En la digna necedad por la justicia, en 2018 por fin hubo una sentencia nacional contra tus verdugos. Cuatro altos mandos militares fueron condenados por tu secuestro y desaparición forzada. Por los crímenes contra tu hermana y por los crímenes contra la humanidad por los daños que les infligieron.
Para que ese día llegara, fue necesario que un tribunal internacional acogiera la verdad de tu familia y le dijera al Estado de Guatemala que era culpable. Sí, culpable por tu desaparición y la tortura continuada a tu familia. Culpable por no haber protegido tu vida y culpable por haber capturado ilegalmente y violentado a tu hermanita. Culpable por no enjuiciar a los responsables y no ubicar tu paradero.
Esa resolución internacional, obtenida por un trabajo tesonero, también de tu familia y organizaciones amigas, fue la base para el proceso en Guatemala. Tomó años reunir la evidencia que, de hecho los mismos perpetradores terminaron de aportar al mostrar que habían secuestrado a tu hermana. El poder que ostentaban al momento de tu captura lo usaron para procurarse impunidad que, con la sentencia de 2018 empezaba a quebrantarse.
[frasepzp1]
Claro que no aceptarían de buena fe una condena por sus crímenes y por ello urdieron una fechoría. Lanzaron una acción perversa y cruel que solo puede anidar en la mente de torturadores y criminales como ellos y sus alianzas. Esa felonía, nacida de sus mentes de sociópatas ha llegado a forzar nuevos eventos de revictimización a tu familia. Eventos que, de nuevo, son condenados por un tribunal como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En este nuevo octubre que recuerda tu secuestro y desaparición, tu familia sigue unida, incansable e inquebrantable para saber tu paradero. Ni el tiempo, ni la infamia les detiene. Al contrario, como si estos hechos fueran combustible de su dignidad, se levantan de las cenizas del dolor y con la frente en alto, como siempre, se abrazan para recordarte y buscarte.
Hay cuatro columnas de este edificio hermoso que es tu familia, querido Marco Antonio. Son tus hermanas y tu madre. Ellas cuatro son un ramillete de acero que sostiene la inquebrantable voluntad de que aparezcas y se te haga justicia. Gracias a su empeño y a su transitar por cada día transcurrido, un tribunal en Guatemala reconoció la verdad de tu secuestro y desaparición. Le dijo a los imputados que eran culpables y les condenó a prisión por sus delitos.
Siguen guardando silencio sobre tu paradero. A este mutis añaden sus acciones infames en la creencia loca de que harán desistir a tu familia de seguir exigiendo respuestas. No saben que han fracasado, pues la voluntad que les alimenta nace del brillo que inspira tu memoria. Porque en ese trajinar y caminar por la justicia no están solas. Porque junto a sus voces se alzan muchas otras. Porque con su voluntad se levantan muchas voluntades. Porque de los cuatro rebozos de ternura que forman el abrazo de tus hermanas y tu madre, nacen nuevos hilos de ternura que tejen otros abrazos para ellas.
No están solas, no lo han estado y no lo estarán. Así que, amado y dulce niño de octubre, sigue brillando para iluminar la ruta hasta tu encuentro. Nosotras y nosotros seguiremos acá, luchando por encontrarte y arroparte en nuestros brazos.
Más de este autor