Vivimos tiempos difíciles, ya que la brecha creciente entre ricos y pobres está transformando nuestro mundo de formas insospechadas. Esa desigualdad de recursos ha configurado un mundo cada vez más autoritario y arbitrario, pues solo un puñado de personas tiene realmente la posibilidad de decidir por toda la humanidad, como resultado de la cada vez más brutal y consistente acumulación de recursos que hoy vivimos: la era de los superricos.
Convivimos con el derroche cotidiano de los multimillonarios, las estrellas y los famosos, mientras que muchos seres humanos sobreviven dolorosamente con muy poco para comer o vestir. Tres mil multimillonarios concentran la escandalosa fortuna de 16,1 billones de dólares, mientras que más de mil millones de personas en el planeta viven con menos de dos dólares al día, según datos proporcionados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Paradójicamente, esta desigualdad es el producto cotidiano de las decisiones conjuntas de millones de personas alrededor del mundo: la forma en que viven, consumen, interactúan y las fuentes de información en las que confían. Todo esto condiciona un flujo de recursos y decisiones que contribuyen a consolidar el mundo tal como lo conocemos actualmente. Un mundo brutalmente injusto, con unos pocos viviendo sin límites, mientras la gran mayoría apenas sobrevive en el día a día, con un futuro cada vez más incierto y complejo.
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Para captar estas afirmaciones, hay que entender las cifras frías de la desigualdad, las cuales son difíciles de procesar en abstracto, por lo que es necesario explicar más la realidad de la desigualdad que vivimos en la actualidad de una forma fácil de visualizar. Por ejemplo, Elon Musk es el ejemplo perfecto del rostro de la desigualdad de nuestro tiempo, con una fortuna aproximada de 627.000 millones de dólares en 2025, Musk ha roto un récord que nadie antes había emulado. En apenas cinco años, su riqueza se ha multiplicado por seis, con un ritmo de crecimiento anual cercano a los 100 mil millones de dólares. Si dejáramos en suspenso la fortuna del multimillonario, y le fijáramos una tasa de gastos de dos millones de dólares al día, Musk tardaría 300 años en despilfarrar su fortuna.
No obstante, si consideramos una tasa de interés mínima del 2 % anual, ese tiempo se extendería dramáticamente, debido a que la fortuna del multimillonario crecería en 12 mil millones de dólares anuales, lo que significa que la fortuna se incrementaría en 380,518 dólares por segundo, ¡Mucho más dinero de lo que algún ciudadano normal obtendría en un año de arduo trabajo!
Estos datos explican de manera fuerte y clara la naturaleza autoritaria de nuestro tiempo. Así lo demostró el socio político de Musk recientemente: Donald Trump evidenció un absoluto desprecio por el ordenamiento internacional al invadir Venezuela para extraer a un mandatario en funciones, violando todos los ordenamientos y protocolos legales, nacionales e internacionales. Detrás de esta decisión existe una considerable desigualdad de recursos financieros y militares que permite que tal acción quede en absoluta impunidad..
La lógica de tal ejercicio de poder es una sola: no importa realmente si el presidente Maduro era culpable o inocente; eso, ciertamente, es lo de menos. Lo importante de esta acción es que deja ver la forma en que el sistema capitalista actual opera: al concentrar la riqueza y el poder en unos pocos, permite que un puñado de personas actúe simplemente porque «quieren, porque pueden y porque les da la gana», parafraseando el título del libro de María Antonieta Collins.
Encontrar la esperanza en medio de esta realidad distópica requerirá, por tanto, mucha imaginación y fuerza de voluntad para enfrentar al monstruo, derrotándolo en cada pequeña decisión cotidiana que evite concentrar los recursos que sostienen al sistema. ¿Seremos capaces de tal hazaña? Solo el tiempo lo dirá.
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