La historia muestra una importante participación en la vida política, social y económica del país.
En sus orígenes acomodó estudios teológicos (por la enorme influencia de la Iglesia católica al tiempo de su fundación). Sorprendentemente, entre sus primeras cuatro unidades académicas, aparte de Teología, Derecho y Medicina, estaba la de Idiomas (que incluía los indígenas).
Su evolución ha transcurrido bajo la fuerza de gravedad de distintas corrientes políticas y centros de poder (iglesia, ejército, oligarquías, sectores económicos, gobiernos) y su oferta académica ha sido resultado de los tiempos.
La universidad que teníamos hasta antes de que fuera prostituida y usurpada por sus autoridades actuales (rectoría, Consejo Superior y algunas facultades) respondía a un modelo establecido en 1944. Cuando se le hizo autónoma (siempre estatal), y luego cuando la constitución de 1986 le otorgó, a rango constitucional, una influencia importante en el marco institucional de Guatemala.
Dicen que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, y la USAC es un buen ejemplo de ello. Los constitucionalistas de 1986 creyeron fortalecer la institución al darle voz y voto en muchas decisiones. Quisieron garantizar la participación de personas profesionales en muchos ámbitos de la vida nacional, sabiendo del prestigio que los egresados de la USAC, en aquellos tiempos, cosechaban dentro y fuera del país. Nadie puede dudar, por ejemplo, que en los hospitales de los Estados Unidos se apreciaba el talento y la estricta formación de los médicos guatemaltecos, prestigio que se extendía a otras carreras.
Aquellos constitucionalistas no alcanzaron a ver el peligro al que dejaron expuesta a la universidad pública (y también a la academia privada). No sospecho de ninguna intención aviesa, creo que fue lo contrario.
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Por una parte, pienso que veían a la USAC como parte importante del sistema de pesos y contrapesos dentro de la institucionalidad. Y es que hasta la guerra interna iniciada más o menos en 1962, las autoridades universitarias eran, para comenzar, personas de altura académica al nivel competitivo, independiente de las corrientes que lucharan por el poder interno. La guerra atizó conflictos internos entre tendencias de pensamiento y eso resultó un factor debilitante. La USAC, como universidad pública, no impuso filtros para aceptar estudiantes. Entraba quien quería (y no podía pagarse una privada), independiente de sus pensamientos políticos.
De ahí que sea un mito malintencionado decir que la USAC era fábrica de comunistas. Estoy hablando de la USAC que conocí por dentro. En los tiempos del Conflicto Armado Interno ingresaron a las distintas unidades académicas personas que ya traían formación ideológica y personas que la adquirieron dentro. Mi promoción (que este año cumple cincuenta de haber ingresado) está compuesta por personas de distintos tonos de izquierda, distintos tonos de derecha y colegas a quienes la política las tenía y sigue teniendo sin cuidado. Muchos seguimos siendo amigos y nos relacionamos en un marco de respeto cuando nos une la decencia. ¿Comunistas? No puedo pensar en diez, de una promoción de quinientos.
Con el transcurrir del tiempo, muchos intachables líderes universitarios dieron el salto a las grandes ligas de la política nacional y de los negocios a la teta del Estado, y pasaron a crear una nueva clase: la que, queriendo combatir una supuesta ideologización extrema de la USAC, se convirtieron en traidores de su esencia (ejemplo de sistema democrático y elemento del sistema de pesos y contrapesos, ¿recuerdan?) y hoy infestan y parasitan sin ningún pudor a la propia USAC y al escuálido Estado de derecho por el que tanto ha sufrido nuestro país.
Lo peor es que no sienten ninguna vergüenza y ningún remordimiento. Se autoengañan y justifican pensando que con sus acciones traidoras e hipócritas están salvando al país de los «chairos» y de la pérdida de libertad. La verdad es que solo les interesa incrustarse en el sistema de privilegios sin mérito legítimo que hoy tiene cooptada la institucionalidad pública y privada vinculada.
Por eso, Mazariegos y su abyecto y nefando CSU no deben elegir a magistrados de ninguna corte.
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