Según el diccionario de la Real Academia Española, «evasión» significa: «Del lat. tardío evasio, -ōnis. f. Acción y efecto de evadir o evadirse. Sin.: fuga, huida, escapada, escapatoria, escape, deserción, desaparición. f. evasiva. Sin.: evasiva, excusa, disculpa, pretexto, justificación, subterfugio, recurso, g...
Según el diccionario de la Real Academia Española, «evasión» significa: «Del lat. tardío evasio, -ōnis. f. Acción y efecto de evadir o evadirse. Sin.: fuga, huida, escapada, escapatoria, escape, deserción, desaparición. f. evasiva. Sin.: evasiva, excusa, disculpa, pretexto, justificación, subterfugio, recurso, gambeta».
Bajo esta premisa evadimos cuando nos enfermamos, porque ello de manera inconsciente nos evita asumir varias de las responsabilidades con que cargamos en la cotidianidad. Así sea la soledad o el abandono, la manipulación o el victimismo, cualquiera sea la motivación interna que nos inunde, sirve. Evadimos cuando criticamos, porque eso nos lleva a descargar en los demás una parte de lo que, voluntaria o involuntariamente, decidimos no hacer en algún momento del pasado o del presente. Evadimos cuando justificamos nuestras acciones, cuando nos disculpamos, cuando nos mantenemos en el espacio vívido de los recuerdos o en la imaginación del futuro que añoramos. Evadimos cuando la carga es tan pesada que, si no la soltamos, nos hundimos con ella.
Evadimos la realidad, también, con el consumo de algunas cuestiones que, a la larga resultan más dañinas que beneficiosas. Así, la comida poco sana (pero sabrosa) y en exceso nos da un paliativo momentáneo (el tiempo que tardamos en ingerirla antes de que nos sature la culpa), el tabaco, el alcohol, algunas otras sustancias para quienes las consumen, las apuestas, las compras excesivas. Incluso algunas cuestiones consideradas como sanas cuando las hacemos en exceso, sea el ejercicio o los estudios o el trabajo, son formas sutiles de evadir.
[frasepzp1]
El no hacer lo que corresponde cuando existe el imperativo categórico de hacerlo es asimismo otra forma de evasión. Mirar muchas series o maratonear viéndolas, así como no ver ninguna y quedarnos en blanco es evadir. Limpiar en exceso como no hacerlo es evadir. Todas estas formas sutiles y válidas de autoengañarnos es evadir: es un recurso ineludible para sobrevivir.
Evadimos también a través de la lectura, sobre todo si es de obras literarias. De todas las maneras de evasión es quizás la más encantadora y envolvente. Del presente que no nos gusta, nos repele y simbólicamente rechazamos y pasamos a mundos distintos, plagados también de problemas, de situaciones incómodas, pero que, por alguna razón, nos resultan más soportables y llevaderas. Los malvados y villanos están lejos, quizás en regiones insospechadas llenas de misterio, de magia, de cuestiones sorprendentes con palabras que despiertan nuestra imaginación y nos llenan de emociones. Los buenos, aquellos que luchan por la verdad y la justicia, aunque sea al final, ganan. Queda la esperanza y el alivio de que el bien vence al final, aunque le cueste, porque a veces, en la realidad de todos los días, pareciera que las cosas no se mueven ni rápido ni en línea recta. No hay extremos sino grises llenos de matices.
Lo bueno de todo esto es que no todos evadimos por motivos iguales ni de manera simultánea. Por eso como humanidad hemos pasado del modo de sobrevivencia extrema, de evasión, unas veces más otras menos, a un estado en el que somos capaces de disfrutar la vida en toda su maravillosa plenitud.
Más de este autor