La frase con la que inicia esta reflexión fue expresada por el representante de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH) en marzo del 2019, y sintetizaba la tendencia de los actores políticos en dicho país de actuar de forma cada vez más evidente, sin ninguna intención de ocultar sus intenciones ni sus artimañas. Muy pronto, la frase sintetizó el sentir de los hondureños que finalmente llevaron al poder a la actual presidenta, Xiomara Castro, quien supo canalizar el descontento y el hartazgo de los hondureños, al prometer un cambio que aún está por concretarse.
Los últimos acontecimientos en el proceso de elección del Jefe o Jefa del Ministerio Público, así como en la elección del rector de la Usac, han demostrado que esa faceta de cinismo que empezó a ser una constante en Honduras, también ya se puede percibir en el caso de Guatemala: los actores políticos cada vez tienen menos interés en ocultar sus intereses, manipular las resoluciones de operadores judiciales en una clara politización de la justicia, así como en el uso de todos los recursos institucionales y políticos a su disposición.
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En el caso de la elección del rector de la Usac, todo empezó cuando se denunció que se habían descalificado siete cuerpos electorales de quien se percibía como candidato de oposición, Jordán Rodas, lo cual inició toda una serie de movilizaciones ciudadanas que pretendían evitar lo que se empezó a visualizar como una intención de cometer fraude: ganar una elección por razones administrativas, más que por la fuerza de lo que se expresa en las urnas.
Una resolución de la Sala Quinta de lo contencioso administrativo, constituida en tribunal de amparo, fue utilizada por el Consejo Superior Universitario como excusa para convocar nuevamente a la reunión en donde se sabía de antemano lo que iba a ocurrir. Lo lamentable fue que intervinieron las fuerzas de seguridad del Estado para reprimir a los manifestantes que intentaban impedir la elección, negando igualmente la entrada a cualquier elector que no fuera el del candidato oficialista, lo cual fue percibido por todos como la consumación del intento de imponer a un rector, a como diera lugar.
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La Usac desde hace rato está en el ojo del huracán, ya que los hechos anómalos y las actitudes antidemocráticas llevan ya un buen rato de estar desarrollándose en diferentes ámbitos y procesos; sin embargo, nunca había existido un proceso tan abiertamente arbitrario como el que nos ocupa, demostrando que esa frase de que la corrupción y el abuso de autoridad cada vez más ocurre a cielo abierto es cierta: los actores políticos tienen cada vez menos intención de ocultar sus artimañas y planes perversos, por lo que tienden a ejecutar sus acciones a plena la luz del día, ante la mirada cada vez más atónita de la ciudadanía.
La interpretación de tal comportamiento es clara: tienen cada vez menos temor de mostrar sus oscuras intenciones, debido a que saben que la sociedad guatemalteca muy pronto olvida y se resigna. Lo que se puede vaticinar, entonces, es que el cinismo de la clase política guatemalteca, lejos de amainar, irá arreciando, hasta que no se conforme un gran frente ciudadano y político que aglutine a todos los actores de buena voluntad, no importando la bandera política, credo religioso o sector ciudadano al que pertenezca. Como bien decía Martin Luther King, no es el actuar de los malos lo que debe preocupar, sino «el silencio de los buenos».
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