Marco Antonio Molina Theissen, con apenas 14 años de edad, fue detenido desaparecido el 6 de octubre de 1981. Su familia había estado sometida a las acciones de vigilancia por parte de fuerzas de seguridad del Estado. Su hermana Emma Guadalupe fue capturada en el trayecto en la ruta a Occidente, el 27 de septiembre de 1981 y trasladada a las instalaciones de la zona militar de Quetzaltenango. De dichas instalaciones escapó el 5 de octubre, tras varios días de haber enfrentado tortura y violencia por parte de sus captores.
Un día después, un grupo al que comandaba Ramiro Zaldaña Rojas, entonces oficial de inteligencia militar en la zona de Quetzaltenango, allanó la casa de la familia Molina Theissen y lo secuestró. Han pasado 44 años y medio desde esa fecha atroz. Ni un solo día de los miles transcurridos su familia ha dejado de buscarlo y demandar justicia. En mayo de 2018, Zaldaña Rojas, Benedicto Lucas, Manuel Callejas y Francisco Luis Gordillo fueron condenados por estos hechos, en virtud de su rol directo o de comandancia en la ejecución de estas acciones criminales.
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La familia Molina Theissen no solo ha enfrentado el dolor de la ausencia y la búsqueda hasta ahora infructuosa. También ha sido criminalizada con señalamientos espurios que solo buscan liberar a los criminales que secuestraron a Marco Antonio. De allí la importancia de la memoria que recoge mediante la expresión artística, la obra que estrenó el Teatro de Marco Antonio, ubicado en las instalaciones del Parque Intercultural, que funciona, precisamente, en las instalaciones en donde Emma Guadalupe estuvo cautiva de los militares.
Los organizadores indican que se trata de una «obra de teatro de objetos y memoria que busca abrir preguntas, tocar la conciencia y recordarnos por qué estas historias no pueden repetirse». Luego de la presentación, Emma Guadalupe afirmó que es un ejercicio poético, «porque se hace en el espíritu de reconocer y reparar el daño causado. Es poético porque es un gesto de belleza extraordinaria, porque parece inofensivo, sencillo, humilde… pero tiene el poder arrollador de la poesía que llega a tantos corazones, que transforma conciencias».
Hay mucha razón en las palabras de Emma. La pieza con la que se inaugura el Teatro Marco Antonio, en su enorme ternura trae también la fuerza y el poder de tejer en la conciencia la necesidad y la importancia de la transformación. De la reconstrucción colectiva de los hechos, narrada en un lenguaje accesible a la niñez y al público adulto, para que el olvido no se instale.
El esfuerzo de formación de memoria histórica, que representa este proyecto, es sin duda un árbol que como el Yaxché, da sus frutos en la conciencia colectiva. Por eso, después de un estreno a sala llena, el equipo de Teatro Armadillo y el Parque Intercultural, abren nuevas fechas de presentación que probablemente no sean las últimas. Llenar la sala del Teatro de Marco Antonio para conocer a Yaxché, el árbol de la memoria y al pájaro corazón, es una necesidad para que desde el arte, se conozca la historia y se entienda el trajinar cotidiano de las familias de la niñez desaparecida.
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