Donald Trump inició 2026 con una carambola a tres bandas: arrebató el control de Venezuela a Nicolás Maduro, puso a temblar a los gobiernos del continente y les recordó a aliados y rivales en el resto del mundo, que primero dispara y después pregunta.
Antes del 3 de enero, si bien las posturas no daban margen de convergencia alguna, prevalecía la idea de que el mandatario estadounidense no recurriría a la invasión. Tal vez por eso el gobernante venezolano presumía sus dotes de bocón envalentonado, en medio de los cursis pases de baile y retórica agresiva de uno y otro.
Sin embargo, no hubo más amagues, y para sorpresa general, en la madrugada sabatina del país sudamericano se modificó el guion del conflicto. Hasta el momento, lo único claro es la captura y traslado de Maduro y Flores hacia el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York luego de que la pareja voló del Palacio de Miraflores y aterrizó en la cárcel federal.
Los entretelones de la denominada «Operación Determinación Absoluta» no se han podido establecer con precisión, por lo que tendremos que esperar unos años para recoger elementos del rompecabezas a través de una película dirigida por Christopher Nolan, Kathryn Bigelow, Oliver Stone o Steven Spielberg.
Y es que la información ha sido escasa, dispersa y en la mayoría de los casos, sin fuentes idóneas. En contraposición, ha fluido propaganda de uno y otro lado, como esa en la que un trío de porristas rinde pleitesía al derrocado cuando afirma que todo lo que está ocurriendo en Venezuela es consecuencia de las instrucciones de Maduro, quien consideraba la posibilidad de ser detenido (¡!).
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Una vez trascendió la exitosa incursión de las fuerzas militares estadounidenses, Trump resaltó el, supuesto, saldo blanco en sus unidades, en tanto que a cuentagotas se fue conociendo de los bombardeos desde el aire que dañaron distintas instalaciones en diferentes localidades, además de Caracas. También se supo de la muerte de una treintena de cubanos a cargo de la protección de Maduro. Sobre este grupo élite, casi nada se ha dicho.
Para aprehender a Maduro es obvio que hubo traición, y en ese sentido ha circulado la versión del alto jefe castrense que desactivó todos los protocolos de alerta. Por el comportamiento de la nueva presidenta, Delcy Rodríguez, y las altas autoridades que se mantienen en sus cargos, luce y reluce pragmatismo puro y duro, deslealtad pues.
En resumidas cuentas, la novela no termina. Trump lo expresó: «Administraremos el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa». Esto explica por qué no hemos visto el asalto de las masas en residencias y oficinas de los oficialistas y tampoco la inmediata asunción al poder de María Corina Machado, del «presidente» Edmundo González Urrutia u otro opositor.
Que, aparentemente, no funcionaran los controles y equipos de defensa, que solo Maduro fuera el problema y que sin él se vayan aquietando las aguas no cuadra. Cómo ordenará Trump un gobierno sin el ahora recluso se irá perfilando, según parece, de manera pausada. En el ínterin, en Colombia y Cuba duermen con un ojo abierto; en Nicaragua, entre hechizos y brujerías empezaron a liberar presos políticos, y en otros puntos del hemisferio el Yes, sir comienza a practicarse. Más lejos, Dinamarca y su entorno lamentan que no se enfríe el tema Groenlandia. Por cierto, Estados Unidos no tiene amistades, solo intereses.
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