Como expresión humana, quiero saber, porque me parece que es un gesto que se enfrenta a la pasividad: se levantan las comisuras, se estiran los labios, se abre la boca, se enseñan los dientes y eso es la sonrisa.
Los que han estudiado la sonrisa dicen que las expresiones de nuestra cara son configuradas genéticamente. Es decir que no las aprendemos, al menos no todas las aprendemos. La sonrisa conocida como la “sonrisa de Duchenne” es la sonrisa que involucra a alrededor de 17 músculos cercanos a la boca, y a otros cuántos de los ojos. Es la expresión de una emoción genuina. Ésta es la que dicen que no se aprende, y que aún muchos ciegos que no logran ver los gestos en otras personas, logran sonreír a la manera que Guillaume Duchenne se apasionó por estudiar, ese misterioso y mágico gesto humano. Me gustaría pensar que la sonrisa es una hermosa herencia de la humanidad, tan lejana en el tiempo que se ha vuelto ADN universal.
La sonrisa es tan cotidiana como olvidada en el mundo de las ciencias hoy, y por mucho tiempo del arte mismo. Pocas obras hay con una sonrisa. Al parecer, sólo los griegos, la sociedad etrusca y baekje de algunos siglos antes de Cristo, representaban algunos guerreros y algunas esculturas sonrientes. Lo que se conoce como “la sonrisa arcaica” es tal vez una manera que se tenía en ese tiempo para representar una sensación de bienestar y de vida. La sonrisa como muestra fidedigna de la vida. Luego vino el cristianismo, su seriedad con la Iglesia, el olvido y el borrón de unos doce más Uno sonrientes, la Edad Media, las guerras y la sonrisa se perdió. Por eso la fascinación por la Mona Lisa. Sólo alguien como Da Vinci se atrevería a pintar a una mujer sonriendo. Sólo un hombre valiente, curioso, creativo, y enamorado de la vida, la pudo pintar y estremecer al mundo con una sonrisa.
Los filósofos, aunque usted no lo crea, han estudiado la risa. Lo ha hecho el gran Plantón y Aristóteles, lo ha hecho Kant y lo ha hecho Hegel junto a Schopenhauer y Bergson. Han hablado de elementos sorpresa, de actitudes de muñecos mecánicos. Pero a todos se les ha olvidado hablar de lo que está debajo de la risa. La sonrisa, como palabra misma viene del latín, de “son” que es utilizado para decir “abajo” y de “risa” que es el verbo que habla de reír y de lo ridículo. Es tal vez uno de los gestos más intrínsecos de cada uno de nosotras.
Claro que están las falsas sonrisas, las sonrisas burlonas, tímidas, las sonrisas hipócritas, las llamadas “sonrisas sociales”. Aquellas que aprendemos a hacer cuándo nos presentan a alguien, cuando estamos nerviosos, cuando estamos como la gran diabla y no queremos hablar y desearíamos dejar pasar el momento… Aunque existen, me gustaría pensar en la sonrisa genuina como el gesto humano, el más pequeño y el más desapercibido por muchos, que reconoce en el otro la dignidad de su persona. Ahí, su valor infinito.
Discúlpeme hoy, como dice alguien con quien lo hago a menudo y encuentro en eso una gran plenitud, por divagar en algo tan poco importante como la sonrisa. Por aquello de que los psicólogos tengan razón, o sólo por probar con la “hipótesis de la respuesta facial” que asume que una sonrisa, aún sin ganas, mejora el ánimo ligeramente, le pido que si me topa hoy por la calle, o si topa hoy a alguien desconocido, le sonría, y encuentre en ese momento tan pequeñito, lo grande de la vida.
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