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Basilio Puac, miembro de la Junta Directiva de los 48 Cantones de Totonicapán, durante el paro nacional frente al Ministerio Público en octubre de 2023./ Eduardo Say

De migrante y líder indígena, a perseguido por el Ministerio Público

«Créame que como alcalde de mi comunidad sí sabía a lo que me enfrentaba y sabía lo que iba a trabajar, pero dentro de los 48 Cantones, yo no queria estar porque sabia que requeria mucho tiempo, pero ese fue el mandato de mi comunidad»,
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De migrante y líder indígena, a perseguido por el Ministerio Público

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Los líderes indígenas que protestaron para defender los resultados de las elecciones que llevaron a Bernardo Arévalo a la presidencia de Guatemala, han sido uno de los objetivos de la persecución de la fiscal general Consuelo Porras, quien se acerca a finalizar dos gestiones al frente de la institución. Basilio Puac, un comerciante de calzado en Totonicapán fue capturado, señalado de terrorismo, y tras recibir un arresto domiciliario regresó a Totonicapán, su pueblo lo recibió con algaralbía y cansancio contra el sistema. Esta es su historia

Basilio Puac siempre estuvo ahí, serio y en segundo plano en las fotografías, pero con un papel protagónico para su comunidad, Nimasac, departamento de Totonicapán. Aunque debido a su trabajo como comerciante informal su tiempo era limitado, lo dejó de lado cuando recibió el mandato de su aldea de ser parte de algo más grande: la Junta Directiva de los 48 Cantones de Totonicapán.

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Su historia, que inició hace 45 años, cobró un rol nacional cuando las autoridades indígenas del país convocaron a un paro nacional para protestar en contra del Ministerio Público de la fiscal Consuelo Porras. En ese tiempo, aunque formó parte de decisiones importantes, su nombre y su rostro no aparecía en las noticias. Todo cambió el 14 de enero de 2026 cuando se convirtió en tendencia nacional en las redes sociales luego que la policía lo capturó y la fiscalía lo señaló de terrorismo, entre otros delitos. 

La detención se ejecutó en Chimaltenango, mientras Basilio atendía la tienda de calzado que creó hace 17 años, después de ser deportado de Estados Unidos.

Pasó más de 48 horas detenido en la carceleta de la Torre de Tribunales hasta que se realizó su primera declaración. Debido a que el caso está bajo reserva, no se conocen los detalles del señalamiento del MP ni de la resolución del juez, solo que fue ligado a proceso por asociación ilícita, obstaculización a la justicia, obstrucción a la acción penal y sedición, y que recibió arresto domiciliario mientras dure su caso.

En cambio, Basilio habló con Plaza Pública sobre su vida, y cómo llegó a ocupar un cargo en la Junta Directiva de los 48 Cantones en un contexto en el que no se imaginaba que por ese trabajo sería perseguido penalmente. 

Una vida entre la migración y la comunidad 

Nimasac es una aldea en el departamento de Totonicapán, donde alrededor del 80% de la población vive en áreas rurales y el 74% vive en situación de pobreza. Allí un niño puede estudiar sólo hasta sexto primaria, no hay centros de enseñanza de niveles superiores. Además, las opciones de trabajo son limitadas. Ante esos escenarios, la única opción para muchos jóvenes es migrar a la cabecera del departamento, a la capital del país o a Estados Unidos. 

Esa es la historia de Basilio Puac. Nació en ese pueblo y al ver sus oportunidades limitadas en contraste con las necesidades económicas crecientes de su familia, salió de Guatemala con rumbo a Norteamérica. Tenía 18 años.

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«Yo no digo que nuestro país sea miserable, pero es que no hay oportunidad. O tal vez hay, pero la vida es un poco más costosa», señala.

En ese momento el futuro fuera de Nimasac parecía incierto —y lo es ahora—, pero no tenía otra opción.

«Viajé como cualquier migrante, con una persona que nos guiaba (coyote) y sin papeles», cuenta 27 años después de ese momento, ahora desde la malla metálica que lo encierra en la carceleta de la Torre de Tribunales.

Basilio trabajó durante 10 años en diferentes lugares entre Houston y Nueva York, y al mismo tiempo se convirtió en pastor evangélico para comunidades centroamericanas en Estados Unidos, donde apoyó en la apertura de iglesias cristianas. 

«Trabajé en restaurantes, en lavado de carros, y gracias a Dios logré gestionar mi licencia de conducir y con eso, en Texas me convertí en chófer de una tintorería, transportaba ropa de un lado para otro», relata.

Aunque tenía planes de permanecer más tiempo en ese país para seguir enviando dinero a su familia en Nimasac, sus padres y hermanos menores dependían económicamente de él, Basilio fue deportado. Las autoridades de migración, en sus palabras, lo «buscaron y encontraron». Eso ocurrió cuando tenía 28 años. 

Basilio pasó 18 días encerrado en un centro de detención de migrantes en Texas, hasta que fue deportado a Guatemala. Cuando regresó a Nimasac, las cosas no habían cambiado mucho, las oportunidades laborales seguían siendo escasas, y junto a su familia tuvo que empezar de cero.

«Después de la deportación poco a poco fuimos acomodándonos porque mi intención nunca fue volver a Estados Unidos, sino luchar acá por nuestro país y seguir adelante».

Con ahorros y préstamos, Basilio inició un pequeño negocio de calzado que hasta hoy mantiene y que le ha permitido contar con tres locales en diferentes municipios. Alrededor de ese tiempo también fundó una iglesia en Nimasac y se convirtió en líder comunitario.

La vida parecía brindarle estabilidad cuando un nuevo reto tocó su puerta. 

El llamado de 48 cantones

A finales del año 2022 fue propuesto por sus mismos vecinos para ser alcalde indígena de Nimasac, un cargo que también lo convertía en candidato para ser parte de la junta directiva de los 48 Cantones de Totonicapán.

«Aquí es donde entra la verdadera democracia, porque ya la población teniendo a todas las personas al frente elige a quién quieren que sea su alcalde, y eso no es a través de partidos políticos, sino desde la misma organización ancestral que se encarga de llevar todo ese proceso», explica.

Basilio dice que cuando fue propuesto, era difícil imaginar lo que pasaría meses después, que luego de las elecciones presidenciales en 2023 habría amenazas a la transición democrática de parte del MP, y que los 48 Cantones de Totonicapán tomarían un rol nacional al convocar a protestas para defender el proceso. 

«Nuestra gente ve lo que es la capacidad en uno y no tanto la preparación académica. Cuando yo conocí al que era vicealcalde en ese momento, imagínese, él estaba estudiando su último año en la carrera de Derecho y había estado ejerciendo su profesión, allí yo dije “bueno, seguro él va a ganar”», relata Basilio. Al verse en esa situación pensó que por haber estudiado solo hasta sexto primaria quedaría asignado a un cargo «menor», como por ejemplo, promotor de los recursos naturales de su pueblo. 

Sin embargo, como parte de la elección recibió un espacio para responder qué ha hecho en su comunidad y dentro de su mundo social. Usó el tiempo para hablar de su experiencia como líder en Nimasac y para su sorpresa quedó electo.

«Significó un momento de mucha responsabilidad, porque uno como alcalde (comunitario) se convierte en juez, en un padre de familia para la comunidad, porque ante cualquier situación se toman decisiones fuertes, sociales, se imparte justicia entre dos partes que tiene problemas, ya sea intrafamiliares, vecinales, de accidentes», explica. 

En las comunidades, un alcalde indígena tiene el mandato para intervenir y mediar para encontrarle una salida al conflicto, aplicando las propias reglas de su propio sistema de justicia ancestral. 

Meses después, el trabajo trascendería de disputas locales a un conflicto nacional. 

Líder nacional por mandato de la comunidad

El llamado para Basilio se extendió más de lo que él mismo esperaba, cuenta todavía en la entrevista desde la carceleta de la Torre de Tribunales, donde estuvo encerrado solo en un espacio de aproximadamente tres por seis metros. En las otras celdas hay pandilleros y personas detenidas por todo tipo de delitos, que esperan allí mientras se les asigna las audiencias de primera declaración. 

En las votaciones para integrar la junta directiva de los 48 Cantones de Totonicapán, Basilio quedó en segundo lugar, justo debajo de Luis Pacheco. Ambos fueron electos como presidente y vicepresidente de la organización indígena. 

«Créame que como alcalde de mi comunidad sí sabía a lo que me enfrentaba y sabía lo que iba a trabajar, pero dentro de los 48 Cantones, yo no quería estar porque sabía que requería mucho tiempo, pero ese fue el mandato de mi comunidad», recuerda.

Ese trabajo es voluntario, por lo que le preocupaba que no tendría tiempo de atender sus locales de venta de calzado y con esos descuidar los ingresos económicos para sostener a su familia. Sin embargo, se mantuvo firme y contra todo pronóstico, ese año se convirtió en uno de los más ocupados y emblemáticos para la organización.

En octubre de 2023 los 48 Cantones, junto a otras nueve agrupaciones de líderes indígenas de diferentes partes de Guatemala, convocó a un paro nacional que incluyó tomar las carreteras principales del país para protestar en contra de la cúpula del MP y defender los resultados electorales. Fue «más allá del partido Semilla y Bernardo Arévalo», aclara. Este movimiento llevó a las autoridades mayas a instalar un plantón frente a la sede central del MP durante tres meses, hasta que el gobierno electo asumió el poder. 

Aunque se anticipaba consecuencias de parte de los fiscales, Basilio no pensó que llegaría a ser detenido porque asegura, «no cometió ningún delito». Sin embargo, la detención de Luis Pacheco y Héctor Chaclán lo puso bajo alerta. Cuando fueron capturados, incluso pensó si debía esconderse, pero no lo hizo, tomó precauciones y siguió atendiendo su negocio. 

«Yo no quería ser parte de la junta directiva pero existía un compromiso y una responsabilidad moral. Platiqué con mi familia, mi esposa, mis padres y no estaban de acuerdo, pero asumí el compromiso porque sí o sí teníamos que prestar el servicio a la comunidad», insiste.

Un poco más de dos años después, el peso de esa decisión se siente en las frías esposas que le atan los brazos a la espalda mientras está en custodia de los agentes del Sistema Penitenciario que lo movilizan en la Torre de Tribunales. Al preguntarle el balance que hace de su experiencia responde con una apariencia de serenidad y una voz firme.

«Tengo la satisfacción de haber luchado de forma legítima. Tenemos las actas de nuestras comunidades, documentos que hablan sobre decisiones de población, decisiones de comunidades y ese es nuestro respaldo. Nunca fue una decisión particular lo que se hizo, fue una decisión de todo el pueblo. Y lastimosamente nuestro sistema de justicia no lo ve así», señala. 

Basilio salió de la carceleta de Tribunales con una medida sustitutiva y arresto domiciliario, además de la condición de no hablar de su caso con otros posibles implicados mientras dure el proceso.

Aunque obtuvo una medida sustitutiva, Luis Pacheco y Héctor Chaclán, los otros integrantes de la organización indígena durante el mismo período de tiempo, siguen privados de libertad. Ambos fueron capturados en abril de 2025 por el mismo caso, ligados a proceso y encarcelados en una celda aislada de Mariscal Zavala. 

La detención de Basilio se dio alrededor de la convocatoria para el inicio del proceso para evaluar a los aspirantes a dirigir el MP, a través de la integración de la Comisión de Postulación que califica los expedientes para elaborar una lista de seis candidatos que será enviada al presidente Bernardo Arévalo, quien deberá nombrar al sucesor para el período 2026-2030.

Mientras avanza su proceso y en Guatemala se reacomoda el poder, Basilio volvió a su negocio de venta de calzado.

Pacheco y Chaclán ven su encarcelamiento con un intento de criminalizar a las y los líderes indígenas, su autoridad y liderazgo en las manifestaciones nacionales de 2023, cuando protestaron en contra de Porras y sus ataques al proceso electoral. 
 

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