Una carta urgente desde las aulas
Una carta urgente desde las aulas
Nos dirigimos a universidades privadas, estudiantes, docentes, profesionales, trabajadores, madres y padres de familia: a todos los guatemaltecos que creemos en la educación pública y en un país libre y democrático.
Fuera de análisis fríos y estadísticas, esta carta surge desde la urgencia y preocupación que genera comprender lo que ocurre en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). No se trata únicamente de educación superior ni de sus miembros directos: nos afecta a todos como sociedad.
Mañana, 8 de abril de 2026, concluye el proceso de elección del rector para el período 2026-2030. Desde enero, miles de estudiantes, profesores y egresados se organizaron y votaron confiando en un proceso transparente. Ganaron contundentemente. Los electores que representan a estudiantes, docentes y egresados tienen la oportunidad de consolidar una universidad justa, transparente y accesible. Sin embargo, hay quienes se resisten a escuchar esta voz mayoritaria.
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Walter Mazariegos, rector que aspira a la reelección tras el proceso conflictivo de 2022, rechaza lo que los votos ya decidieron. Repite patrones conocidos: amenazas, intimidaciones, exclusión sistemática de planillas opositoras, retrasos injustificados en acreditaciones de cuerpos electorales hasta su rechazo definitivo. El campus central permanece cerrado bajo la excusa de trabajos de infraestructura, mientras grupos violentos agreden a estudiantes que reclaman su derecho a estudiar dentro de sus propias instalaciones.
Lo más doloroso tras la manipulación evidente es la indiferencia colectiva. Instituciones, autoridades universitarias, el gobierno y ciudadanos particulares miran hacia otro lado, como si los acontecimientos en la USAC fueran ajenos al resto del país. Cabe recordar que la universidad pública nacional nos pertenece colectivamente.
La USAC no es solo una institución académica. Tiene voz y voto en decisiones cruciales que determinan quiénes acceden a cargos de poder, el rumbo de la justicia y la orientación de la política nacional. Una universidad pública subordinada a intereses personales o gremiales particulares genera un daño estructural que trasciende sus muros.
Estos hechos nos confrontan con preguntas fundamentales: ¿sirve de algo el voto en Guatemala? ¿Pueden las instituciones cumplir su mandato constitucional de velar por el bienestar colectivo? ¿Recibirán los jóvenes de la USAC educación de calidad con instalaciones, docentes y programas académicos dignos que permitan ampliar el acceso —hoy limitado al 1% de la población— a la educación superior? Pero también pensamos en las generaciones futuras, aquellas que heredarán la universidad que hoy decidamos defender o abandonar.
A los estudiantes de la USAC: estamos con ustedes. Acompañamos su lucha y celebraremos esta victoria compartida. Estudiantes de universidades privadas, profesionales, egresados, académicos y ciudadanos se pronuncian en solidaridad. No deberán cargar solos con la defensa de lo que nos pertenece colectivamente.
A estudiantes de universidades privadas: no somos rivales, somos estudiantes guatemaltecos. Compartimos el mismo país fracturado, las mismas calles inseguras, el mismo futuro incierto. La empatía no depende de la institución que nos acoge. Pronunciarse no tiene costo; callar sí tendrá consecuencias diferidas.
Al pueblo de Guatemala: comprendemos el cansancio ciudadano y la tentación de la indiferencia. Sin embargo, involucrarse no siempre requiere manifestaciones callejeras: también significa informarse críticamente, cuestionar, exigir transparencia institucional y acompañar estas causas justas. El país solo cambia cuando dejamos de desentendernos de lo que nos concierne. Hoy Guatemala necesita ciudadanos comprometidos con sus estudiantes, quienes representan tanto el presente como el futuro nacional.
Por eso lo pedimos con urgencia: involucrémonos. Hablemos, compartamos información verificada, formulemos preguntas incisivas y exijamos instituciones que realmente velen por el bienestar guatemalteco. En este caso particular, reclamemos una educación superior pública de calidad para todos.
Recordemos que únicamente juntos, solidariamente acuerpados, podremos impedir que quienes abusan del poder en beneficio propio continúen hacerlo impunemente.
La USAC no debe enfrentar esta coyuntura sola. Ni hoy, ni mañana, ni nunca.




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