La «academia nacional», la única universidad pública del país, vergonzosa pero desvergonzadamente, se vende como sicaria para mantener la captura del Estado desde el sistema judicial (ahí sí, todas las universidades son la colita alegre del barriletón sancarlista).
Entre seis y nueve personas fallecen diariamente en Guatemala a causa de los accidentes de tránsito. Ser funcionario público honrado es una ocupación de alto riesgo porque aquí, lanza para el que no tranza. Guerras y hambre por doquier, nuevas guerras que pueden reventar cualquier día. Operaciones de limpieza étnica en varios continentes, según Naciones Unidas.
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Un Congreso del que no rescatamos un diputado de la traición de recetarse un desconsiderado aumento salarial (calladitos y calladitas, prefirieron hacerse los desentendidos y desentendidas ante las protestas. Es mejor tener un guardadito extra como premio a su enorme sacrificio al servicio de los más pobres).
En fin, la lista de cosas que deberían agitar nuestros ánimos es larga y de todos los colores.
Pero, como siempre, la sociedad prefiere la hipocresía y el cinismo.
Es mejor aparentar que somos un país que no tolera a los que se apartan del buen camino. Una sociedad que protege los valores, la familia, la moral. Por eso, cual señal de Batman en un cielo nocturno sin estrellas, el asunto de los therians o terianos resulta la excusa perfecta.
Los guardianes de la moral y de las buenas costumbres se alborotan para protegernos de la plaga. También está el incentivo de los «me gusta» en redes sociales.
Hay que copar a esos muchachos y muchachas, tan desviados de la normalidad y las buenas costumbres. Hay que proteger al país. De ninguna manera se debe permitir que infecten a nuestros hijos con ese virus animal.
Las energías que deberían volcarse a protegernos de lo descrito en el segundo párrafo se van ahora en declarar bravuconadas morales, en hacer memes de pura burla, en proferir amenazas de muerte en redes sociales.
No importa que desconozcamos el tema. Que no podamos hilar más de dos oraciones sobre este fenómeno social. Que la mayoría de terianos sean adolescentes (hijos e hijas, producto de la educación y cuidados de alguien). Nadie critica a la generación que crió y creó este auge.
Eso sí: que nadie se meta con nosotros si somos fanáticos zodiacales (o al menos sentimos niveles «razonables» de compatibilidad con sus signos). Los astrólogos nos dicen —y se los creemos con mayor o menor grado de pasión— que somos leones, cabros, escorpiones, toros, cangrejos, peces, carneros cósmicos.
Algunos de estos cruzados de las buenas costumbres y burlistas hasta se dan el lujo de ser muy espirituales y tener su nahual (jaguares, coyotes, serpientes, águilas, lechuzas, perros, venados, colibrís, quetzales, delfines, murciélagos, tucanes, arañas y monos). Se sienten predestinados para ajustarse a los patrones representados por sus nahuales.
No se les atraviesa la idea, ni tan siquiera como una rápida sombra detectada en el rabillo del ojo, que podrían ser un producto similar, pero con empaque diferente.
¿Por qué la respuesta es de rechazo, burla y hasta violencia? No lo puedo decir. ¿Por qué no hay memes de empatía, llamados a comprender las cosas antes de lanzarse en contra de ellas por «atentar contra nuestros valores»? Tampoco lo sé.

Lo que sí me gustaría es ver rótulos, con ortografía correcta, como: «Prohibidos los diputados ratas», «Prohibidos los sueldos desmedidos en los consejos municipales», «Acabemos con el hambre en este municipio» y «Académico fulano de tal: vergüenza para tu pueblo».
¿De qué lado de la ecuación va lo pendejo?
PD: no conozco en persona a ningún teriano. Solo sé que establecen una conexión espiritual con algún animal no humano y que la expresan con máscaras o similitudes de comportamiento, sin pretender ser esos animales.
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