1. Dignificar la profesión
Históricamente, los gremios se organizaron para defender intereses comunes, ordenar el trabajo y perfeccionar un arte. En sus orígenes, la calidad del oficio era una responsabilidad ética hacia el público y el prestigio profesional (Marsal y Marce, 1961).
El estudio de la música, como el de la medicina, es infinito. Ambas disciplinas cuentan con una larga historia que, hasta hoy, se sigue construyendo. No obstante, la educación suele pensarse como algo que se termina. Pero una mente dispuesta al aprendizaje es una mente creativa y, por consiguiente, capaz de transformar su entorno.
Puesto que la educación es infinita, es importante establecer metas claras. Estas permiten medir el avance y sostener la motivación para seguir. Para un gremio próspero, la prioridad debe permanecer en la formación continua y la revisión permanente de los estándares individuales y colectivos. La música es tan bella como compleja y, desde esa conciencia, es posible ejercer el oficio con dignidad.
2. Asumir la responsabilidad de ser maestros
El espíritu gremial se sostuvo en un ideal fraternal donde unos aprendían de otros. Los gremios establecieron jerarquías formativas y laborales. Los aprendices iniciaban su proceso desde edades tempranas y se formaban durante años; luego, se convertían en oficiales. Tras rigurosas evaluaciones, alcanzaban el grado de maestros, para lo cual debían producir una «obra maestra». La escala laboral era un hecho.
Ser maestro conllevaba la responsabilidad de formar a los aprendices, mediante relaciones amistosas y solidarias. Era sabido que el éxito individual dependía del bienestar del gremio. Incluso las innovaciones, como herramientas o técnicas nuevas, debían compartirse, pues el perfeccionamiento era colectivo (Marsal y Marce, 1961).
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Los gremios, además, están profundamente ligados a sus comunidades: protegían a sus miembros, apoyaban a sus familias e incidían en la vida social. La música es, por naturaleza, un arte colectivo. Como nueva generación de maestros, el compromiso está en compartir el conocimiento, formar con responsabilidad y velar por el bienestar del gremio y de la comunidad que lo sostiene.
3. Mantenerse actualizado
El modelo gremial se vio afectado con la industrialización. El control de calidad se debilitó, aumentó el afán de enriquecimiento individual y el Estado intervino con el incremento de impuestos. Aun así, Marsal y Marce afirman que el espíritu gremial no desapareció: necesita transformarse y adaptarse a las circunstancias de su tiempo.
Conocer los acontecimientos del país y del mundo permite prever y actuar, pues no somos ajenos a sus consecuencias. Ante una política frágil, velar por el prójimo es esencial para el bienestar propio y de la comunidad. A esto se suma el avance tecnológico, que impacta a profundidad a las sociedades y a las labores artísticas. Así pues, el conocimiento político y tecnológico otorga la capacidad de acción y evita que la incertidumbre nos paralice.
Una vez más, el llamado es a la responsabilidad y la unión social. En un mundo caótico, Viktor Frankl señala que lo injusto puede ser tolerado a través del ser amado, la espiritualidad, los actos de bondad, el humor y la belleza del arte y la naturaleza.
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