Su traducción significa «¿A dónde vas, humanidad?» y fue publicado por la Santa Sede el 4 de marzo 2026. Se trata de un compendio de reflexiones de la Comisión Teológica Internacional que aborda de manera puntual acerca del futuro de la humanidad en la era de la inteligencia artificial.
En la nota preliminar se lee: «La Comisión Teológica Internacional no es un grupo de personas que se reúne únicamente para redactar un texto, sino más bien un espacio de libre intercambio y discusión que posee la riqueza de la mirada de una variedad de personas procedentes de contextos muy diversos. A lo largo de su décimo quinquenio, la Comisión Teológica Internacional ha podido profundizar en un estudio sobre la antropología cristiana ante los desafíos culturales contemporáneos, inspirado por la conmemoración del LX aniversario de la promulgación de la Constitución pastoral Gaudium et spes (1965-2025) del Concilio Ecuménico Vaticano II»[1]. Y defiende muy puntualmente el desarrollo humano integral frente al desarrollo tecnológico que puede llegar a no respetar la dignidad de la persona, la unidad de cuerpo y alma, y la libertad de todos los seres humanos si se genera sin un componente ético.
[frasepzp1]
Manifesté en la entradilla que es difícil pensar que Victor Glover –piloto de la misión Artemis II– haya leído el documento porque este fue publicado el 4 de marzo 2026 y el lanzamiento de la misión sucedió el siguiente 1 de abril. Podrá imaginarse el lector cuán ocupados estarían los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Jeremy Hansen y el mismo Victor Glover desde un mes atrás. Pero el 6 de abril, antes de ingresar al lado no conocido de la Luna y donde perdieron señal de comunicación por el bloqueo de la masa física de nuestro satélite natural, el piloto expresó: «Gracias a todos por brindarnos el inmenso privilegio de estar juntos en este viaje. Es realmente asombroso [...] explorar lo desconocido en el aire y el espacio, para innovar, para la humanidad y para inspirar al mundo a través del descubrimiento […] Quisiera recordarles uno de los misterios más importantes de la Tierra: el amor […] Cristo dijo, en respuesta al mayor mandamiento, que era amar a Dios con todo el ser, y él (sic), siendo también un gran maestro, dijo el segundo, igual de importante: amar al prójimo como a uno mismo […] Nos vemos al otro lado […] Seguiremos sintiendo su amor desde la Tierra, y a todos allá abajo en y alrededor de la Tierra: los amamos desde la Luna»[2].
El hombre agradeció y destacó el propósito del proyecto vinculando el desarrollo tecnológico para bien de la humanidad y para inspirar al mundo a través del descubrimiento, reflexionó acerca del amor: particularmente sobre amar a Dios y amar al prójimo, pidió el amor para ellos desde la Tierra y ofreció el amor de ellos (para toda la humanidad) desde la Luna.
Y después, durante 40 minutos aproximadamente, se perdió el contacto entre la cápsula Orión y la Tierra. Lapso que para mí fue toda una eternidad, pero, al recuperarse la señal y escuchar sus diálogos, recordé el numeral 72, del capítulo II de ¿Quo vadis, humanitas? que reza: «Para hacer frente a esta experiencia de aceleración horizontal del tiempo histórico, es necesario recuperar el origen y el fin último de la historia, en cuanto que se pueden experimentar en el presente, de modo que se comprenda su verdadero significado. El encuentro entre el tiempo de los seres humanos y la eternidad de Dios en Jesucristo ofrece gratuitamente un sentido de la historia que corresponde profundamente a las expectativas de la experiencia humana del tiempo, sin restarle nada a la intersección de las tres dimensiones de la experiencia pasada, de la iniciativa presente y de la espera futura, en el horizonte eterno que las caracteriza»[3]. Ese capítulo II se denomina: La vida como vocación: La persona humana como actor en la historia.
Pensé entonces que mientras haya científicos que tengan esa inclinación a la vida como vocación (actores en el lado bueno de la historia) –no obstante las tecnologías que se han puesto al servicio de las escaladas belicistas que sufrimos en todo el planeta–, hay y habrá esperanza para la humanidad. Las palabras del piloto Victor Glover no fueron improvisadas. En ese tipo de misiones no hay lugar para la espontaneidad, y seguramente, fue el mismo sentir de los otros astronautas que lo acompañaban.
Hasta la próxima semana, si Dios nos lo permite.
_________________________________________
[1] https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc...
[2] https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/ultimas-palabras-de-astronauta-de-...
[3] https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_doc_20260304_quo-vadis-humanits_sp.html. Numeral 72.
Más de este autor