Ese escenario, sin embargo, no es una victoria completa. Es, más bien, la posibilidad de que las negociaciones tengan mínimos contrapesos contra un único operador.
Y tener un buen rector y un buen decano era la posibilidad de construir un contrapeso frente a Mazariegos, comisionados con quienes se pudiera cabildear el listado de posibles magistraturas para el TSE. Que no se trataba de alcanzar un listado ideal y sin intereses, sino de abrir una grieta por donde pudieran colarse perfiles grises y, en el mejor de los casos, impulsar algunos legítimos.
Esa grieta se cerró con la elección de rectores. La designación del rector de la Universidad Panamericana dejó claro que hubo negociaciones para impedir que llegara alguien con mayor independencia y sin vínculos con los mismos operadores de siempre. No fue una elección técnica ni neutral ni siquiera fue legal, porque es una elección impugnable por tratarse de un ministro de culto.
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Desde ahí, el escenario cambió, porque si ya no hay contrapeso desde las universidades, la posibilidad de romper la captura total del proceso pasa por los representantes del CANG. Por eso, la oportunidad de que no sean de la misma planilla de estos operadores, y en particular de Walter Mazariegos, hay que tomarla. El mejor escenario posible hoy sería tener, entre los cinco comisionados, a alguien que, aunque no logre constituir un verdadero contrapeso, sí tenga la influencia necesaria para evitar que el listado completo quede en manos de un solo grupo, el de Mazariegos.
Lo que está en juego no es solo quiénes integran una lista, sino la posibilidad misma de que el proceso conserve algún margen de independencia. Si la Comisión de Postulación del TSE queda bajo el control de un solo operador, el riesgo es que los magistrados que dirigirán las elecciones de 2027 y 2031 respondan y dependan de una sola línea de poder. Esto convertiría a las elecciones en un mero procedimiento con final ya escrito, uno horrible, por cierto.
Con estos riesgos claros, creo que la pelea que viene en las siguientes semanas tampoco será una batalla por impulsar perfiles probos y éticos. Más que elegir entre buenos y malos, será entre el monopolio y la fragmentación de intereses. Se tratará de movilizar a otros operadores con influencia para romper el control casi absoluto de Mazariegos y evitar que, entre lo gris que inevitablemente pasará, se impongan perfiles que respondan al sicariato que se intentará colocar. Será un juego de quién da más, sí, pero al menos no completamente capturado por un solo actor.
Por eso, aunque cuatro espacios ya están pactados y no respondan a los intereses de la ética y la democracia, el rector y el decano aún tendrán margen para negociar con quienes les ofrezcan una mayor cuota. Y la posibilidad del quinto espacio, un solo voto, puede cambiar un poco el juego, porque vale exactamente lo mismo que cualquiera de los otros. Por eso, en la elección del CANG está la posibilidad de que eso ocurra.
Y si este escenario no se cumple y, en cambio, gana la planilla de Nester Vásquez y Mazariegos, el fondo de esta columna tampoco cambia tanto. Mazariegos tendrá más cabida, pero ese poder se repartirá entre la alianza: Nester Vásquez, Mynor Moto e incluso, al final, los fiscales más cercanos a Consuelo Porras que perdieron la primera vuelta.
Así que, en la mesa que se va a negociar, difícilmente los sectores más éticos tendrán espacio. Lo que queda es impedir que sea acaparada por un solo actor.
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