La primera fue en el mes de junio del año 2017, cuando proclamó cardenal a don Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, El Salvador. La segunda fue en el mes de octubre recién pasado, cuando incardinó como tal a don Álvaro Ramazzini Imeri, obispo de Huehuetenango. Y la tercera deviene en consecuencia: consiste en el mensaje que el papa ha enviado al mundo, primordialmente a Latinoamérica. Ha señalado un claro derrotero porque los dos purpurados son pastores con olor a oveja.
Eran decisiones que ya se veían venir. En el 2014, durante el primer Encuentro Mundial de Movimientos Populares en el Vaticano, envió las primeras señales del rescate que estaba llevando a cabo en cuanto a la —ya casi olvidada— doctrina social de la Iglesia. En esa ocasión lamentó que lo tildaran de comunista cuando hablaba de las necesidades de los pobres. Textualmente dijo: «Es extraño, pero, si hablo de esto, para algunos resulta que el papa es comunista [...] no se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la doctrina social de la Iglesia». Y en la Cumbre de Jueces Panamericanos sobre Derechos Sociales y Doctrina Franciscana (2018) les recordó a los jueces y magistrados allí presentes: «Para que un sistema político-económico se desarrolle sanamente, necesita garantizar que la democracia se vea plasmada en acciones concretas que velen por la dignidad de todos sus habitantes bajo la lógica del bien común».
A decir verdad, habíamos caído en una sordera y en una indiferencia que nos permitía (y nos permite) acudir a los templos (misas, cultos y actividades litúrgicas de toda índole) ignorando a muchos niños que a falta de pan duermen en los parques. Esos chiquillos dormitan de día para paliar el hambre. Y uno pasa junto a ellos como si no existieran. Y como si esto fuera poco, supuestos expertos en economía y demografía, todos muy cristianos, preconizan que los derechos sociales son asuntos del pasado y que nada aportan a las sociedades y a los Estados. El tiempo parece haber regresado a la mitad del siglo pasado.
[frasepzp1]
La pobreza que ha sido perenne en el bloque latinoamericano en nada ha mejorado y proviene de la riqueza desigualmente distribuida, así como del casi nulo acceso a la educación de las masas poblacionales. Principalmente, la injusta repartición de la tierra en países con vocación agrícola ha provocado pobreza extrema. La subyugación, el racismo y la marginación de los pueblos originarios quedaron fincados como elementos de una ideología colonizante, en la cual el concepto del pobre como ser inferior ha justificado la opresión y su explotación disfrazada de bondad: trabajos de medio tiempo pésimamente pagados y la utilización de la figura de los salarios diferenciados.
Por tales razones celebro la corrección del rumbo de la barca de Pedro. Porque se entiende semejante manera de pensar en personas que no han tenido contacto con ningún tipo de religión o que no saben de Dios, pero que se proclame desde voces que se dicen católicas, apostólicas y romanas, o evangélicas, es imperdonable.
«Roma locuta, causa finita» es una locución que no incumbe solo a la Iglesia católica y al Vaticano. También se utilizaba en el Imperio romano «para referirse al fin de un contencioso importante en los límites del imperio después de que el Senado decidiera». Pero en el caso nuestro, el de El Salvador y Guatemala, sí es atinente a la autoridad papal. De tal manera, ya puede quienquiera despotricar, protestar o berrear en contra de nombramientos cardenalicios y episcopales o rasgarse las vestiduras por necesarios cambios a nivel diplomático. No importa: Roma ha hablado. Y nos ha dicho claramente que la doctrina social de la Iglesia está vigente.
Hasta la próxima semana si Dios nos lo permite.
Más de este autor