Su segundo mandato ya muestra la virulencia inmediata de su gestión. Entre otras cosas se salió del Acuerdo de París, su gabinete es un mosaico de personas cuyo pasado los excluye de una carrera diplomática, de la función pública o del reconocimiento por méritos personales. Contrariamente a esperar nombramientos de alto nivel, Trump optó por personas que, como él, creen en su MAGA (Make American Great Again). Tienen una actitud con el resto del mundo de mandamases o patronos o abusivos capataces, así como ahora se presenta como un libertario, pero sin ninguna sustentación teórica, sino al contrario, la ley del garrote, la presión por asfixia y de acá en adelante, seguramente el incremento de aranceles a todos los que se opongan.
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Ya lo vivió Colombia. El presidente Petro tuvo una postura digna ante la llegada de sus compatriotas deportados, pero desafortunadamente la presión fue tan grande que tuvo que dar marcha atrás, finalmente. Pero esta será la tónica de acá en adelante, asfixia por más altos aranceles con lo cual las exportaciones de cualquier país en Latinoamérica, la tendrá difícil de ingresar a los Estados Unidos, pues sus productos serán más caros y sus costos se elevarán, con lo cual pierden competitividad.
En materia migratoria, la situación se hace difícil. Deportará a cualquier persona que no tenga su condición migratoria resuelta legalmente, con lo cual genera una crisis humanitaria en los países que reciben a los compatriotas retornados como deportados.El manejo de estos grupos se vuelve difícil, si no inviable, pues, por ejemplo, en el caso de Guatemala, su reinserción en la sociedad será complicada o incluso irrealizable, ya que precisamente intentaron huir en busca de una oportunidad laboral que no tenían aquí.
La presión por cualquier vía no ortodoxa vendrá seguramente. No está lejos de imponer alguna sanción o comisión sobre las remesas familiares. Esto pondría a Guatemala en una situación difícil, ya que implicaría una reducción significativa en su flujo, un factor que actualmente aporta casi una cuarta parte de la economía del país.
Y si decide elevar los aranceles a nuestras exportaciones las consecuencias serán inmediatas, incluyendo el posible retiro de visas para los guatemaltecos. No cabe duda, la autocracia se instaló en Estados Unidos, un líder con poca capacidad de razonamiento, hoy terminará atacando a todas aquellas naciones que no se plieguen a sus disparates y arrebatos.
El editorial del New York Times, justo antes de la toma de posesión de Trump, mostraba su preocupación ante la segura barrida y embates de Trump contra toda la institucionalidad, contra todas las organizaciones e incluso contra las instituciones de contrapeso. Además, planteaba la esperanza de que hubiera instituciones que se opusieran a las imposiciones y desmanes que Trump quiera provocar en el país.
Afortunadamente, así ocurrió: once estados se opusieron a una normativa que buscaba eliminar la nacionalidad por nacimiento, argumentando que se trata de una cuestión constitucional. Lo mejor fue que, al final, un juez revocó esta imposición abusiva.
También Trump pretende acabar con la lucha por la igualdad, o la denominada DEIA, por sus siglas en inglés (Diversidad, Equidad, Inclusión y Accesibilidad), para lo cual ya estableció normativas para acabar con cualquier atisbo de esta DEIA en las instituciones federales.
Ya le tocó a Colombia, después a México y qué otro país vendrá, qué país se pondrá de frente ante la postura abusiva del garrote, y con dignidad y le dirá «No, señor Trump». A Guatemala llegó Marco Rubio, actual Secretario de Estado de Trump, en estos días —el conservador representante que apoyó a Jimmy Morales para botar a la CICIG—. ¿Qué agenda vino a imponer?, porque, por lo que se vio, no vino a discutir nada. Ojalá hubiéramos visto la capacidad de «cintura» de nuestras autoridades, pero más aún, la valentía de enfrentar al «monstruo grande que pisa fuerte» y, diplomáticamente, decirle que no.
El mundo se encuentra preocupado, no es para menos, otra era llegó para imponer sin miramientos. Como decía el New York Times, ojalá que haya instituciones que se paren firmemente para negarse a aceptar imposiciones absurdas. Yo agrego que, ojalá también, haya jefes de Estado que respondan con dignidad y fuerza a un dictador internacional.
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