La literatura nacional emana resistencia, siendo la palabra un refugio de la memoria colectiva. Luis de Lión fue un profesor y poeta nacido en San Juan del Obispo en 1939 y desaparecido a manos del Ejército de Guatemala en 1984. Su poesía actúa como un método con el cual podemos abrazar la memoria personal y (re)generar la comunitaria. Al contrario de las creencias clásicas, la literatura deja de ser una acción individual y sus letras surgen colectivas al realizar un llamado a la lucha y a la organización. Su poemario «Palabra Insurrecta (Panfletos)», cuenta con sensibilidades que responden a este llamado, haciendo que la literatura devenga comunidad.
El poemario inicia con dos poemas que se vuelven plegarias: Oración de la Paz y La Salve. Dentro del país, las oraciones podrían considerarse parte del vocablo nacional, por lo que su reapropiación resulta en un acto de gran potencia. «Pueblo mío: Hazme instrumento de tu paz», escribe el autor en el primer poema. A simple vista, podría decirse que estas oraciones cumplen una función íntima e individual para el escritor; sin embargo, las plasmadas en papel suelen tener un fin más: la repetición colectiva. Tal y como funciona el Padre Nuestro. En el segundo poema, Luis de Lión se apoya de la estructura del Ave María y recoge la oración para hablarle a la patria: «llena estás de ternura, la Revolución es contigo».
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En el mismo poemario, también se encuentra una serie llamada Letreros, que contiene consignas que buscan habitar las calles. Los letreros son objetos dinámicos que pasan de mano a mano, se producen en masa, abrazan las paredes, los postes, los ojos de quien los leen y las voces que los anuncian. El autor nos dice: « Compañeros: Hay que ser como el río, cuya corriente siempre se mueve, cuyo caudal siempre aumenta». Esta consigna, muestra la fuerza de los letreros y de la colectividad que conjura, siendo ambas dinámicas y diversas. A través de este poema, aprendemos a ser río, notando su flujo, su potencia y su unidad.
Al ser la escritura una práctica situada, múltiples experiencias convergen dentro de las obras de Luis de Lión; pero la mayor huella que deja es su ser profesor. En su poesía se percibe su deseo y su sensibilidad frente a la enseñanza. Sus versos son pedagogías poetizadas. En el poemario Nueva Erupción, se retrata de forma más cercana su experiencia como educador. En los poemas Nuestras Consignas y Discurso ante los alumnos de 5to año de primaria, se plasma mediante recursos poéticos, las lecciones de resistencia y concientización que les transmitía a sus alumnos. «Compañeros estudiantes, compañeros niños, es necesario revisar nuestro cuaderno si mañana todo lo que aquí dijimos se nos olvida». Sus lecciones traspasaron el salón de clases y las escuelas para formar infancias sensibles y para abrazar los pasos de la colectividad.
Luis de Lión se enternece y usa la fuerza social para hablarles y hablar-con los niños. Aunque sus discursos y poemas los escribe para sus estudiantes, todos llegamos a ser influidos por su literatura. Leerlo es aprender que «los claveles ya no surgen, sino resurgen», es apreciar que la poesía brota comunalmente, porque, al igual que la resistencia, también surge clandestinamente. El autor demanda la práctica de memoria histórica y exige el uso de nuestro derecho de respuesta. Sus poemas obran y hacen visible el poder de las palabras, muestran el poder de la contrahistoria. Las letras de Luis de Lión mueven a la acción, a la organización y al aprendizaje. Sus versos agencian la memoria, alejándose de la individualidad para vivir entre el pueblo y en el poema que forma la lucha colectiva.
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