Quienes hacemos periodismo en esta redacción la queremos festejar, vestirla de gala, juntar a sus padrinos y madrinas, a sus seguidores, a sus amistades y futuros amigos.
La fiesta le parece bien aunque, en realidad, viaje quiere.
Nació en 2011 cuando el periodismo en internet era tratado como una categoría aparte al impreso, hoy son lo mismo, si no es que la única forma de existir. La Universidad Rafael Landívar apostó por ella y sigue haciéndolo, creando así una excepcional y ...
Quienes hacemos periodismo en esta redacción la queremos festejar, vestirla de gala, juntar a sus padrinos y madrinas, a sus seguidores, a sus amistades y futuros amigos.
La fiesta le parece bien aunque, en realidad, viaje quiere.
Nació en 2011 cuando el periodismo en internet era tratado como una categoría aparte al impreso, hoy son lo mismo, si no es que la única forma de existir. La Universidad Rafael Landívar apostó por ella y sigue haciéndolo, creando así una excepcional y genial anomalía en el ecosistema de medios de comunicación de Latinoamérica. Existimos con un financiamiento propio, asegurado y con libertad editorial para abonar a nuestra gran meta: ser el medio de comunicación referente para entender Guatemala a nivel nacional y regional.
Desde entonces dejó huella en el Juicio por Genocidio, la Caravana Migrante, y recientemente con un documental filmado en Arizona. Han sido ―y serán― investigaciones propias que marcaron la identidad de este medio; y justo por eso quiere salir más.
Plaza Pública sabe que la fiesta de sus 15 años será un respiro para quienes aquí escribimos, diseñamos, grabamos y fotografiamos, nos quiere consentir este 2026 tan agotador políticamente. Se regocija cuando nuestras publicaciones marcan la conversación del día, la semana o el mes; y un poco más cuando las autoridades no tienen más remedio que cambiar lo que denunciamos.
Es feliz, pero no le es suficiente.
Entendió ―porque de eso se trata madurar― que el trabajo en redes sociales nunca será el último fin sino la puerta de entrada a tener diálogos reales y presenciales. Sabe que cuando la invitan a eventos presenciales se da el gusto de contar esas grandes historias que hemos encontrado, para luego guardar silencio y escuchar lo que sea que quieran contarle.
Nos pide que la llevemos a parroquias; a un salón donde se reúne el cocode; a las asambleas de organizaciones que pelean por cuidar los bosques.
Las carreteras en mal estado y el tráfico hacen parecer que la distancia para llegar ahí sea aún mayor. La opción fácil es un Zoom, una charla, abrir el micrófono para preguntas y listo. Pero, ¿quién dijo que esta Plaza Pública sería algo sencillo?
Es por eso que en las próximas semanas lanzaremos una campaña para informar cómo nos pueden invitar. Apenas tengamos una oportunidad, montaremos la «Petunia» —así llamamos cariñosamente a nuestro picop de coberturas— para llegar a donde esté la mayor cantidad de gente posible. Pueden ser 20 personas y cinco horas de viaje, vale la pena.
La fiesta está bien, insiste, pero para sus 15 años Plaza Pública quiere viaje.
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