Quizás algunos de los versos más famosos y conocidos en este sentido sean los de Gustavo Adolfo Bécquer. Sin embargo, para recordar este día aquí van algunos fragmentos de poemas de autoras quienes han abordado a través de sus versos este tema[1].
Dice Rosario Castellanos en «Lo cotidiano»: “Para el amor no hay cielo, amor, solo este día; / este cabello triste que se cae /cuando te estás peinando ante el espejo. / Esos túneles largos / que se atraviesan con jadeo y asfixia, / las paredes sin ojos, / el hecho que resuena / de alguna voz oculta y sin sentido”. Agrega Alfonsina Storni en «La caricia perdida»: “Se me va de los dedos la caricia sin causa, / se me va de los dedos… En el viento, al pasar, / la caricia que vaga sin destino ni objeto, / la caricia perdida, ¿quién la recogerá?”
[frasepzp1]
Aparece la «Disyuntiva» en las palabras de Juana Castro: “La tentación se llama amor / o chocolate. / Es mala la adicción. / Sin paliativos. / Si algún médico, demonio o alquimista / supiera de mi mal / cosa sería / de andar toda la vida por curarme. / Pues tan solo una droga, / con su cárcel / del olvido me salva de la otra. / Y así, una vez más, es el conflicto: / O me come el amor, / o me muero esta noche de bombones”.
En su poema «XI.», se pregunta Mercedes Roffé: “¿El amor será al cuerpo / lo que la contemplación al alma? / ¿Ese sosiego? / ¿Esa intuición / del todo en el instante? / ¿Ese relámpago en el que lo real se vela acorde con su eco? / ¿La suspensión fugaz / que presiente todo, / y todo lo comprehende?”.
¿Será acaso una réplica a estos versos los que a su vez nos da Idea Vilariño en su poema «Lo que siento por ti?»; “Lo que siento por ti es tan difícil. / No es de rosas abriéndose en el aire, / es de rosas abriéndose en el agua. / Lo que siento por ti. Esto que rueda / o se quiebra con tantos gestos tuyos / o que con tus palabras despedazas / y que luego incorporas en un gesto / y me invade en las horas amarillas / y me deja una dulce sed doblada”.
La falta de amor es también soledad. Nos lo recuerda Isabel de los Ángeles Ruano en su poema «La noche»: “Qué edad, qué frío, qué tormenta / puede ser más terrible / que una noche / a solas, / una noche sin nada, una caverna / olvidada, un pasaje secreto, / de hielo. / Y digo una noche a solas / una noche de tiempo. / Y no hablo de sexo / ni del calor de un cuerpo, / no hablo de alguien, de algo, / hablo de una noche a solas /frente al universo, / en el infinito, / a solas con el cosmos chispeante, / con preguntas fósiles, / con nosotros mismos, / con todo”.
Como si fuera una respuesta aquí van los versos de Margarita Carrera en su poema «Todo es sencillo»: “No hay nada complicado / en la naturaleza. / Todo es sencillo / como el agua. / Cae la flor / con sencillez / Los pájaros cantan / con sencillez/ Nada hay complicado. / Hasta mi recuerdo es sencillo… / Hasta mi amor… / El mismo dolor / ¡Cuán sencillo es!”.
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[1] Todos los textos están publicados en distintas páginas en Internet y se pueden localizar si se escribe el nombre de la autora o si se copian y pegan algunos versos.
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