Hablar de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) es mencionar a la única casa de enseñanza superior de carácter público en nuestro país. Oficializada por la Corona española el 31 de enero de 1676, comenzó a operar en 1681, aunque es preciso señalar que, en 1548, el obispo Francisco Marroquín formuló la solicitud para crearla, pero no tuvo eco.
Dada la negativa, las órdenes religiosas instaladas en el territorio conquistado se encargaron de promover la academia, en especial dominicos y jesuitas. En ese sentido, el patrimonio que dejó Marroquín sirvió para montar colegios del máximo nivel educativo. Como la idea de una universidad no murió, la tentativa cuajó por las gestiones posteriores del también obispo, Payo Enríquez
Obviamente, «el recinto del saber» se abrió para atender la demanda de estudiantes con raíces hispanas, hijos de comerciantes y militares, por ejemplo. En esa línea, cuando la USAC empezó a funcionar albergó a 60 alumnos distribuidos en las cátedras de artes, cánones, escolástica, kaqchikel, leyes, medicina y teología. Hoy, la oferta de carreras es amplísima, la población estudiantil toca los 200 mil y manifiesta la calidad multilingüe, pluriétnica y multicultural de Guatemala.
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Los 350 años de historia abarcan una primera etapa colonialista, en la que en 1687 recibió el título de Pontificia, es decir, distinguida directamente por el papa, en ese caso, Inocencio XI. En este lapso se suscitaron cambios y actualizaciones en el pensum, propios de las influencias por la evolución del pensamiento que se generaba en Europa. Para los eventos de 1821 en estas latitudes, las autoridades carolinas apostaron por romper el cordón umbilical con el reino.
Al producirse la segunda etapa, la USAC vivió los enfrentamientos entre liberales y conservadores, un buen porcentaje de ellos egresados de esta casa de estudios, cuyos efectos iban y venían según el éxito o fracaso de la facción dominante. Las pugnas políticas y económicas tocaron las aulas, e incluso, en 1875 la universidad fue declarada nacional y sus símbolos originales suprimidos, incluida la enseñanza religiosa, proscrita en 1882.
Con el arribo del siglo XX y en la lucha contra la dictadura de Manuel Estada Cabrera llegaron los vientos de reforma impulsados en Córdoba, Argentina, un movimiento estudiantil que promulgaba democracia en el gobierno universitario, autonomía respecto del régimen de turno, proyección social y una serie de acciones académicas y administrativas en favor de las clases y las relaciones laborales. Con la junta revolucionaria de 1944 se emitió el decreto que concretó la autonomía, decisión que apuntaba a impedir toda injerencia externa que sometiera a la San Carlos.
En la segunda mitad del siglo XX la universidad, nacional y autónoma, alcanzó sus mayores brillos, y junto al desarrollo natural de los procesos sociales consolidó un alto nivel académico. También, docentes, estudiantes y trabajadores marcharon al lado de las reivindicaciones populares, situación que derivó en la detención-desaparición o ejecución extrajudicial de miles de ellos, mientras que otros/as cayeron en combate en el marco del conflicto armado interno.
Ser parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala, para quienes sin ella no hubiéramos podido ingresar en la educación superior, es dar gracias por esa oportunidad en un país que ahora cuenta con casi 20 universidades privadas. Asimismo, honrar a los mártires que perdieron la vida por la convicción de aspirar a una Guatemala diferente, ausencias que cada vez se extrañan más porque era gente coherente y consistente.
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