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Reclamo de un migrante hondureño: «A mis hijas no las abandoné, nos abandonó el Estado»

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Reportaje

Reclamo de un migrante hondureño: «A mis hijas no las abandoné, nos abandonó el Estado»

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Cada año 200,000 hondureños cruzan tres fronteras para emigrar a Estados Unidos. Si el padre se va, la madre queda a cargo. Si ninguno de los dos está, la hija mayor asume ese rol aunque aún no cumpla ni 18 años. Su país les falló, reclaman, por eso se van. Los niños que se quedan no están en la conversación. Tampoco los niños que migran.

Jaime dudaba de su nuevo rol de padre lejos de Alejandra, Eva y Abigaíl, sus hijas. Era 2021 cuando emigró a Estados Unidos y le angustiaba pensar si le tendrían rencor por marcharse. Estaba preocupado, pero también claro en algo: «a mis hijas no las abandoné, nos abandonó el Estado».

En adelante, su familia sería una cifra de la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM) del Instituto Nacional de Estadística de Honduras (INE). En 2017, el 11.3% de las familias en Honduras (alrededor de 220,000) eran monoparentales. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) dice que es difícil calcular la cantidad de niños y niñas de padres migrantes que se quedan en su país de origen.

Lo que sí cuentan son los hogares con al menos un familiar que emigró a otro país: 454,733 según la Encuesta Nacional de Migración y Remesas, hasta febrero de 2023.

Las hijas de Jaime quedaron a cargo de Cecilia, su esposa. En realidad ese no es su nombre. Tampoco se llama Jaime él, ni sus hijas Alejandra, Eva y Abigaíl, pero la familia existe y, hasta hace tres años, residían todos juntos en la capital del país, Tegucigalpa.

Cruzó la frontera con su grupo de amigos, algo que no todos logran. «En el caso de mi esposo, afortunadamente todos pasaron sin problema», contó Cecilia. Llegaron a Texas y «pidiendo raite» llegaron a Florida. Al año, unos 200,000 hondureños recorren el mismo camino, 44,000 mil llegan (el 20 %), registró la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

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Según datos del Observatorio Consular y Migratorio de Honduras (Conmigho), cada año entre 48,000 y 100,000 personas son detenidas en su intento por pasar a Estados Unidos, y retornadas por autoridades de ese país o mexicanas. Más de 9,000 hondureños fueron retornados a su país de origen entre enero y febrero de 2024.

Cecilia, Alejandra, Eva y Abigail no tienen planes de migrar sino de reunirse en 2029 cuando él regrese. Cuando reúna el dinero suficiente para emprender algo en Honduras.

Los niños y niñas que se van, que se quedan

Jaime tenía 34 años al emprender el viaje de tres meses –donde se lastimó una pierna– para cruzar tres fronteras. Alejandra, Eva y Abigaíl, para entonces tenían 11, 9 y 3 años.

«Pensaba que (mi papá) ya no me quería, me costó comprender su razón, fue un proceso que llevé sola», compartió Eva. Culpa, el sentimiento que suelen experimentar niños y adolescentes cuando sus padres emigran, explicó Heydie Cañas, especialista en psicología educativa. «Los niños piensan que son una carga para sus padres, aunque probablemente no exterioricen los motivos de su angustia».

La manera para salvar la distancia son las videollamadas, de hecho, ese fue el medio empleado para entrevistarlo. Aún así, para Eva, «todo se ha complicado, quisiera que no se hubiera ido». Las hijas de Jaime no recibieron acompañamiento psicológico durante el proceso de adaptación luego de su partida.

«Su desempeño escolar también puede verse afectado, o en cómo se muestra a sí mismo socialmente», agregó la psicóloga. Las futuras rupturas en el tejido social son una preocupación constante para María Elena Flores, directora de Save the Children en Honduras. Debemos fortalecer el tejido social local. Esto se consigue cuando trabajamos con líderes de la comunidad, cuando nos formamos acerca de la protección».

Flores recomienda vincular la prevención de la violencia con la prevención de rupturas en el tejido social. Se hace, dijo, a través de mecanismos locales que permitan identificar situaciones de riesgo para la niñez y asistencia inmediata como primeros auxilios psicológicos. Al acercarse a la comunidad se contribuye más que cuando promueven una ruta institucional de atención de casos.

Desde hace tres años Jaime no está para ayudar a Cecilia con el garrafón de agua.  «Nosotros hemos aprendido a la distancia a involucrarnos un poco más en la vida de nuestras hijas, hablar con ellas, hacerles comprender muchas cosas», anota Cecilia sobre las dinámicas de cuidado que tienen ahora como familia. Eva estaría mejor si no se hubiera ido.  «Pasar de tenerlo todos los días a solo por videollamada ha sido complicado», dijo.

Según observaciones de Cañas, la especialista en psicología educativa, los hijos de emigrantes suelen emprender el mismo camino que sus padres. A Eva no le interesa una vida en Estados Unidos, a Cecilia tampoco. «Es un riesgo que no estoy dispuesta a correr». Abigail, a sus seis años, sí, aunque su motivación es, por ahora, solo conocer Disneyland. Sobre la niñez migrante acompañada o no, el INM no ofrece estadísticas.

Hay otro hecho que Save the Children Honduras observa en el fenómeno de la migración. «Encontramos altos índices de monoparentalidad en la familia o las niñas jefe de familia y esto expone los riesgos frente al reclutamiento (a maras o pandillas) forzado por violencia», sabe Wendy Lagos, psicóloga de la organización. 

Considerando las probabilidades de que los menores de edad se integren a maras o pandillas, Lagos agregó que  «un problema es la falta de autoridad (...) es muy difícil que un hermanito menor vea a su hermanita como una autoridad que debe obedecer. Una niña no puede preparar a sus hermanitos para todos los problemas que vienen en el camino». 

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) con datos recolectados en la encuesta permanente de hogares de 2023, el 38.2 % de los hogares tiene jefatura femenina. El 44 % de estas mujeres son solteras; el 19% son viudas y el 16% está en unión libre. La edad promedio de ellas, dice, es de 48 años. La encuesta no aporta información sobre la monoparentalidad por migración.

Cuando se intenta abordar la migración en todas sus fases y perspectivas, la niñez es la población más ignorada, conoce de cerca Flores, la directora de Save the Children. «La situación de las niñas y de los niños ni siquiera se enuncian en este proceso de niñez en situación de movilidad».

En septiembre de 2023, en una sesión del Consejo de Ministros de Honduras, convirtieron la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf) en Secretaría, en la Senaf. Una decisión bien recibida, aunque con peros.  «Los esfuerzos deben ampliarse y destinar más recursos para la niñez», insiste Flores. Los asignados para la Senaf en 2024 son 283 millones de lempiras, unos 10.9 millones de dólares, recursos que se focalizan en ciudades, en áreas urbanas.

«Nos encantaría que la respuesta sea a nivel nacional, por ahora se concentra en las ciudades principales (...) necesita trabajarse en un sistema de respuesta integral en los 18 departamentos del país», apuntó Flores.

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El Estado que los abandonó

Cerca de 800,000 hondureños residen en el extranjero de manera regular e irregular.

La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, del Partido Libertad y Refundación (Libre), asumió la administración del país en enero de 2021. En su plan de gobierno prometió trabajar una «política migratoria humanista».

En un párrafo de la propuesta se lee: «Se buscará contrarrestar las migraciones forzadas garantizando el derecho de las personas de vivir y/o retornar a un país y un lugar seguro, en condiciones de dignidad y libertad».

Prometió colaborar con la comunidad hondureña fuera de sus fronteras, entre otros reducir las comisiones que cobra la banca por cambio de moneda cuando se envían o reciben remesas. Jaime envía cada semana 100 dólares de su trabajo como reparador de techos en Florida, Estados Unidos. En Honduras era propietario de una tapicería de muebles donde sus ingresos estaban por debajo de esa remesa que ahora envía.

El discurso de Castro también mencionó generar empleo. Uno de estos programas impulsado desde el gobierno central es el Servicio Nacional de Emprendimiento y el de Pequeños Negocios (Senprende), además de la Mesa de Trabajo Mipyme (micro, pequeña y mediana empresa). Los asesoran para formalizarse, les brindan asistencia técnica y financiera.

El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) presentó en agosto de 2023 el «Pacto por Empleo» para priorizar la generación del mismo en la agenda del país y atraer inversiones. En febrero de 2024, el Cohep hizo un llamado a su Gobierno.

A Cecilia no le interesa la política. A Eva sí. «Tengo opiniones sobre la política: no creo en los cambios que nos prometen los gobiernos», dijo. Busca en la mirada de su madre aprobación en lo siguiente: «no pedimos mucho, ¿verdad? Educación, salud y empleo». Después de una pausa continúa: «seguridad para las mujeres… no sé números, pero veo muchos femicidios en las noticias».

Según el Centro de Derechos de Mujeres (CDM), en 2023, en Honduras, 386 mujeres murieron de forma violenta, el rango de 20 a 29 años es el más vulnerable. Según los datos recolectados hasta febrero del 2024, 40 mujeres murieron de forma violenta. Los números precisos que Eva ignora, pero algo sabe por las noticias.

Cifras que también describen el reclamo de Jaime, «nos abandonó el Estado».

Llevan tres años de verse en la pantalla de su celular, por ahí ve crecer a Alejandra ahora de 14 años, Eva de 12 y Abigaíl de 6. De conversar por ahí con Cecilia, su esposa. Y faltan cinco años para 2029 cuando se reúnan según su plan. Jaime sigue pendiente de su familia, él no abandonó a sus hijas.

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