Aprendí a leer y escribir antes de tener edad suficiente para entrar a una escuela, aunque me resultaba difícil hacerlo por la miopía que padezco desde entonces. Recuerdo que tuve un libro con un poema que decía «nunca podré conocer el mar, siempre que llega se va», lo poético de este poema es que al leerlo, yo sentía que las palabras se convertían en pequeñas y amables olas en las que estaban contenidos todos los océanos.
Conocí el mar tarde, un día de mis últimos años de adolescencia, recuerdo que mientras avanzaba hacia él, sentía mis pies hundirse en la arena húmeda y escuchaba el sonido cada vez más fuerte del agua estrellando violentamente contra sí misma, me detuve y cuando levanté la vista para ver verlo, no pude, no llevaba puestas mis gafas, no pude distinguir el cielo del mar, no pude ver en dónde comenzaban las olas, y entonces recordé el poema y lloré un poco sin que nadie me viera.
Pasó mucho tiempo antes de que pudiera volver al mar. Tenía más de veinte años la primera vez que realmente lo vi, cerré los ojos, respiré profundo como quien se deja caer de un precipicio y me imaginé nadando con monstruos marinos y con todo lo que se mueve en el fondo de los fondos, recordé que no sé nadar, abrí los ojos y encontré un lugar seco para sentarme, me quedé observando cómo el mar iba y venía de la orilla, pero la espuma no llegaba a alcanzarme, estaba muy lejos de la profundidad, me quedé ahí y escuché cómo se movía el agua oscura, y vi por fin el mar que había tenido que imaginarme por tanto tiempo. Salí de mis pensamientos sobresaltada al escuchar un grito, a lo lejos pude observar un cuerpo intentando mantenerse a flote en el agua mientras una mujer gritaba y corría de un lado hacia el otro en la orilla. No había nadie cerca, recordé que no sé nadar, tuve miedo de la inmensidad, un hombre llegó corriendo, entró en el agua y salió con el cuerpo de una chica en brazos, intento reanimarla, no lo logró, preguntaba desesperado por un médico o un hospital, alguien le dijo que el más cercano estaba a una hora de distancia, la mujer que antes gritaba ahora estaba llorando, yo no podía dejar de ver el cuerpo inerte de la chica sobre la arena, habría querido poder hacer algo, habría querido acercarme, habría querido hablarle, decirle, despierta por favor, descubre lo seco y acuéstate a dormir en donde no te inundes, pídele al mar que no vuelva a la orilla, que no te alcance la espuma llorosa, que no te ahogue la profundidad. Pero no fui capaz.
Me habría gustado entrar al mar por la puerta y verlo desde ahí, y pensar que es hermoso, porque eso es lo que quiero creer, porque eso es lo que quiero contar cuando me pregunten si he visto el mar.
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