En medio de un estado de sitio y del descontento arrastrado desde 2023 contra Consuelo Porras, la conversación sobre las elecciones de segundo grado se van tornando populares, porque la justicia y la democracia no son un tema que solo le pertenezca a aquellos salones y pláticas privadas entre políticos, jueces, abogados, decanos y rectores.
«Llevo contados los días para que Consuelo Porras se vaya» dice un hombre en Tiktok, añade una usuaria de esa red social: «Hay que vigilar el Colegio de Abogados y la USAC aunque no seamos parte de ellos».
Durante la transmisión en vivo de la segunda reunión de la Comisión de Postulación, encargada de seleccionar a 20 candidatos para integrar la nómina de los próximos magistrados del Tribunal Supremo Electoral (TSE), había más de 300 espectadores en TikTok, sin contar los reunidos en Facebook y X. En los comentarios, los usuarios expresaban su rechazo a Walter Mazariegos.
Ambos ejemplos, no responden ni representan a una mayoría, eso jamás sucede, pero si es un pequeño ejemplo de cómo la elección de fiscal general, de rector en la USAC, de magistrados al TSE o la designación de magistrados para la Corte de Constitucionalidad -CC- son un asunto de la gente y no solo de las élites que designan o nombran a dedo a los próximos funcionarios.
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Recordemos que el modelo de las comisiones de postulación responde a esas élites políticas y académicas que se reunieron en 1985 y 1993 para fijar los pasos por seguir para designar autoridades en las cortes e instituciones encargadas de investigar e impartir justicia, y aunque la norma sea la regla, es indiscutible e innegable que la justicia es parte de la vida cotidiana, por lo tanto, es una conversación que debe prevalecer en la ciudadanía.
Bien comprendía Platón la justicia como algo relacionado con lo social y con lo individual en La República. El Filósofo Julián Marias (1980) sintetiza la concepción de justicia de Platón como «el equilibrio y buena relación de los individuos entre sí y con el Estado, y de las diferentes clases entre sí y con la comunidad social. Es, pues, la justicia quien rige y determina la vida del cuerpo político, que es la ciudad».
Por eso, el interés ciudadano o de las urbes en estas elecciones se manifiesta en lo público. No se trata solo de recuperar las instituciones, o de mantener el orden de las cosas y de fortalecer nuestra democracia, se trata de la vida, porque la justicia está relacionada con nosotros, nuestra diversidad y cultura.
El sociólogo Buenaventura De Sousa Santos (2002), detalló en sus estudios que el análisis de la justicia desde la cultura permite el conocimiento de la diversidad al confrontar la homogeneización que se intenta imponer.
Los temas relacionados a justicia, simplemente no pueden continuar siendo ajenos a los intereses de la población. Somos nosotras y nosotros los que vivimos las consecuencias de un sistema judicial y de instituciones «independientes» sin contrapesos en sí mismos, por eso estas llamadas elecciones de segundo grado deben ser fiscalizadas y transparentes.
Cuanto más atentos estemos, mayor será la presión sobre esa élite que administra la justicia y decide por nosotros para hacer un «buen trabajo». Solo así evitaremos que los funcionarios públicos se crean «supremos». En lugar de eso, su labor debería garantizar nuestros derechos, y, como dijo en su momento Víctor Jara, «el derecho de vivir en paz».
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