Los datos que produce el Instituto Nacional de Estadística incluyen un grupo de indicadores de accidentes de tránsito, los cuales detallan aspectos como número de accidentes por departamento, número y tasa de fallecidos y lesionados por departamento, sexo o grupo etario. Por su parte, los boletines estadísticos que produce el Observatorio Nacional de Seguridad del Tránsito, del Departamento de Tránsito de la Dirección General de la Policía Nacional Civil, ofrecen datos sobre operativos policiales, multas y sanciones aplicadas por ubicación geográfica, tipo de vehículo, capacitaciones, número de personas fallecidas y lesionadas, datos de hora, días, rutas, características de quien conduce, como edad sexo y otros, estadísticas especiales para siniestros en motocicleta, causas y muchos otros.
Es justo reconocer el enorme y valioso esfuerzo que estas entidades hacen para lograr producir las estadísticas que, pareciera, son poco conocidas o, incluso, peligrosamente ignoradas. Un error grave, toda vez no deberíamos ignorar el alto costo humano de la siniestralidad vial, en promedio, casi 9,000 personas lesionadas y 2,400 fallecidas al año.
El análisis de estos datos muestra también que, en la gran mayoría de los casos, en realidad, no se trata de accidentes, entendidos como hechos fortuitos e inevitables. Se trata más de una descomunal cantidad de actos de irresponsabilidad criminal de quienes conducen un vehículo automotor, sin estar conscientes de que ese no es un derecho, sino una licencia altamente regulada y cargada de muchas responsabilidades. En muchos hechos viales, más que accidentes, son verdaderos homicidios culposos.
Las estadísticas no permiten detallar las causas de todos los hechos viales, aunque se pone énfasis y detalle a los vehículos más frecuentemente involucrados, las motocicletas (hoy más de 3 millones 200 mil en Guatemala), o las rutas más riesgosas por la cantidad y frecuencia de incidentes. Por ello, es muy importante que se levanten voces ciudadanas para exigir a las autoridades reguladoras del tránsito poner atención a los puntos más peligrosos.
[frasepzp1]
De la experiencia propia, es cada vez más preocupante el irrespeto a las señales de alto en los carriles auxiliares de vías como la avenida de la Reforma o del bulevar Vista Hermosa, en la ciudad capital. Tan solo en la última semana estuve a punto de ser colisionado por vehículos que transitaban a velocidad excesiva en los carriles auxiliares de esas vías y que no hicieron el alto, pese a estar claramente señalado. Evité dos tragedias solo porque, por temor y precaución, detuve la marcha, pese a tener derecho de vía. Quienes conducían esos vehículos son cafres homicidas sueltos, para quienes es cuestión de tiempo para que protagonicen una tragedia, dañando o cegando su propia vida y la de otros.
Este es solo uno de muchos casos de peligro mortal derivado del irrespeto necio e irresponsable a las señales de tránsito. Seguramente cada conductor conoce focos de altísima peligrosidad en la ciudad capital y otros centros urbanos, además del ya mencionado peligro en las carreteras. La experiencia a nivel mundial confirma que la única forma de corregir este mal social es con la aplicación estricta y severa de la ley.
Lamentablemente, la única forma de corregir a la gran mayoría de los cafres al volante es con multas y la suspensión de licencias. Y acá una petición ciudadana a las autoridades: ejerzan control y apliquen sanciones al irrespeto en los altos en los carriles auxiliares.
Las autoridades no pueden tener excusa válida para no redoblar esfuerzos para acciones como esta. Y, de nuevo, este es solo un ejemplo de muchos.
Más de este autor