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Argumentos religiosos y desinformación alejan a Sololá de la vacuna

«Los médicos privados nos llamaban ineptos, no comprenden que todo el fallo venía desde el nivel central».
La influencia cultural es tal, explica, que el 10% del personal de salud se negó a vacunarse
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Argumentos religiosos y desinformación alejan a Sololá de la vacuna

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Es uno de los departamentos más pobres y menos escolarizados. Desde hace unas semanas, además, es el más alejado en inmunizar a sus vecinos contra el COVID19. Ese desinterés de la población es por falta de información de las autoridades, y otro tanto de desinformación de líderes religiosos.

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El tema de la vacunación lleva una palabra repetida a cada tanto: tarde.

Guatemala va tarde para inmunizar a sus habitantes, pero Sololá va al final de esa fila: en 10 de sus 19 municipios no aparece registro de ninguna persona para recibir las dosis contra el coronavirus.

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Hasta el 24 de mayo ese era el panorama. El dato proviene del Sistema de Información Gerencial de Salud (SIGSA) del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS),

Hasta esa fecha se habían vacunado 368 mil vecinos de los 5,288 registrados en Sololá, indicaron autoridades de Salud a diputados de la Comisión de Previsión Social del Congreso. Se trata de un departamento con 1 millón 32 mil 277 habitantes, donde se ha logrado vacunar al 0.5% de ese total. El 7% son mayores de 60 años.

Esto generó entre los vecinos y las autoridades un cruce de señalamientos: El Gobierno alega estar de manos atadas ante la renuencia de la población, y los pobladores reflejan la falta de información para dejarse inyectar.

En ese vaivén, Sololá se proyecta como un departamento con más baja cobertura en su inmunización contra el coronavirus.

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Muchas necesidades, pocos recursos

Wilder Bautista es médico epidemiólogo y director de Área de Salud de Sololá desde hace un año. Observó de cerca la falta de recursos, la ingobernabilidad en los municipios de Sololá, la desconfianza hacia el aparato estatal y la cosmovisión de los locales son factores por los cuales la vacunación se convirtió en una tarea imposible.

El área de salud en Sololá funciona con 120 millones de quetzales de presupuesto anual y el hospital departamental con 57 millones de quetzales, según los registros del Sistema de Contabilidad Integrada (Sicoin). En comparación, los hospitales más grandes de la red nacional cuentan con un presupuesto 14 veces mayor.

«Cada área de salud hace lo que puede con sus recursos», se queja Bautista.

Del total del presupuesto de su área se ejecutó casi un 30% de los recursos. Pero el dato, explica, es engañoso: No es que no haya voluntad para ejecutar sino que al solicitar los recursos al Ministerio de Finanzas no reciben la cuota total.

«Mes a mes pedimos nuestra cuota para que nos depositen o nos permitan tener el dinero en Finanzas para acreditar a empresas a las cuales hayamos pedido algún insumo», dice. Sin embargo, en los últimos tres meses no han recibido la cuota solicitada sino una hasta 10 veces menor.

Sumado a eso, desde hace un año el área de salud enfrenta problemas por diferencias y roces entre sindicalistas y autoridades. Durante los últimos días de mayo, decenas de trabajadores tomaron las áreas de Salud como respuesta a los 150 despidos ejecutados y otro número similar en proceso.

Esos despidos generaron malestar en hospitales y centros de salud, 20 denuncias penales contra el director, pero también un ahorro de 15 millones de quetzales. El dinero fue reorientado a gastos de funcionamiento.

Pero las reservas se quedan cortas ante servicios deteriorados: se necesitan recursos para inversión más que para funcionamiento.

«¿Cómo es posible que no pueda invertir ni siquiera 2 mil o 3 mil quetzales para arreglar un baño? Es impensable. Solamente para medicamentos gastamos 3 millones y deberían ser 8 millones. Tenemos una gran brecha de gasto por cada uno de los rubros necesarios para el funcionamiento del área», lamenta Bautista.

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El caos de la vacunación

El Plan Nacional de Vacunación tiene problemas no solo en Sololá sino en la mayoría de áreas del MSPAS. Es un diagnóstico del Sistema Integral de Atención en Salud (SIAS). Las deficiencias salieron a luz durante citaciones a las cuales asistieron autoridades de la cartera y rindieron cuentas de los avances en la ejecución del plan.

Debido a las dificultades, los directores de las 29 áreas de salud participaron en reuniones extensas de hasta cinco horas para intentar unificar criterios que les permitan cumplir con los lineamientos del programa. La última convocatoria se llevó a cabo el 26 de mayo y tuvo como objetivo discutir la carencia de vacunas, introducción de las dosis Sputnik y urgir a los directores a terminar de aplicar las segundas dosis de la primera fase.

En citaciones ante el Congreso, el director del SIAS, Eliu Mazariegos, señaló a directores de área de no cumplir con las indicaciones del despacho ministerial y de generar atrasos en la ejecución de los planes.

Según Bautista, las complicaciones son consecuencia de la falta de recursos tecnológicos y presupuestarios de cada área. También porque los planes no fueron diseñados en armonía con la parte técnica y administrativa. Es decir, existen lineamientos por cumplir, pero no hay soporte financiero para ejecutarlos.

«Hemos aprendido durante la marcha. Nos toca quitar de donde ya no tenemos para soportar los gastos de vacunación», señala.

En Sololá, la centralización en el registro de médicos y personal de salud provocó atrasos en la vacunación a profesionales. «Los médicos privados nos llamaban ineptos, no comprenden que todo el fallo venía desde el nivel central. Si descentralizaran se habría agilizado el proceso porque en cada municipio sabemos cuánto personal tenemos y en dónde. Pero nos complicaron las cosas. Nos decían: si no aparece en el sistema, no se vacuna. Nosotros, por la demanda de la población empezamos a vacunar sin que el sistema funcionara. Lo hicimos con los registros de todos los días, con sistemas también avalados por la Contraloría General de Cuentas (CGC)», explica el director.

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«Acá es tierra de nadie, lo que rige es la cosmovisión»

Sololá ha sido el escenario de episodios donde la realidad supera la ficción. Durante la pandemia, las autoridades de salud fueron testigo del escepticismo y la desconfianza de la población hacia el sistema de Salud y al Gobierno en general.

En julio de 2020, un líder religioso de Santiago Atitlán incitó a su grey a salir de sus casas sin mascarilla, irrespetar el toque de queda y acumularse en las calles para demostrar «el poder de Dios». En ese mismo mes, se viralizó la noticia de cómo un grupo de personas abrió un féretro porque se negaban a creer la causa del fallecido, COVID-19.

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Para Bautista, la desconfianza atraviesa estas escenas.

«La gente de Sololá tiene su cultura, una cosmovisión. Es importante tomar en cuenta cómo ven ellos la vida, su lógica local. Pero adaptar no significa traducir a su idioma, el mensaje no socava la cosmovisión», insiste.

La influencia cultural es tal, explica, que el 10% del personal de salud -personal capacitado en el tema- se negó a vacunarse. Desde intendentes hasta especialistas.  A eso se suma la desconfianza generalizada hacia toda la información que emiten las instituciones públicas.

Hay comunidades donde el personal de salud tiene prohibida la entrada. Enfermeros que intentaron corroborar casos positivos de COVID19 retenidos por la comunidad. «Aquí es tierra de nadie, la figura estatal no funciona, lo que rige es la cosmovisión. En Sololá no puedo imponer y menos hablar de regulaciones y sanciones. Allá aplicar la regulación sanitaria es ganarse enemigos», sentencia el médico.

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Diez municipios sin registros de vacunación

Hay 44 municipios de Petén, Retalhuleu, Sacatepéquez, Suchitepéquez, San Marcos y Sololá, sin inscribir a personas para la vacunación. De los 19 municipios de Sololá, en 10 el registro de vacunados es nulo .

En todo el departamento hay 22 centros de vacunación que funcionan de dos formas: inoculan a quienes se registraron previamente y también a aquellos que se acercan sin inscribirse. En municipios como San José Chacayá, Santa María Visitación, Santa Clara La Laguna, Concepción y San Andrés Semetabaj el registro para la vacunación se convirtió en una tarea titánica para el personal de salud.

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Cada vacuna viene en un frasco de 10 dosis para igual número de personas. Deben ser utilizadas antes de seis horas de abrir el recipiente. «En municipios como los mencionados, a veces rogando a la gente logramos juntar tres personas y debemos completar el número en otro municipio. Vamos de casa por casa rogando se vacunen. Quienes hacen ese trabajo son los rastreadores», relata Bautista.

Verónica Mendoza Cholotio, oriunda de Sololá, es una de las rastreadoras de casa en casa para convencer.

«La gente dice no saber nada de la vacuna, o no quieren porque escucharon que esto les afecta su tiempo de vida, solo les causará más enfermedades», relata la trabajadora social.

Otros argumentan motivos religiosos. «Dicen que tal vez es la marca de la bestia y mejor no, un rotundo no».

Mendoza habla tz’utujil, al igual que otras 100 mil personas en Sololá. Eso le ha permitido desmentir esas ideas en sus visitas realizadas. «Siempre hemos utilizado la técnica de decir “Don Fulano, Doña Fulana ya se vacunó, aquí está la foto. Y no le ha pasado nada”», explica.

Ese argumento convence a algunos, pero no funciona con otros. Desde estas experiencias, la promotora hace una reflexión: «Debemos trabajar con los jóvenes, ellos podrían ayudarnos a sensibilizar a papás y abuelos, quizá ellos puedan incidir en las decisiones de ellos. Es un trabajo del personal de salud, pero también de la comunidad, la familia».



 

La baja cifra de vacunados en ciertos municipios ha hecho que los registros aparezcan en otros municipios, desde los cuales se traslada el personal de salud en busca de a quien interese en recibir la vacuna.

Esas jornadas se extienden desde las 8:00 de la mañana hasta las 10:00 de la noche, en algunos casos.

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El peso de la falta de información

En una conferencia de prensa, el presidente, Alejandro Giammattei, atribuyó las bajas cifras de vacunados a la negativa de la población. «Tenemos municipios enteros en donde no se ha inscrito ni una sola persona, ¡ni una! ¿Qué le toca al Presidente, agarrar de la cola al mundo y llevarlo a vacunar? Ese no es mi chance» (Sic), se deslindó.

Pero Febe Guarcas Quisquiná, representante de la Asociación de Comadronas Vida, tiene otra percepción. Según los datos recolectados por dicha organización, en todo el departamento hay 667 comadronas. De ese total, solo 293 accedieron a ser vacunadas.

El resto fue renuente. Según Guarcas, las razones de este comportamiento recaen en un mismo problema: la población de las comunidades más remotas de Sololá y también del área rural desconocen o dudan de los beneficios y riesgos reales de la vacuna.

«Me encontré con una señora que me dijo: No, yo no me quiero vacunar, dicen que eso lo mata a uno. Mejor me espero a la voluntad de Dios. Yo le dije: No mata, no es cierto y se quedó mucho más tranquila», recordó.

Ese mismo ejercicio de difundir de boca a boca las ventajas reales de vacunarse lo emplean otras comadronas y algunos líderes locales ante la falta de promoción del Ministerio de Salud.

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Aunque en Sololá una de cada dos personas no usa celular, las cadenas de desinformación y comentarios que ponen en duda las bondades de la inmunización se disemina entre los pobladores. En contraste, la información de Salud no fluye con la misma celeridad.

Lorenzo Castro, alcalde indígena de la cabecera departamental, forma parte de quienes ven con suspicacia el tema. «Hay dudas, no podemos decir si está bien o no. Hay ancianos ya vacunados, otros no. Además eso no es obligatorio, no todos quieren», señala.

Para la antropóloga e investigadora, Alejandra Colom, atribuir la renuencia de personas a ser vacunadas a causas culturales es una salida fácil para las autoridades. «Si esto fuera cultural, nadie acudiría a vacunar a sus hijos en las jornadas de cada año», explica. Sus declaraciones concuerdan con las cifras de la última Encuesta de Salud Materno Infantil, donde en Sololá el 78.5% de niños recibió todas sus vacunas básicas, mientras un 2.5% no recibió alguna.

A criterio de la experta el Gobierno no hace un esfuerzo por llegar a los rincones más alejados del país y contrarrestar campañas de desinformación promovidas por grupos religiosos o personas para desestabilizar. «Es una simple excusa que evidencia un racismo explícito e implícito de la administración», señala.

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Si la información compartida fuera en el idioma natal de los lugareños a través de portavoces confiables que gocen de credibilidad en las comunidades, dice Guarcas, la población entendería la importancia de ser inmunizada. Pero ese es un esfuerzo que el MSPAS no ha emprendido.

Todo esto explica por qué Guatemala va tarde para inmunizar a sus habitantes y Sololá sea el último de esa fila.

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