Hay que reconocer el énfasis del enfoque de la psicología positiva, que, al igual que la tradición de la psicología cognitiva y el conductismo, se centra en la precisión de los conceptos y el respaldo empírico. En el libro, se hace un esfuerzo por definir qué se entiende por cada uno de los conceptos que utilizan y trabajan, entre ellos: apoyo social (las redes de apoyo que tiene la persona y que le sirven como recurso para afrontar el estrés); calidad de vida (proceso o juicio consciente sobre la satisfacción que se tiene con la vida); bienestar subjetivo (estimación global y subjetiva de la vida); conexión académica (las relaciones sociales dentro de las instituciones educativas y el sentido de pertenencia que el estudiante experimenta, sintiéndose cómodo, bienvenido y aceptado); y estrés académico (angustia mental relacionada con alguna frustración anticipada asociada al fracaso académico o incluso al desconocimiento de la posibilidad de este, siendo una sensación de malestar o angustia como reacción a una situación escolar percibida de forma negativa).
[frasepzp1]
Sus autores, Donald González-Aguilar, Héctor Muñoz Alonzo, Katherine Meza-Santa María, Diana Archila-Bonilla, Sindy Linares, Viviana Raquel Ujpán, Katherin Orantes, Alexandra Vásquez y Mónica Morales son jóvenes y evidencian un amplio conocimiento en la materia que tratan, a través, por ejemplo, del número de autores e investigaciones que citan. Se observa una bibliografía extensa y actualizada. Y algo significativo: piensan y trabajan para la publicación y difusión de resultados. No es algo insustancial, si se considera la situación de la psicología y su historia previa (lo cual no es poca cosa, ya que abarca 75 años en el país), dado que no existe una tradición de publicación como sí ocurre en otras disciplinas (historia, antropología, política).
Cada capítulo presenta una revisión histórica y conceptual de las formas de evaluación, y de los resultados de investigación desarrollada. A partir de estos se ofrecen recomendaciones prácticas para trabajar con la población. Por ello resulta un recurso valioso, tanto a nivel didáctico (por el contenido y la metodología) como por las implicaciones prácticas que plantea.
El enfoque de la psicología positiva que se utiliza, busca ofrecer un correctivo respecto a la «negatividad» de otros enfoques de la psicología, centrados en la patología o en los problemas y propone enfocarse en lo positivo. Señala una tradición que puede rastrearse hasta Aristóteles y que encuentra su sentido en el concepto de felicidad. Existe una conceptualización del bienestar psicológico y social que hace referencia a la felicidad, el crecimiento y la integración.
Lo que se debe considerar, más allá de si una corriente psicológica (o científica) hace énfasis en aspectos «positivos» o «negativos» de la persona o la sociedad, es que debe proporcionar la mayor comprensión posible de su objeto de estudio. En este sentido, lo que vale la pena destacar es que es posible proponer una mirada de lo humano no en términos positivos o negativos, sino en términos de mayor profundidad y mayor alcance heurístico. Esto podría dar como resultado una perspectiva más profunda de lo humano y de lo social, considerando los conflictos y contradicciones inherentes a las personas y la sociedad. No por el gusto de hacer énfasis en lo negativo, sino porque el objeto de estudio lo demanda en términos de intelección.
En todo caso, el libro representa parte de un esfuerzo sistemático por investigar distintos aspectos relacionados con la psicología, contextualizándolos y haciéndolos pertinentes para diversos aspectos de la realidad en la que vivimos.
Más de este autor