A la fecha, el pueblo de Xenacoj es un lugar pacífico, respetuoso de sus tradiciones y con una solidaridad activa. Especialmente, aquella que emana de los grupos organizados como parte de la pastoral social de la parroquia que durante cuatro años el padre Walter Santizo guio practicando lo que demanda el Sínodo de la Sinodalidad 2024 de la Iglesia católica. Todo esto mientras también enfatizaba en su labor la necesidad de que las «palabras se acompañen de hechos», así como la importancia de construir puentes entre las personas, hacer nacer la esperanza, crear un proceso local que inspire a la gente, escuchar el grito de los pobres, prestar atención a los pensamientos e ideas de los demás y testimoniar que es posible caminar juntos en la diversidad.
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El padre Walter logró todo esto organizando pastorales de salud, ambiente, vivienda, cultura, educación y evangelización, todas acompañadas por un equipo técnico que ha brindado soporte en la planificación, ejecución y evaluación de los proyectos. Me enfocaré en los resultados de la pastoral de salud, que han sido sorprendentes, aunque los logros en las demás áreas también son dignos de mención. En 2024, se realizaron jornadas médicas y un diplomado de salud y nutrición comunitaria, que graduó a 18 promotoras voluntarias. Estas promotoras apoyan el monitoreo de crecimiento, la entrega de harina fortificada y ecofiltros a las familias de las aldeas y del casco urbano, especialmente a aquellas con niños o niñas que sufren de desnutrición aguda. El objetivo es acompañar a las familias desde la comunidad en los cuidados de la salud y la prevención de la desnutrición.
En las aldeas, se logró recuperar todos los casos de desnutrición aguda y, según el reporte oficial del MSPAS, el 73 % de los casos de desnutrición aguda en todo el municipio se recuperaron en 2024. Todos los aportes para estos logros fueron completamente voluntarios; recursos, insumos y donaciones fluyeron como una avalancha de fe, esperanza y amor guiada por el padre Walter.
La Pastoral Social cerró el 2024 con excelentes resultados. Sin embargo, a inicios de 2025, llegó la noticia de que, tras cuatro años como párroco en Xenacoj, el sacerdote Walter Santizo sería trasladado. Esta noticia fue triste y amarga, pero llevó a la comunidad a organizarse rápidamente. En 48 horas, se realizó una colecta de firmas y apoyo de los diferentes grupos del pueblo para solicitar una audiencia y solicitud de prórroga para que el padre Walter continuara acompañando a su pueblo en este camino de la fe y solidaridad. Lamentablemente, la audiencia no fue concedida a los líderes del pueblo, y la solicitud fue respondida con una escueta negativa, sin mayor explicación. No se escuchó la voz del pueblo, que en este caso no fue la voz de Dios.
Fueron dos semanas de intensas despedidas. La misa de homenaje estuvo abarrotada, así como la primera misa en su nueva parroquia y la misa de entrega de la parroquia de Xenacoj, aquella que los antepasados construyeron en una noche, esa edificación, símbolo de resistencia de un pueblo que, durante cientos de años, ha procurado paz y desarrollo con sus propios medios y recursos.
El padre Walter, declarado xenacoreño distinguido por un pueblo agradecido por su incansable labor, ha logrado un lugar especial en el corazón de la comunidad. Su legado perdurará en la memoria colectiva, pues gracias a su gestión se entregó atol fortificado que salvó vidas y se implementaron ecofiltros que redujeron las enfermedades transmitidas por agua. Además, su compromiso se tradujo en la construcción de viviendas dignas para algunas familias. Su labor ha sido una auténtica manifestación del amor de Dios, reflejada en una mejora significativa en la vida material de innumerables personas.
Así que, ¡ánimo, xenacoreños! A seguir adelante con la misma fe y determinación inspirada en el padre Walter. Su legado vivirá en las acciones y en la voluntad de todos para hacer de Xenacoj un lugar aún mejor. Gracias, padre Walter, por tanto. Su luz seguirá guiándonos mientras nos esforzamos por llevar adelante Su misión de amor y solidaridad.
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