Sin embargo, cuando analizamos sucesos de esa naturaleza en nuestro país, especialmente a partir de la segunda década del siglo XVIII, podemos concluir que sí hay una repetición que fluctúa entre los 30 y los 50 años. Aunque hay largos periodos de silencio (quizá por falta de documentación o de testimonios orales) como el lapso entre 1541 (Terremoto de Guatemala) y 1717 (Terremoto de San Miguel).
Entre los documentados como terremotos notables de 1541 a 1976 tenemos: «Terremoto de Guatemala, 1541; Terremoto de San Miguel, 1717; Terremoto de San Casimiro, 1751; Terremoto de Guatemala, 1765; Terremotos de Santa Marta, 1773; Terremoto de 1816, 1816; Terremoto de 1874, 1874; Terremoto de San Perfecto, 1902; Terremotos de 1917-1918, iniciados en 1917; Terremoto de Guatemala de 1942, 1942; Terremoto de Guatemala de 1959, 1959; y Terremoto de San Gilberto, 1976»[1].
Los hay otros, no menos de quince hasta el año 2025, que no han sido tan letales como lo fue el de San Gilberto cuando, en la primera sacudida, fallecieron unas 20 mil personas y en las réplicas no menos de 3 mil con una cauda miles de personas heridas que no llegaron a cuantificarse a cabalidad.
El recién pasado 4 de febrero cumplimos medio siglo del último terremoto denominado notable. La pregunta es: ¿cuándo tendremos otro de una magnitud similar? Porque vista atrás nosotros nunca aprendemos de nuestros desastres. Ni en nuestros núcleos familiares ni como sociedad o sociedades organizadas en un Estado.
El 9 de octubre de 2015 escribí en este medio: «A ojos vistas, sin perjuicio de raíces más profundas, las causas y consecuencias de un desastre nos vienen guangas. Un período de dolor y una descolorida protesta después del impacto es suficiente para calmar conciencias y distraer la mente. La fase de prevención del siguiente suceso queda en papel y letra muerta. ¿O acaso no estamos –solo– esperando el próximo terremoto?»[2].
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Da miedo ver en la ciudad capital y ahora también en las cabeceras municipales el crecimiento desordenado de edificaciones a orillas de barrancos, en laderas de los cerros, construcciones de más de dos niveles a la buena de Dios y otras que desafían todas las leyes de la naturaleza. Si por acaso, estimado lector, tiene alguna duda acerca de ello, le sugiero que detenga su mirada en el horizonte cercano desde los puentes Belice y El Incienso (que realmente se llama Puente Martín Prado Vélez) e imagine durante un minuto qué sucedería ante el acontecimiento de un sismo como el de 1976 cuya magnitud fue de 7.5 grados.
Sin duda alguna, el terrible impacto de los desastres en nuestro país tiene, entre otras causas, esa manipulación del medio ambiente que es irracional y sin control alguno. Actividades humanas que, lejos de originarse en un trabajo orientado al cuidado de la naturaleza y del propio ser humano, provienen del trabajo servil, alimentado por una sed de aprovechamiento insaciable y por la falta de control sobre líderes políticos y sociales que terminan por copar los poderes del Estado y los gobiernos municipales. Como ejemplo incontestable tenemos el desastre de El Cambray II (octubre 2015) que jamás debió de haber sucedido porque no fue un desastre natural. Una mala organización del asentamiento, la completa ausencia de medidas de seguridad y la carencia de planes para afrontar una emergencia provocaron que unas doscientas casas quedaran soterradas y un saldo de casi trescientos fallecidos.
Así, la fecha 4 de febrero del presente año 2026 (50 años después del Terremoto de San Gilberto), nos encontró a la espera de otro similar sin haber hecho algo más que trastocar nuestra Casa Común y ese trastocamiento sin duda alguna, a la hora de otro evento sísmico de gran magnitud, nos aumentará el costo de la factura.
¿Podemos echar pasos atrás? Yo creo que sí. Con buena voluntad de pueblo y gobiernos (estatal y municipales), creo que sí. Los médicos creemos mucho en la resiliencia humana y en nuestra humana capacidad para desandar aquello que hemos hecho mal.
Por favor, demos el primer paso desde nuestra casa: elaboremos nuestros propios planes para capotear un temporal y localicemos los lugares más seguros para saber hacia dónde dirigirnos a la hora de una convulsión telúrica.
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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Terremotos_en_Guatemala
[2] https://www.plazapublica.com.gt/content/guatemala-no-aprende-de-sus-desa...
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