En las buenas intenciones, como en el papel, parece que resulta fácil. No obstante, en la realidad cotidiana las cosas pintan de otra manera. «Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en la investigación científica en todo el mundo. En 2022, solo el 31,1 % de los investigadores eran mujeres, lo que evidencia las persistentes desigualdades de género en este campo. Menos del 2 % de los solicitantes de empleo en el sector cuántico son mujeres. En campos de vanguardia como la inteligencia artificial, solo uno de cada cinco profesionales (22 %) es mujer»[2].
Estos datos solo demuestran lo que se sabe en la práctica diaria. No solo el camino de las mujeres en general, y de las niñas en particular, está en una fase en la cual hay que recorrer un largo camino, sino, además, en la educación formal las niñas y adolescentes están inmersas en situaciones de violencia sistemática dentro de las instituciones educativas. Ello se demuestra en un reciente reportaje llevado a cabo por Candi Ventura, «Así aprendimos a callar: memorias escolares de las violencias cotidianas»[3].
¿Qué se requiere para que las mujeres y niñas tengan acceso a convertirse en investigadoras y científicas? Más allá de las cuestiones evidentes, cumplir con una serie de factores que tanto a nivel social como institucional funcionen de manera aunada y continua. Desarrollo solo algunas.
A nivel nacional, que exista no solo igualdad sino equidad de acceso a la educación científica en todos los niveles educativos. Esta tarea corresponde al Ministerio de Educación y a las universidades. Implica eliminar, por un lado, los sesgos de género desde la educación preprimaria y, por otro, velar porque existan laboratorios e implementos adecuados para que las niñas cuenten con los recursos necesarios para empezar, desde esta etapa, con un acercamiento efectivo hacia la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.
[frasepzp1]
Por otro, implica, además, velar porque la eliminación de los estereotipos de género no sea solo una cuestión plasmada en el papel, sino que sea considerada una especie de urgencia nacional, en tanto el prejuicio social y la descalificación de las mujeres que se interesan por el estudio de las ciencias siguen siendo una constante en nuestro medio. Aún prevalece la idea de que la ciencia es una actividad que ejercen «los hombres». Este tipo de estereotipos tan marcados influyen en la falta de confianza y en las decisiones educativas de las niñas cuando deciden estudiar alguna carrera universitaria, por ejemplo.
Si bien es cierto que cada vez se muestran más modelos y referentes de mujeres científicas y hay algunas que en Guatemala se dedican a la investigación, aún falta mucho para que tanto las primeras como las segundas se conviertan en referentes y fuente de inspiración accesibles y permanentes para las niñas y las jóvenes.
Además, como lo evidencia el reportaje de Candi Ventura, es obvio que los entornos educativos la mayoría de veces no son lugares seguros ni inclusivos para las mujeres. Por ello, es necesario que se promuevan espacios escolares libres de discriminación, acoso o sesgos. Solo así se podrá fomentar la participación de las niñas en ferias científicas, en proyectos que les permitan visualizarse como futuras científicas.
En síntesis, lo que se necesita son políticas públicas y apoyo institucional de diversa índole para que existan becas, y toda una serie de políticas educativas que reduzcan la brecha de género.Se eliminen los prejuicios culturales y se creen ambientes libres de violencia que impulsen la participación y el liderazgo de las mujeres y las niñas.
__________________________________________________
[1] https://www.un.org/es/observances/women-and-girls-in-science-day
[2] Ibid.
[3] https://www.plazapublica.com.gt/guatemala-desigual/informacion/asi-apren...
Más de este autor