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Venta de sombrillas en los días más calurosos del año.

Guatemala pasará de olas de calor a eventos de lluvia intensa

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Guatemala pasará de olas de calor a eventos de lluvia intensa

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El desmedido calor pasó de ser una simple novedad en las secciones noticiosas del clima para convertirse en motivo de preocupación entre los guatemaltecos. ¿Qué realmente pasa? El tema es complejo, pero tiene su punto de partida en el cambio climático que no solo deja ya modificaciones irreversibles en la temperatura promedio, sino que traerá consigo nuevos eventos extremos, esta vez de lluvia intensa.

La evidencia estadística es capaz de hacernos sudar tanto como el calor: este quinto mes del año aún no expira, pero es ya el mayo más caliente registrado en Guatemala desde 1970. Nada menos que en 54 años.

Si tales mediciones climáticas anuales no son suficientes, expertos revelan que otros registros confirman cambios irreversibles en las temperaturas promedio de la última década, hacia arriba en municipios que se preciaban de ser fríos (Quetzaltenango) y, curiosamente, también hacia abajo del termómetro, en ciudades que padecen ahora mismo calor sin precedentes (Cobán).

Con tales modificaciones climáticas no es de extrañar que las predicciones de los meses venideros sean poco esperanzadoras, ya que pasaremos de las ahora populares olas de calor a eventos igualmente inusuales, pero marcados por precipitación copiosa.

En medio de este panorama preocupante, cada vez hay que poner más atención al llamado cambio climático. Un cambio innegable, si nos atenemos a las evidencias, que afecta al planeta entero.

Un análisis reciente confirma que los sucesos climáticos se han intensificado. Aunque este año se hizo presente el fenómeno climático El Niño, la magnitud del calor ha sido tal que las estadísticas prueban que, en promedio, acabamos de sufrir cuatro semanas históricas, a las que seguirán eventos de lluvia intensa y sequías prolongadas.

No es lo mismo hablar de clima, tiempo, variabilidad climática y cambio climático. Mientras el tiempo y el clima son condiciones atmosféricas en áreas geográficas y estaciones específicas, la variabilidad climática y el cambio climático representan transformaciones, sean permanentes y significativas, o temporales en estas condiciones.

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Las olas de calor recientes tienen su origen en un fenómeno de variabilidad climática conocido como El Niño: el calentamiento anormal de las aguas del Pacífico que genera temperaturas más altas. En otras palabras, es un cambio temporal, por lo que dure el fenómeno, y que ha ocurrido históricamente en distintos años. Con todo y eso, en esta ocasión el cambio en la temperatura alcanzó niveles mayores.

El doctor en cambio climático Paris Rivera lo explica así: «Los fenómenos El Niño y La Niña nos traen temperaturas cálidas o frescas y son ciclos que se dan cada cuatro, cinco o siete años. Si bien hay una variación de eso, el cambio climático está alterando esa variabilidad natural; entonces lo que percibimos normalmente ya no es normal».

Es común percatarse de mayores temperaturas durante los años en que El Niño se hace presente, pero no que alcance la magnitud sensible en este periodo. Partiendo de que el cambio climático se traduce en transformaciones significativas, la intensificación del calor en este año es un efecto real.

Estudios estadísticos realizados entre 1970 y 2024 por el mismo Rivera muestran que mayo del presente año registró la temperatura promedio más alta de dicho mes en una muestra de los siguientes poblados calurosos: La Fragua, Santa María Cahabón, Flores, Chixoy, San Agustín Acasaguastlán y Panzós.

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«Este calor es por una parte cambio climático y por otra, variabilidad natural», subraya.

Es el clima en general, no solo el calor 

El calor no es lo único que sufre alteraciones, sino el clima en general. «Decir cambio climático es decir sí, yo ser humano, estoy cambiando el clima natural, entonces lo que percibimos ahorita se podría decir que ya no es el clima natural, sino que ya está modificado por el ingrediente del ser humano», advierte el experto.

Las lluvias, las sequías y los incendios se convierten en eventos extremos. «En los últimos años se ha visto que hay más inundaciones, terremotos, tormentas, sequías… eventos extremos. Un evento extremo es cuando se sale del promedio de determinados valores. Y esto coincide con ese calentamiento y ese cambio climático que se percibe», continúa este conocedor, quien también es ingeniero civil y tiene una maestría en recursos hidráulicos. 

Por eso, aunque en este periodo caluroso se han atrasado las lluvias, va a llover. La precipitación necesita del calor para intensificarse. Entre más temperatura, más intensas pueden ser las lluvias. 

Para entenderlo mejor, Rivera expone: «Esto se le atribuye al cambio climático porque al haber más calentamiento es más fácil que se genere una ciclogénesis de tormentas. Uno de los ingredientes que necesita un ciclón tropical para formarse es la temperatura del océano y si la temperatura del océano está más cálida de lo normal, pues ahí ya tenemos un ingrediente; hay otros por supuesto, pero ese ya es un factor importante que se cree que influye en la formación de más tormentas».

Los patrones de las lluvias también están modificándose. Si antes llovía cierta cantidad distribuida en un periodo de tiempo específico, ahora la misma cantidad puede llover en menos tiempo. 

«En un mes de lluvia hablamos de septiembre. En términos muy generales, en septiembre se precipitan en un lugar unos 250 milímetros de lluvia, pero esos 250 milímetros están distribuidos, por ejemplo, en 25 días por poner mucho. Ahora ya no caen en 25 días sino que en 15 y, probablemente, la misma cantidad. Entonces esa misma cantidad en poco tiempo causa problemas», concluye.

Mal diseño urbano también incide

Además de los cambios en las magnitudes de los eventos climáticos, el entorno físico, social y hasta político contribuye a la sensibilidad y al cambio climático en sí. Las edificaciones y sus materiales, las políticas de planificación y el comportamiento del ciudadano generan condiciones que no se adaptan a los cambios. 

La arquitecta e investigadora del Instituto de Investigación en Ciencias Naturales y Tecnología (IARNA), de la Universidad Rafael Landívar, América Alonso, se dedica a estudiar el clima en espacios urbanos. Ella comenta: «Hay un mal diseño y mala selección de materiales que usamos a nivel urbano, y por ello la misma ciudad retiene mucha energía que se disipa a lo largo del día; por eso también tenemos mucho más calor y es una responsabilidad del diseño urbano y planificación, de los mismos materiales que elegimos para casas, techos, etc.»

A lo largo de los años, las acciones de los ciudadanos generan contaminación y comienzan a incidir en la temperatura y el clima, desencadenando, en parte, el cambio climático, tanto por el calor como por las lluvias. En ese punto coinciden Rivera y Alonso. 

«Guatemala es vulnerable. Hacemos construcciones sin medidas de protección, sin evaluar el clima o la vulnerabilidad. La llovizna que ocurrió hace un par de días y causó inundaciones en algunas calles, ya es una vulnerabilidad local muy mala. Escuché en las noticias que la Municipalidad de Guatemala limpiaba drenajes y sacaba un montón de basura como colchones y sillones, lavadoras y hasta cadáveres. Entonces esa falta de cultura de la población hace que no funcionen bien los drenajes y se escurra el agua», lamenta Rivera al respecto.  

En el caso de Alonso, entre sus conclusiones menciona la intensidad con la que se sienten las olas de calor o las lluvias, y no culpa sólo del cambio climático, sino también de la intervención humana. «Hay una responsabilidad humana en todos los efectos climáticos que sentimos y afectan nuestro bienestar», asevera.  

El futuro en manos del cambio climático

A pesar de los múltiples factores que alteran el clima, el cambio climático está presente y en casos específicos ha hecho transformaciones irreversibles. En el caso de Guatemala, hay dos municipios que presentan variaciones permanentes en su temperatura.

El estudio Caracterización climática de Guatemala para consideraciones de diseño en edificaciones, realizado por la misma arquitecta Alonso y por Edson Hernández, miembro del equipo de IARNA, comprobó que en los municipios de Quetzaltenango y Cobán el cambio climático ha hecho de las suyas. 

En el primero, la temperatura promedio durante la década de los 80 y 90 se mantuvo en 12 grados. Sin embargo, de 2010 para la actualidad, la tendencia marcó un nuevo promedio: 14 grados. «Este cambio es irreversible», comenta Alonso.

En el caso del municipio de Alta Verapaz, la temperatura promedio hace 30 años era de 24 grados. Pero en los últimos 10 años, se demuestra que el promedio ha bajado a 22 grados. Y ese cambio tampoco tiene marcha atrás.

Aunque los cambios no parecen extremos, son significativos porque no volverá a ser como antes. Y en ese contexto es que deben entenderse, más allá de que en las últimas semanas el calor haya sido extremo en esas dos ciudades.

Incluso, se ha comprobado que con un par de grados de diferencia en la temperatura el desarrollo cognitivo del ser humano no es igual. El Departamento de Salud Ambiental y el Programa de Riesgo, Exposición y Epidemiología, de Harvard, analizaron el desarrollo cognitivo de estudiantes en edificios sin aire acondicionado y de quienes sí viven con esa facilidad, en periodos de olas de calor. 

El resultado confirmó que hay déficit del desarrollo cognitivo en los estudiantes que no tenían aire acondicionado en sus viviendas y sugiere que se tome en cuenta para incorporar medidas de adaptación para conservar los logros educativos, productividad económica y seguridad ante un clima cambiante. 

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Finalmente, se espera que para finales de siglo las temperaturas se vean tan afectadas por el cambio climático que el promedio aumente entre 4 y 5 grados. El porcentaje de precipitación puede reducirse, aunque la intensidad de las lluvias sería aún más fuerte. 

«Hemos hecho proyecciones con escenarios de cambio climático y vemos justamente que se prevé para finales de siglo un calentamiento que puede llegar a ser de 4 a 5 grados más de la temperatura que tenemos actualmente. Estas proyecciones se hacen considerando que seguiremos comportándonos igual y consumiendo igual», sostiene Rivera. 

Su advertencia es más que clara. Si seguimos así, la tendencia sólo dejará un camino: el calentamiento. 

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