Así en el plano interno, algunas de sus decisiones improvisadas o impulsadas por el magnate Ellon Musk, que son producto de juicios valorativos y prejuicios propios del desconocimiento, han sufrido rechazos inmediatos. Así, por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, rechazó la solicitud de Trump de mantener congelados USD 2.0 mil millones en ayuda exterior, la cual había sido aprobada en primera instancia por un juez, pero la corte le denegó tal posibilidad, cuando cuatro jueces conservadores se alinearon pero cinco de ellos, incluido el presidente de la corte, se opusieron a tal pretensión.
Una de sus primeras medidas, tras llegar por segunda vez al poder, fue intentar abolir el derecho a la ciudadanía por nacimiento para aquellos casos en los que los padres del bebé sean migrantes indocumentados o extranjeros que se encuentran en EE.UU. con un estatus temporal.
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El gran revés a esta resolución que buscaba impedir que cualquier persona fuera ciudadano por nacimiento, representa un derecho establecido en la Enmienda 14 de la Constitución de EE.UU., adoptada en 1868, tras el final de la Guerra Civil, como una forma de resolver la cuestión de la ciudadanía de los antiguos esclavos liberados nacidos en EE.UU; luego en 1898, el Tribunal Supremo de Estados Unidos afirmó que este derecho se aplica a los hijos de inmigrantes. En esta oportunidad, fue un juez de Seattle quien restringió dicha resolución, pues indicó que esa orden era «descaradamente inconstitucional», según sus propias palabras.
Pareciera que, en el orden interno, la justicia, a través de sus diferentes tribunales y jueces, se ha convertido en la mayor fuente de oposición a las imposiciones de Trump; pero no todo se ha quedado ahí.
De hecho, el arancel que ha blandido Trump como garrote de imposición política, tampoco las ha tenido todas consigo. Así, de esta cuenta, tanto Canadá como México —que irónicamente son sus mayores socios en el TMEC (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), han respondido con firmeza y dignidad ante el atropello que se pretendía con la imposición de aranceles del 25 % por parte de Estados Unidos a diferentes mercancías que se destinan a dicho país.
En el caso de Trudeau, el primer ministro canadiense, ha manifestado que inmediatamente se impondrán aranceles a productos que ingresan a Canadá —por supuesto que la diferencia entre lo que exporta Canadá, con lo que importa este país de EE.UU., muestra enormes diferencias—, pero también ha recibido el apoyo de su parlamento y empresariado privado, principalmente por la burla de Trump al hacer alusiones sobre que Canadá fuera el estado 51 de la unión.
En el caso de México, ayer (jueves 6 de marzo), luego de una ríspida llamada entre ambos gobernantes, Trump dio marcha atrás, por lo menos temporalmente, a la imposición de aranceles para México, indicando que lo va a diferir para abril, pero parece en el fondo que acá sufrió una gran derrota política.
En el caso del gigante China, también ha respondido con fuerza y vehemencia a las amenazas de Trump: «estamos listos para cualquier tipo de guerra», publicó la embajada de China en Washington, pero, además, advirtió en un tono fuerte: «[si Trump] desea una guerra, ya sea arancelaria, comercial o de cualquier otro tipo, China está lista para luchar hasta el final». Un tono bastante elevado y fuera del ámbito diplomático.
Hasta el momento, pareciera que el empuje avasallador de Trump enfrenta serios obstáculos, en donde las instituciones de justicia constituyen su frente de oposición más fuerte, mientras que en el ámbito internacional, los acuerdos entre países para enfrentar esta nueva versión de querer imponer un nuevo orden internacional de tipo unipolar, conservador y racista, pareciera que puede aplacar, por lo menos hasta ahora, a este nuevo Leviatán.
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[1] Utilizo el término transformaciones no en el sentido de avances o cambios significativos que implican un paso a un estadio superior de desarrollo en una sociedad, sino en el contexto del tono conservador impuesto por Trump. Este se basa en una concepción libertaria carente de sustento teórico, más bien impuesta de manera tajante. Además, refleja una visión conservadora e incluso racista de su nueva gestión, que se manifiesta en su rechazo al aborto, a los grupos LGTBI, a los migrantes, entre otros aspectos.
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