hasta ahora, agrega, los espacios públicos siguen siendo masculinizados. «Por eso, necesitamos más mujeres en puestos de dirección, en puestos de toma de decisiones. Para eso necesitamos formarnos políticamente, necesitamos una ciudadanía formada políticamente que esté consciente para saber qué representantes necesitamos para tomar decisiones que beneficien a las mujeres en sus derechos laborales», concluye.
«Tuve el total apoyo de mi jefe inmediato. Incluso giró instrucciones para crear un área de lactancia porque éramos varias en la misma situación, pero el jefe administrativo mostró profundo rechazo por crearlo y nunca se logró», dice un relato que ejemplifica el efecto de que las decisiones sobre los derechos y necesidades de las mujeres estén en manos de un sector desensibilizado.






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