Sin embargo, pese a los motivos poco ortodoxos que me llevaron a visualizar esta serie de 2025, la trama resultó inusual y me interesó profundizar más, pues según una información que leí, afirmaron que ya no tendría continuación. Me interesó, entonces, leer el libro para averiguar lo que quedó pendiente para una segunda temporada. Gracias a la habilidad de mi hijo menor que me apoya en estas búsquedas pude acceder a una página web donde hay una traducción al español sin fines de lucro realizada por algunos fans.
Inicié la lectura de la obra, que en español se traduce como «El viaje de un mortal hacia la inmortalidad», de Wang Yu[1]. Realmente desconozco si los datos que he encontrado en cuanto al libro y al autor son o no confiables. De lo que sí doy fe es que el libro consta de 2451 capítulos (cuya lectura normal abarca entre ocho y diez minutos cada uno) y de que la primera parte es la que da origen a la serie.
La trama se desarrolla con una temática que según parece (tampoco me consta, pues carezco de estudios sobre la mitología y literatura de este país) es común en China. En el mundo en el que se desenvuelve la historia conviven humanos y cultivadores —estos tienen el propósito de alcanzar la inmortalidad para lo cual deben atravesar diversas etapas, luchas y procesos—. La narración gira en torno a la vida de Han Li, el protagonista, desde que tiene diez años hasta que llega al reino de los inmortales.
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La lectura de este texto me ha impactado en varias dimensiones. Por un lado, lo más importante es el hecho de que, luego de quedar paralizada gracias a un bloqueo lector que me duró varios años, finalmente pude leer literatura como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Es decir, reloj en mano, leí a veces dos, ocho, catorce, veinte horas seguidas según el tiempo disponible y logré terminar esos casi 20 mil minutos en poco menos de un mes y medio. El solo hecho de recobrar mi sentido y gusto lector me genera tanto bienestar y felicidad que me siento renovada.
Por otro lado, como escritora me asombro por varias razones. Primero, por la enorme imaginación del autor que creó diversos mundos sin que se agotara el repertorio de nuevas y variadas experiencias. Lo afirmo porque, pese a que tuve esos años de ausencia lectora, en realidad desde la infancia devoré libros e historias como si engullera el pan diario y ya pocas cosas me generan asombro. Lo impredecible y el salirse de la caja de la narración tradicional es algo que permitió dar vida —y mantenerla— a esta novela. Segundo, en la mayoría de sagas que he leído las tramas hasta cierto punto son circulares. Se acaban y no dan para más cuando los protagonistas una vez resuelven sus problemas envejecen y mueren, salvo cuando se tratan de vampiros, por ejemplo. Esta es una cualidad de la novela: sin que el protagonista se desgaste o se pervierta como Dorian Gray, sigue viviendo en aras de alcanzar su objetivo. Ahí donde termina la novela podría ser el capítulo uno y continuar hasta el infinito. Estoy segura, habrá lectores que como yo estemos dispuestos a seguir leyéndola también de forma ilimitada.
En conclusión, qué bonito es leer. Qué gusto tan increíblemente hermoso. Qué satisfacción tan grande, de verdad, de esas que llenan el pecho de alegría y provocan una sana ansiedad por saber qué pasará a los personajes, cómo resolverán sus conflictos, con qué nuevos mundos se encontrarán. Qué regocijo, qué emoción, qué gratitud.
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[1] https://en.wikipedia.org/wiki/A_Record_of_Mortal%27s_Journey_to_Immortality
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