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Gabriela Sanabria, oficial de la Defensoría de Salud de la PDH, entrevista a pacientes del área de oncología del San Juan de Dios, durante una visita realizada el viernes 04 de junio

«O nos morimos de covid o de cáncer» el desabasto en el San Juan de Dios

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«O nos morimos de covid o de cáncer» el desabasto en el San Juan de Dios

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• El director de Hospital San Juan de Dios reconoce que fallaron en garantizar el abastecimiento de medicamento para pacientes con cáncer.
• Las verificaciones de la PDH verificaron que el hospital está abastecido por debajo de la mitad y hacen falta unos 60 fármacos.
• Varios pacientes del área de oncología no sabían que ya podían recibir la primera dosis de la vacuna contra el COVID19.
• Las contrataciones hechas por afinidad provocan que llegue personal sin experiencia y atasque procesos de planificación para comprar medicamentos.

En Guatemala, 15 mil personas buscan tratamiento contra el cáncer cada año. El Hospital General San Juan de Dios es una de las primeras puertas que tocan para tratarse, pero desde hace meses está desabastecido por falta de una buena planificación. Son pacientes hasta adelante en la fila para vacunarse contra el coronavirus, aunque a muchos nadie se los ha explicado.

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«He pedido que (comprar) el medicamento oncológico sea una prioridad. Es lastimoso que suceda... Sí, fallamos», reconoció Gerardo Hernández, director del Hospital San Juan de Dios.

Detrás de este reconocimiento hay un sistema que no planifica con tiempo -la inexperiencia del personal contratado por afinidad atrasa procesos comunes como una compra esencial-; desconocimiento respecto a que ya podían recibir la primera dosis de la vacuna contra el COVID19; y un sistema que le está fallando a los 400 pacientes con cáncer que llegan cada mes a este hospital.

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La mañana del 4 de junio en la Clínica de Quimioterapia del Hospital General San Juan de Dios 15 personas recibieron su tratamiento. Cuatro de ellas pagaron su medicamento; algunos 500 quetzales, otros hasta 6,500.

Después de una verificación realizada por la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) se confirmó lo que ya sabía a partir de denuncias de pacientes con cáncer: El centro asistencial con uno de los presupuestos más grandes de la red Salud Pública (más de 850.4 millones de quetzales) lleva meses con los estantes sin medicamentos oncológicos.

El abastecimiento está por debajo de la mitad, según datos proporcionados por el mismo hospital. Le faltan unos 60 fármacos, según la PDH. Contrario a cómo lucen los anaqueles, las salas se abarrotan de pacientes temerosos, además, de contagiarse de COVID19.

«La clínica de oncología atiende de 75 a 80 pacientes diarios, 45 están en tratamiento de quimioterapia... Entre 20 y 25 regresan a casa sin recibirla», sabe Zulma Calderón, defensora de la salud de la PDH. Durante semanas ha recibido denuncias y recorrido las distintas áreas del hospital.  

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Desde 2018, los pacientes oncológicos están amparados por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para recibir atención digna en todo el sistema de Salud, después de un amparo presentado por la PDH. Pero esa resolución, no se cumple ni siquiera ahora que corren doble riesgo como población vulnerable ante la pandemia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS/OPS), los padecimientos cardíacos, los infartos, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, son las principales causas de mortalidad en el mundo. Las responsables del 63% de las muertes cada año. En Guatemala, se registran al menos 7,250 decesos por cáncer, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Entre el miedo al cáncer y al COVID19

Alejandrina Noriega tiene 64 años y no está vacunada, desconoce el proceso de registro para obtener las dosis inmunizadora contra el coronavirus. Su cabeza está, más bien, desde hace nueve meses en un tumor del lado derecho de su pecho.

Viaja de Villa Nueva a la ciudad en busca de su tratamiento. La mañana del 14 de junio salió preocupada de las oficinas del Instituto Nacional de Cancerología (INCAN) porque su bolsillo no le alcanzaba para las 15 radioterapias prescritas.

Cada vez que cruza la puerta de su casa hacia la calle, se protege con dos mascarillas y una careta para evitar cualquier contagio. «Yo me enteré de esto (su padecimiento) cuando empezó la pandemia el año pasado, no fui a un hospital porque me podía contagiar, tampoco había consulta externa», cuenta.

En San Juan de Dios los médicos pueden referirla al INCAN y así su tratamiento no tendría costo alguno. Pero trasladarla tomaría cinco meses, le contó una amiga también con cáncer. El tiempo es valioso, por eso va de uno a otro hospital en busca de una solución.

-    ¿Le da miedo?

-    Me da miedo pero, ¿para dónde toma uno? Ahí sí que es la necesidad; si no muero de COVID, moriré de cáncer.

El mismo miedo siente María Rodríguez. A pesar del desabastecimiento corrió con suerte y no ha dejado de recibir su tratamiento. Pero vio cómo otros pacientes llegan, esperan y regresan a casa sin su medicamento.

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Es madre de dos niñas y tiene 37 años. Le diagnosticaron cáncer de mama en plena pandemia, por ello no dudó en dejar su trabajo como secretaria en una oficina y aislarse para evitar contagiarse. Tampoco ha sido inmunizada ni sabe cómo inscribirse.

Nadie les dijo que podían vacunarse

Aunque el Ministerio de Salud anunció hace varias semanas el inicio de una nueva subfase de vacunación a personas que viven con comorbilidades como el cáncer, a la fecha no ha habido avance en el registro de estas personas.

Al INCAN, por ejemplo, no le han girado ninguna instrucción para registrar a sus pacientes. Los atrasos en la implementación del Plan Nacional de Vacunación salieron a relucir en las citaciones al congreso, la misma ministra, Amelia Flores, lo reconoció. La pandemia se les salió de las manos.

A nivel nacional y mundial hay una crisis, sabe Rodríguez, la madre de las dos niñas. Muchas vidas peligran, en especial la de personas como ella. Evita escuchar las noticias y las cadenas del presidente Alejandro Giammattei. «Solo sé que van por edades y por eso debo esperar».

Hasta el martes de esta semana, autoridades de Salud anunciaron que las personas mayores de 18 años con enfermedades crónicas pueden inscribirse para ser vacunados. Pero la información no está clara para la población que cumple ese perfil.  

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A María le dan miedo dos cosas: Dejar sin madre a sus hijas por no vencer el cáncer y contagiarse de un virus que su cuerpo no resista. «Me da mucho miedo. Yo le pido a Dios porque no me quiero morir ni de una cosa ni de la otra».

En Guatemala, cada año 15,000 personas son tratadas por cáncer, según el Ministerio de Salud.

«Fallamos con los medicamentos»

Gerardo Hernández, director del San Juan de Dios, reconoce estas falencias. «Hay desabastecimiento, no les voy a mentir y esto es por varios factores. Primero por la (mala) planificación, segundo por el consumo, tercero porque no nos entregan el producto a tiempo», enumeró.

Entre los medicamentos que escasean figuran: Cisplastino Solución Inyectable, Cisplatino Solución Inyectable, Docetaxel, Metrotexate en ampolla, Miromicina Solución Inyectable, Factor VIII, Rituximab solución inyectable y Asparaginasa. Todos son importantes para los pacientes que enfrentan tratamientos por cáncer.

Los proveedores, en parte, son responsables del retraso, insiste Hernández. En el primer cuatrimestre del año les entregaron el 12% de lo adquirido. También responsabiliza a cómo está diseñada la Ley de Contrataciones. «Es arcaica, no funciona, no está apegada al área de salud, está creada para otras situaciones».

El economista e investigadora de la Universidad Rafael Landívar, Erick Coyoy, considera que culpar a la normativa es una mala excusa. «Las autoridades de salud y de otras instancias son renuentes a ciertas formas de compra como el contrato abierto. Es falta de voluntad de recurrir a mecanismos más favorables», explica.

Tras la reforma de 2016 a la Ley de Contrataciones, las instituciones cuentan con más facilidades. «Es un pretexto culpar a la ley, hay mecanismos para comprar, incluso mediante organismos internacionales. En la normativa no hay un obstáculo que impida hacer las compras, simplemente es negligencia».

Desde su experiencia, Édgar González, exviceministro administrativo del Ministerio de Salud, es vital realizar una planificación adecuada y estratégica para evitar problemas de desabastecimiento.

«Las compras, más en un hospital tan grande, deben planificarse casi un año antes con proyecciones, según estime la demanda. Ese es un punto clave». Es vital pensar un buen Plan Anual de Adquisiciones, aunque a veces se ve frustrado porque en paralelo las unidades ejecutoras deben solicitar readecuaciones presupuestarias, las cuales pueden tardar meses.

«Ellos pueden tener el dinero necesario para hacer compras, pero muchas veces ocurre que lo tienen asignado a otro programa y deben hacer readecuaciones, lo cual los atrasa. Y un día de atraso en cuestiones administrativas se traduce en semanas sin medicamentos», agrega el exfuncionario.

Otro gran problema es el constante cambio de personal en áreas administrativas que perjudica la agilización de procesos. Detrás de eso hay un problema más profundo: las contrataciones por afinidades. «No hay formación administrativa, siempre les toca llegar a aprender, es falta de respeto a la carrera administrativa y de servicio civil», señala Coyoy.

En efecto, en la administración de fármacos hubo cambios. «Sabemos que eso retrasó un poco el proceso, pero hemos tenido avance», dijo el director del hospital, sin profundizar, solo prometer agilizar las compras, aunque sin precisar tiempos y metas.

«He pedido que (comprar) el medicamento oncológico sea una prioridad. Es lastimoso que suceda... Sí, fallamos», reconoció Hernández.

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Mientras, los pacientes enfrentan la pandemia sin medicamentos para luchar contra su enfermedad, y sin una vacuna que los proteja del coronavirus.

Por ahora no hay alertas sobre falta de medicamentos o insumos para pacientes con este tipo de enfermedades en otros hospitales. Por ahora.

 

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