Llegaron en 1998, luego de la debacle por el huracán Mitch. Se desplegaron por el territorio nacional. En una gran mayoría hacia localidades a las que, en ese entonces, el personal nacional del sistema de Salud evitaba llegar. Sus pies conocieron el polvo de los caminos. Las aguas de los ríos mojaron sus uniformes. Las aves del campo en la montaña, la selva y el trópico amenizaron con su canto los trayectos cotidianos.
Con estadías máximas de hasta tres años, son cerca de 5 mil las y los cubanos, profesionales y equipo técnico y administrativo, que sembró salud en Guatemala. Prácticamente se fundieron con las poblaciones que atendían. No llegaron en plan de superioridad. Al contrario, lo primero que hacían era identificar las prácticas comunitarias de atención en salud. Aprender de las personas y acompañar desde el respeto y la pertinencia cultural, los procesos de atención. Pude conocer a médicos cubanos que aprendieron a curar el «susto» y así ganaron el respeto de la comunidad en la que se encontraban.
La muestra de ese cariño ganado llega con los procesos de despedida. En Carchá, Alta Verapaz, el alcalde le entregó la medalla de la ciudad al médico Yunior Proenza de quien dicen las ancianas, fue adoptado por la selva. Un reportaje sobre su experiencia destaca que Proenza «ha dormido sobre tablas y caminado cuatro horas para dar consultas, ha subido a lanchas rústicas y se ha dejado llevar por la corriente, (…) porque la naturaleza siempre lo protege. (…) Un día los niños comenzaron a esperarlo como se espera a un familiar que regresa, las madres aprendieron a confiar en sus manos y los ancianos a saludarlo con respeto».
De igual forma, en Ixcán, Quiché, el equipo del centro de salud despidió a la doctora Claudia Campo González. En su agradecimiento, González habló parte en idioma Q’eqchi’, del que aprendió algunas palabras para comunicarse con sus pacientes. En San Marcos, la Estudiantina del Centro Universitario de San Marcos (Cusam) despidió a la BMC al ritmo de Guantanamera.
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En Palín, Escuintla, la sociedad civil organizada también les ha mostrado su agradecimiento con la BMC. La Coordinadora de Sociedad Civil Organizada de Palín (Cscop), alude a las más de 40 mil cirugías de ojos que se han practicado en el Hospital Oftalmológico, en Villa Nueva. En este sitio se ha operado sin costo a personas que padecen cataratas o carnosidades en los ojos, lo que les ha permitido recuperar la vista.
De manera que, Guatemala como sociedad y Estado, debe un profundo agradecimiento a quienes desde la BMC han recorrido los caminos más alejados para aportar a la salud de sus habitantes. Con un gasto público en salud todavía miserable pues, según la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), en 2021 ocupábamos el puesto 32 de 35, con un ínfimo 2.3 % del Producto Interno Bruto (PIB) asignado. Con ese monto difícilmente se avanzará en superar la precaria cobertura de 3.6 médicos o seis camas de hospital, por cada 10 mil habitantes. Con todo y que, de esta cifra, el departamento de Guatemala concentra el 73 % de los profesionales de la medicina por lo que, apenas el 27 % se despliega por los territorios que cubría la BMC.
Cancelar unilateralmente el convenio con el Ministerio de Salud de Cuba ha sido un error garrafal y una afrenta a la salud de los pueblos en Guatemala. Haber cedido a la presión de Estados Unidos, además de generar orfandad de atención en salud para las poblaciones afectadas, es una muestra de ingratitud por parte de las autoridades. Una conducta que dista mucho de la cultura de agradecimiento mostrada por los pueblos.
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