La semana pasada el gobierno de Arévalo se anotó tres logros. Por fin, nueve meses después, entregó la reparación del kilómetro 44 de la autopista de Palín a Escuintla. Publicó la primera convocatoria del programa Becas por nuestro futuro, a cargo de la Segeplan. Además, entregó la nueva sala de cuidados intensivos para pacientes neonatos en Antigua Guatemala.
Estos son resultados reales, y una forma de cumplir lo que Arévalo y su equipo ofrecieron, por lo que fueron electos, pero, sobre todo, y lo más importante, atiende las demandas ciudadanas. Por esto, quizá la anterior es la mejor semana en lo que Arévalo lleva en el poder.
Sin embargo, el reconocimiento es mínimo, casi inexistente. La percepción general es que prevalecen el enojo y la desilusión ciudadanas con Arévalo. La magnitud mediática y la herida en el sentir popular de errores recientes, como el manejo catastrófico del seguro vehicular, lo del baby shower en casa presidencial o la publicación errónea y sin explicaciones de una resolución de la SAT sobre el CUI y el NIT, eclipsan a los éxitos del Gobierno.
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Por supuesto, en términos de importancia real y magnitud, no se puede comparar el impacto objetivo de la reparación de la carretera, de la sala de cuidados intensivos para neonatos y el programa de becas, con lo del baby shower, el mal manejo del seguro vehicular y de la resolución de la SAT. Pero el asunto no es técnico ni objetivo, sino político. Se trata de una batalla encarnizada por ganar el favor, el crédito, la confianza, las mentes y los corazones de la ciudadanía, especialmente la habilitada para votar. Es una guerra política que se está librando en la arena mediática.
Por esto vemos cómo se han activado las fuerzas políticas, especialmente las opositoras, para minimizar los logros. Si antes no los había, al menos desde la semana pasada hay tres a la vista. Más importante aún, se activaron para magnificar los errores de esta administración.
Todo esto requiere mucha autocrítica (algo que se le ha recomendado de manera insistente y enfática a Arévalo y a su equipo), humildad, madurez y audacia política, y quizá lo más importante: entender el sentir y pensar del pueblo, de las grandes mayorías. Requiere darse cuenta, entender cómo es que un tema, objetivamente menor, es mayúsculo en términos políticos como el escándalo del baby shower, que ya demostró que puede eclipsar y terminar siendo más importante que entregar la reparación de la carretera, un programa de becas o la unidad de cuidados intensivos de neonatos. Es un fenómeno político complejo, en el que la información y la desinformación fluyen como balaceras en las redes sociales. Es una sabiduría que, generalmente y como lo demuestra la historia humana, no se adquiere con doctorados y altas graduaciones académicas.
Está muy claro que el gobierno de Arévalo está perdiendo las batallas mediáticas, y con ello, la guerra política. Pero el desenlace no está sentenciado, Arévalo está a tiempo, con autocrítica, humildad y audacia puede corregir y ganar.
La semana pasada dio tres pasos correctos en esta dirección, entregando resultados. Bien manejada su acción mediática, los resultados siempre le ganarán a la mentira y la desinformación. Pero urge dejar atrás las quejas y la victimización, para continuar trabajando más y conseguir mayores resultados. Es la única ruta.
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