Si esa fuera su única fuente tendría que decir que en Guatemala solo 2 de cada 10 personas de la población son mujeres y que la mayoría de ellas se dedica a labores de cuidado. En cuanto a las edades, no hay mujeres adolescentes ni mayores de 65 años, la mayor parte de ellas tienen entre 20 y 50 años. Con respecto a los hombres, son casi el 80 % de la población y sus principales ocupaciones son practicar deportes (100 %), ejercer algún cargo público o ser representante de partidos políticos (87 %) y opinar sobre economía (82 %).
Algo no está bien en esos datos, o no parecen corresponder al país que usted conoce. Entonces le pregunto ¿Cómo se entera usted de lo que sucede en su cotidianidad? ¿Cómo sabe lo que sabe? La mayoría de la información sobre política, economía, deportes, e incluso, seguridad, la obtiene a través de relatos y, en buena medida, estos provienen de los medios de comunicación. De esa fuente se han obtenido los datos que acaba de leer y es importante destacarlo porque los medios no solo informan sobre la realidad, sino que la construyen simbólicamente.
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Cada cinco años, desde 1995, se realiza el Monitoreo Global de Medios (GMMP; por sus siglas en inglés) en más de 160 países con el objetivo de obtener evidencia sobre la presencia y participación de las mujeres en las noticias en comparación con los hombres. En Guatemala, el monitoreo se realiza desde la primera edición, inicialmente a cargo la Pastoral de Comunicación del Centro Evangélico de Estudios Pastorales en Centroamérica (CEDEPCA) y desde 2020 se coordina a través de Catalejas, un espacio de articulación de comunicadoras y científicas sociales de distintos sectores y medios de comunicación. En 2025, se desarrolló el séptimo monitoreo que consistió en la revisión cuidadosa de la cobertura noticiosa de una muestra de 17 medios (cinco radios, tres medios impresos, cinco televisivos y cuatro sitios digitales) que produjeron 256 noticias durante un día.
En dichas piezas noticiosas predominaron temas vinculados con criminalidad y violencia (45 %) pero sin enfatizar en la violencia contra las mujeres que, a pesar de ser un problema grave en el país, solo se abordó en el 4 % del contenido noticioso. Las mujeres constituyeron menos de la cuarta parte de las noticias leídas, escuchadas o vistas, dato que preocupa porque significó tres puntos porcentuales menos que la misma medición realizada en 2020.
En 2015, la presencia de mujeres en las noticias fue del 30 %, en 2020 bajó a 24 % y en 2025, en medios tradicionales, cayó a 21 %. No solo no se está avanzando en la representación en medios, sino que se retrocede. Y si se revisan las voces a las que los medios acuden para referirse a política y economía, es decir, al poder, la mayoría son masculinas. Sin decirlo directamente, van haciendo pedagogía cotidiana sobre quienes tienen voces autorizadas para referirse a ciertos temas y quienes no.
Las mujeres fueron consultadas mayoritariamente para referirse a temas como salud, ciencia y temas sociales; es decir, como tradicionalmente manda el canon patriarcal: cuidadoras, en roles secundarios, informantes que presenciaron los hechos, víctimas o presentadoras. Mucho menos como expertas o como protagonistas de decisiones políticas. Las voces de las mujeres indígenas, garífunas, campesinas, jóvenes, trans, con discapacidad están prácticamente ausentes del relato periodístico y cuando las convocan, muchas veces, es desde narrativas que enfatizan la pobreza, la victimización o la marginalidad.
Como corolario otro dato desalentador, la casi total ausencia de enfoque de género en la agenda informativa, solo entre el 5 % y el 6 % de las noticias hacen referencia a leyes o políticas relacionadas con la igualdad de género o derechos humanos de las mujeres.
Estos datos se enmarcan en un contexto de alta concentración de la propiedad mediática, que produce agendas homogéneas centradas en élites políticas; de hostilidad y criminalización del periodismo, que generan autocensura y reducen la cobertura de derechos humanos; de precarización laboral en las redacciones, que limita el periodismo investigativo y especializado; y de debilitamiento de medios comunitarios y alternativos, que reduce la diversidad de voces. A este combo se suma la regresión generalizada de los derechos humanos, que también impacta y reduce la selección de los temas que abordan los medios de comunicación.
Si bien este informe dice mucho sobre los medios de comunicación y sus enfoques, también devuelve una mirada cruda sobre la forma como la sociedad guatemalteca se piensa a sí misma. No se trata solamente de quién decide qué es importante en la agenda pública, sino de qué tipo de sociedad se imagina cuando se narra al país.
Cambiar las narrativas es una cuestión de buen ejercicio periodístico y fundamentalmente de ofrecer herramientas a las audiencias para cambiar la realidad injusta que habitan.
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