Así comenzó la reunión del sábado por la noche con mis vecinos. En medio de la calle, discutíamos sobre los beneficios y desventajas de un portón recién instalado en la cuadra. Seguridad vs. movilidad en una comunidad de 10,000 habitantes ya cercada por garitas, muros, talanqueras y toneles.
Toda mi vida he vivido en una colonia. Un espacio que –al igual que las residenciales, los condominios y otros complejos habitacionales– se pueden considerar «comunidades cerradas». Territorios en los que se controla el acceso de personas y vehículos en nombre de la seguridad, del estilo de vida o de la gobernanza comunitaria.
«El motivo de la reunión es saber qué opinan ustedes y, en caso de que alguien esté en contra del portón, que lo manifieste», expresó un vecino. Uno a uno fuimos argumentando nuestra posición; particularmente, me molesta tener un portón tapando la salida hacia el parque.
Aunque sé que la seguridad no está bien y que la preocupación es legítima, me cuestiono todavía si un portón que cierra una avenida, dentro de un espacio ya cercado y fragmentado, realmente resuelve algo.
Una revisión de las investigaciones sobre comunidades cerradas de las últimas dos décadas[1] demuestra que en el 52 % de los casos a nivel global no se ha podido comprobar que las barreras físicas –como portones, muros o toneles– reduzcan efectivamente la delincuencia.
De regreso en la discusión vecinal, una de las presentes dijo: «Nosotras estamos de acuerdo con el proyecto», mientras abrazaba a su mamá. «Ustedes al menos tienen portón o cámaras en sus casas; nosotras no», concluyó.
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Aunque inicialmente iba decidido a cuestionar la efectividad del portón, al escuchar distintos testimonios sobre la situación de la seguridad, pensé que, al final, era un beneficio para la salud mental de toda la comunidad. Por ejemplo, un artículo publicado por Springer Nature Link confirma que las comunidades cerradas reportan menor percepción de inseguridad o temor al delito, aunque objetivamente no disminuyan los hechos delictivos.
Asimismo, el mismo estudio, que analiza 202 publicaciones entre 2000 y 2024 a nivel mundial, muestra que dentro de las comunidades cerradas la violencia privada o «doméstica» se incrementa y que los feminicidios son el tipo de homicidio más común.
«La naturaleza privada y aislada de las comunidades cerradas también puede ocultar señales de abuso, y los vecinos a menudo desconocen la escalada de violencia hasta que termina en tragedia», indica el texto, donde también se expone la vulnerabilidad a la que se enfrentan las infancias y la comunidad LGBTIQ+
Hay que poner a funcionar el sistema, pensé. Se puede pedir a la Subdirección General de Prevención del Delito que venga a hacer un Diagnóstico de Seguridad[2]; luego, solicitar a la UPCV —Unidad para la Prevención Comunitaria de la Violencia— que elabore un Plan de Prevención[3]. «Pero ellos no quieren eso», respondió mi madre ante tal plan. Tenía razón.
Si bien en algunas comunidades cerradas el tejido social es fuerte porque requieren de gobernanza comunitaria para su existencia, en nuestro caso no era así. El volante que nos había convocado decía «Punto único a tratar: instalación de portón», como quien no tiene vínculos de comunidad, sino emergencias compartidas.
La reunión concluyó firmando un acuerdo para que el portón se quedara. Me percaté de que seis de los 17 vecinos teníamos menos de 35 años, así que creo que con seis más podemos armar una COCOPRE (Comisión Comunitaria para la Prevención de la Violencia)[4]. Un espacio que, aunque no es una solución inmediata, moviliza a la gente a participar y alerta a las autoridades sobre preocupaciones reales que tiene la ciudadanía.
Aunque en esta ocasión no lo hicimos, sé que el portón no será suficiente. Probablemente llegará el día en que se piense que cerrar el otro extremo de la cuadra con otro portón es la única solución y así consecutivamente, seguiremos fragmentando el territorio.
Lo que sí hicimos fue activar el chat de la cuadra.
No resuelve la inseguridad, pero al menos abre una conversación. Y, a veces, en comunidades como la nuestra, eso ya es un comienzo: incluso para quien patea el portón.
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[1] Levin, S., Ceccato, V. & Lord, J. A systematic review of gated communities and their implications for safety and broader social outcomes between 2000 and 2024. Discover Cities 3, 4 (2026). Recuperado de: https://link.springer.com/article/10.1007/s44327-025-00151-6#citeas
[2] https://pnc.gob.gt/subdireccion-general-de-prevencion-del-delito/
[3] https://upcv.gob.gt/inicio/wp-content/uploads/2024/03/Guia-de-Prevencion...
Comunidades.pdf
[4] https://upcv.gob.gt/polimuniarchivos/Observatorio_Departamental/Modelo-d...
OCTUBRE.pdf
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