Las escogencias se vuelven más difíciles cuando se trata de información para la cual el sentido común se queda corto. En esos casos uno tiende a buscar la información en línea y por falta de otras referencias, se la cree. El sentido común varía de persona a persona.
Tuve una formación científica que relegué a segundo plano cuando me dediqué a escribir narrativa de ficción. Tampoco la olvidé del todo, sino que se volvió parte de mi sentido común. Si alguien me dice que la Tierra es plana recuerdo el experimento de Erastótenes y también que el efecto Coriolis, causado por la rotación del planeta, desvía los vientos Alisios hacia la derecha en el hemisferio Norte y hacia la izquierda en el hemisferio Sur. Sin embargo, la formación varía de persona a persona y lo que es sentido común para unos puede parecer adoctrinamiento o lavado de cerebro para otros.
El perfil típico de un terraplanista incluye un alto consumo de información de YouTube, redes sociales y foros alternativos. Plataformas como YouTube, Facebook o TikTok no priorizan la «verdad», sino lo que retiene nuestra atención. Sus algoritmos se encargan de reforzar lo que alguna vez nos interesó. Si alguien muestra interés en que la Tierra pueda ser plana los algoritmos se encargan de seguir presentándole información relacionada, y si su interés persiste, la avalancha informativa es tanta que termina por convencerlo. El terraplanismo es inocuo y tengo un par de amigos creyentes, con quienes me divierto mandándoles información que los contradice y ellos me mandan argumentos a favor, lo cual me permite salir de mi gueto intelectual.
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Hay instrumentos de la era digital que no son tan inocuos. Entre ellos están los Chats, que pueden ser útiles para que nos den la presión óptima de las llantas de un carro o una receta de cocina o para escribirle una carta formal a un ministro, pero ya se puede intuir y percibir evidencias de su mala utilización. Tengo un par de conocidos que utilizan su Chat favorito como su amigo. Le consultan sus ideas de negocios, les cuentan sus confidencias íntimas y hasta les ponen nombre. ¡Se pueden pasar horas platicando con este amigo imaginario!
Uno de los problemas, quizá trivial, es que esto les limita tener interacciones humanas de verdad, lo cual puede afectar a sus seres queridos y cercanos. Más serio es el problema del individualismo que genera. Por sus algoritmos, los Chat siempre tratan de darnos la razón y aunque estemos equivocados nos contradicen de manera que no perdamos el interés en seguirlos usando. Esto convence a sus usuarios de que tienen la razón en todo lo que consultan.
Estos dos efectos combinados tienen un efecto pernicioso. La persona se siente autosuficiente, segura de sus ideas y sin mayor necesidad de validación social; un individualismo a ultranza. El problema es que somos seres sociales y este aislamiento virtual, cuando crece en números, afecta a la colectividad.
Varios de los actuales gobiernos de Latinoamérica son de derecha. Países como El Salvador, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, Panamá, Ecuador, Paraguay, Argentina y Chile han impulsado, con matices, políticas orientadas a crear condiciones de infraestructura y marcos legales favorables a la iniciativa privada, bajo la premisa de que su dinamismo puede generar beneficios para el conjunto de la población. Sin embargo, este enfoque no ha demostrado ser suficiente para resolver problemas sociales estructurales, especialmente cuando el Estado limita su intervención en áreas clave como la redistribución, la protección social y el acceso a servicios básicos.
Veo una conexión. Las redes sociales y en especial los Chat han fomentado el desarrollo de un amplio segmento social individualista. A la hora de votar ya no piensan en el prójimo, que poco a poco se les ha ido volviendo lejano e inexistente, ensimismados como están en sus táblets, celulares y computadoras. Eligen entonces candidatos que reflejan este individualismo; es decir, de derecha.
Es un efecto pernicioso para todos los que quisiéramos vivir en países equitativos, pero sobre todo para las poblaciones marginadas, excluidas y pauperizadas desde los tiempos de la Colonia, cuyo lamentable estado se justifica por medio del racismo. La mano ciega del mercado no los va a sacar de la desnutrición y de la pobreza. Hacen falta gobiernos que, sin perjudicar la iniciativa empresarial, trabajen en forma proactiva para llevarles educación, nutrición, salud y oportunidades.
En una sociedad libre, la única forma de combatir este flagelo es producir contenido que cree conciencia social y a la vez sea accesible y ameno, lo cual es más fácil decir que hacer. La información no verificada en Internet y las amistades con los Chat son oro falso. Los instrumentos virtuales son y seguirán siendo de gran utilidad, pero el oro verdadero se encuentra en lo verificable, en lo que se puede compartir con el mayor número de personas posible y en la conciencia social que nos puede conducir a sociedades más justas y equitativas.
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